Miguel Angel Miguelez tiene 55 años. Es un ex policía de la provincia, exonerado
en 1980, recordado por sus antiguos pares como "un viejo pirata del asfalto". Su vida delictiva
tuvo un punto de inflexión: fue el 1º de marzo de 2004. Esa madrugada, cuando huía de la policía en
un camión robado, provocó la muerte Juan Carlos Cravero, de 39 años, quien regresaba de vacaciones
junto a su esposa en su VW Gol. Por ese hecho está condenado por homicidio, pero no intencional,
sino accidental. Por eso ya fue liberado.
"Me gustaría hablar con la viuda del conductor frente a testigos. No tuve
ninguna intención provocar su muerte. No lo hice adrede. Quiero pedirle disculpas, aunque sepa que
con eso no le voy a devolver a su marido", dijo Miguelez.
Desde marzo pasado, está en libertad condicional y en septiembre de 2009
cumplirá su segunda condena, de cinco años, por el homicidio culposo de Cravero y por dos
encubrimientos de robo. El primero, el del camión, sustraído de un depósito de Necochea al 2400. Y
el otro por un atraco contra un camión de galletitas Tina el 31 de enero de 2005, en Ituzaingó al
4200. El golpe fue dado por dos hombres que se llevaron 30 mil pesos. Por este hecho Miguelez fue
capturado por efectivos de la Brigada de Investigaciones y recibió un balazo en la pierna izquierda
que le perforó la tibia.
Marcado a plomo. "Fue el 10 de mayo de 2005. Tras una persecución en la que
dicen que atropellé a una mujer, algo que es mentira, el policía Claudio Kleiman me baleó cuando ya
me tenía esposado en el piso. Después disparó al piso cuatro o cinco veces más. Todos tiros
alrededor de mi cabeza. Entonces el compañero lo agarró y lo tiró contra el capó: «Ya está. Está
herido. No lo matés». Si no hubiera sido por eso, me habría matado", asegura Miguelez.
Ese episodio marcó la caída del poliladrón. Después fueron días a la sombra en
las seccionales 17ª, 14, en la sub 2ª —de donde dicen que se fugó, aunque él lo niega—
y las cárceles de Coronda y Piñero. Fueron 3 años y seis meses de condena a hasta que en julio de
2007 se le otorgó la prisión domiciliaria.
Ningún nene. Miguelez ya tenía un nombre en el submundo del hampa cuando la
noche del 28 de febrero de 2004 tres ladrones se llevaron de un depósito de Necochea al 2400 un
Mercedes Benz 1218 de la empresa Omar Depetris. "No soy ningún nene de pecho. He cometido delitos".
A las 2.30 de la madrugada siguiente, a 300 metros del cruce de la ruta 9 con la A-O12 el Mercedes
1218 aplastó el costado del conductor del VW Gol verde en el que Juan Carlos Cravero, de 39 años, y
su esposa Claudia Delfino regresaban a Rosario de vacaciones. Tras pisar al Gol, el camión mordió
la banquina y terminó contra seis árboles. Cravero murió en el lugar.
"Venía manejando un camión robado, pero no participé del robo. Me dieron el
camión vacío y por 500 pesos lo tenía que tirar. En eso estaba cuando empezó a perseguirme un
Comando Radioeléctrico por avenida Jorge Newbery. Cuando llegué a ruta 9, vi que desde el lado de
Rosario venían entre 15 o 20 patrulleros. Subí a ruta 9 y encaré para Roldán con los policías
disparándome con todo lo que tenían", recordó. "En Funes me dije: «Me entrego porque me matan». Y
cuando estoy por meterme en la estación de servicio se puso al lado de mi banquina un Jeep rojo con
insignias policiales, de la comisaría de Funes. Si entraba a la estación pisaba al Jeep, asi que
seguí por la ruta", explicó Miguelez.
El accidente. "Fue entonces que vi que de frente se me venían dos luces encima
de un auto que venía en contramano de frente. No tenía margen de maniobra porque por mi banquina
tenía al Jeep con un vigilante apuntándome con una Itaka y si se seguía mi mano pisaba al auto que
venía de frente. Entonces hice una maniobra y me cruce a la otra banquina, para que el auto pasara
entre el camión y el Jeep. Después de eso ya no recuerdo. Estuve cuatro días en coma", recordó
Miguelez.
"Jamás hablé con Claudia Delfino, pero me gustaría hacerlo frente a testigos. No
tuve ninguna intención de pisar el auto con el camión", dijo.
Tras estar preso durante nueve meses y 20 días la calificación inicial se
modificó y quedó libre al aplicársele el artículo 208. "Varios peritos en accidentología
determinaron que no tuve intención. Se definió que yo venía presionado por la policía que me venía
disparando. No perdí la cordura e hice lo imposible para evitar el accidente", explicó. "No quería
hacerle daño al personal policial, ni a la señora Delfino ni a su esposo, que falleció",
comentó.
"Sobre la persecución se dijeron muchas mentiras. Dijeron que yo repelía la
agresión. Yo manejaba con la mano derecha y soy diestro. ¿Con qué mano iba a disparar? Además iba
desarmado. Sólo iba a abandonar el camión", rememoró. En su documento lleva como un tesoro un
recurso de amparo presentado el 9 de mayo de 2008 en el Juzgado de Instrucción 9ª.
¿Qué lo impulsa a dar la cara ahora, como él dice? "El miedo de que me maten a
mí o se ensañen con mi familia".