POLICIALES

Exigen 12 años de prisión para un hombre que baleó a un adolescente en Villa Diego

El ataque ocurrió en junio pasado en Villa Gobernador Gálvez y la víctima perdió la visión en un ojo. La causa fue elevada a juicio

Miércoles 25 de Noviembre de 2020

La noche del pasado 19 de mayo Joaquín, un pibe de 15 años que estaba sentado en el tapial de la casa de una amiga en Villa Diego, recibió un balazo calibre 32 que le ingresó por el ojo derecho sin orificio de salida. Hasta la fecha debió sortear seis intervenciones quirúrgicas en su cabeza internado en el hospital de Niños Víctor J. Vilela y perdió la visión de su ojo derecho. Tranquilamente podría afirmarse que Joaquín, el 19 de mayo, volvió a nacer. Su agresor se llama Nahuel Jesús María Morato, tiene 23 años y no tenía antecedentes. Dos semanas después del ataque se presentó en la Fiscalía Regional. Este martes el fiscal Alejandro Ferlazzo pidió para el una condena de 12 años en una audiencia preliminar por los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y portación ilegítima de arma de fuego de uso civil. A la hora de plantearse el pedido de sanción se tomó como atenuante que el acusado se mostró “bastante arrepentido” por el irreparable daño que le ocasionó a Joaquín.

Con dos meses de cuarentena y aislamiento por la pandemia de Covid-19 varios adolescentes decidieron reunirse en la casa de una joven en Manuel Belgrano al 1800, a cinco cuadras del Club Atlético Talleres, en Villa Diego. Poco antes de las 21 eran dos chicas y dos chicos que estaban sentados charlando en el tapial de la vivienda. Así estaba la escena cuando un muchacho pasó en bicicleta por delante de los adolescentes. Al llegar a la esquina se detuvo y los increpó verbalmente y desapareció.

Treinta y cuatro minutos más tarde regresó con un revolver plateado en la cintura. En un parpadeo sacó el arma y disparó contra el grupo de pibes. Uno de esos proyectiles calibre 32 impactó en el ojo derecho de Joaquín, quien cayó fulminado. Varios testigos señalaron a Morato, quien era empleado en una empresa de fumigaciones y había sido novio de una de las muchachas como el autor de la agresión. Morato se mantuvo prófugo durante dos semanas y luego se presentó cuando supo que la policía lo buscaba.

“El pibe parecía que estaba en pedo. Se frenó en la esquina y nos empezó a decir que éramos unos giles, que nos iba a matar. Y se fue”, declaró uno de los amigos de Joaquín, según se pudo escuchar en la audiencia imputativa del 4 de junio pasado. El juez de primera instancia Mariano Aliau cerró la audiencia dictando prisión preventiva efectiva sin plazo para el acusado.

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Reunión de amigos. Tras buscar un alfajor en su casa, junto a su mejor amigo, Joaquín se dirigió hacia una casa de Belgrano al 1800 donde vivía una muchacha que conocía desde hacia dos meses. Alrededor de las 20 a la tertulia se había sumado la prima de la dueña de casa. Alrededor de las 20.51, según el dato de una cámara de videovigilancia municipal ubicada a 100 metros, por el lugar pasó Morato en su bicicleta todoterreno celeste. “Ninguno de ustedes dos son competencia para mí. Ella sabe la herramienta que tengo para los giles”, gritó. Y continuó viaje. El incidente motivó que la dueña de casa diera una escueta explicación. “Es un resentido”, dijo y lo catalogó como "ex novio” del que se había separado una semana antes.

Treinta y cuatro minutos más tarde, a las 21.25, Morato regresó y sin bajarse de la bicicleta sacó el revólver plateado y disparó impactando en el ojo derecho a Joaquín. “Cuando me disparó a mí, yo me intenté levantar porque me ahogaba. Ahí escuché como un «click click» y veo que le apuntaba a mi amigo, pero no salió nada”, recordó en su declaración la víctima del ataque, quien dijo no conocer a su atacante.

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En su declaración al momento de ser acusado, el pasado 4 de junio, Morato dijo que había reaccionado a una agresión de los pibes y que por eso regresó armado. “Ellos me habían insultado. No es que yo los insulté. Yo te digo la verdad, también les he dicho cosas. Pero porque ellos me habían insultado primero, cuando pasé. Después volví, y le digo la verdad, volví con el arma esa. Tenía una bala, pero yo no apunté a matarlo. Apunté hacia la ventana de la casa de ellos para tirar. Pasé y tiré. Le digo la verdad, pasé y tiré. Pero no quise pegarle a él justo ahí en la cabeza. Es más, él también hizo (un ademán) como para arrancar un arma. Y yo no le voy a mentir, tiré primero. Pero no pensé que le iba a pegar en la cabeza", indicó.

"Es más, ellos unos días antes me habían hecho ir y también me quisieron robar la bici. Uno de ellos me había pegado un cañazo. Después, otra vez, me hizo ir a otro lado, como una camita, me quisieron pegar de vuelta. Y yo le digo la verdad, me defendí, porque sino me iban a matar ellos a mí. Yo no es que pasé a querer matar al pibe, yo pasé a tirar para asustarlo”, dijo al momento de utilizar su derecho al uso de la palabra. Su abogado le preguntó “sí estaba arrepentido”. Morato contestó: “Bastante arrepentido”, agregó.

En el pedido de pena el fiscal Alejandro Ferlazzo valoró que Morato contó con tiempo prudencial para reflexionar sobre su conducta, motivarse en la norma y desistir de su accionar pero no solo no lo hizo. Tuvo tiempo para reflexionar y sin embargo tomó por el lado más nocivo que tenía a su alcance. Su accionar, según el acusador, demostró un claro desprecio por la vida.

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