La mesa estaba dispuesta para la cena, pero José Ramón Andrés Haesler no llegó a
servirse. Alguien lo baleó tres veces antes de que pudiera llegar a la puerta de su humilde
vivienda en Olivé al 2200, en el barrio Arroyito Oeste, y murió poco antes de las 3 en el hospital
Clemente Alvarez.
Los investigadores policiales trataban ayer de determinar el móvil del homicidio
del albañil de 40 años al que todos conocían como Negro José. "Ante los policías alcanzó a contar
que dos hombres le quisieron robar la plata y el celular y lo balearon", indicó una fuente de la
pesquisa. "No se pudo precisar si fue frente a su casa o en otro lugar cercano", explicó.
La del Negro José fue la muerte de un hombre solo. Al menos en eso coinciden en
sus relatos los pesquisas, los vecinos y sus familiares. "Hace bastante que no veía a mi hermano.
Yo trabajo cuidando enfermos de noche y vivo en zona sur. Era una buena persona, que no se metía
con nadie", comentó Rosa, su hermana mayor con sus ojos nublados por las lágrimas. "José se quedó
viviendo en la casa que fue de nuestros padres, que fallecieron hace cinco años. El quedó muy depre
después de perder a los viejos", comentó la mujer. "No sabemos nada de lo que pasó. Una vecina me
llamó esta mañana y me contó que lo habían asesinado", contó amablemente Rosa.
Barrio Estanque. José Haesler vivía sólo en una casa humilde construida con
chapas oxidadas y madera en Olivé casi esquina Flynn, en lo que antaño los vecinos llamaban barrio
Estanque y hoy es Arroyito Oeste. "Le decían Estanque porque en las décadas del 60 y 70 estábamos
entre los dos terraplenes ferroviarios y, en época de inundaciones, el agua se quedaba estancada",
contó Gabriela, la vecina de enfrente del Negro José.
La casa en la que vivía Haesler está a 50 metros de la vía del ferrocarril
Belgrano por calle Flynn, a unos 100 metros por Olive y algo más de 200 metros del entubamiento.
Tiene un tapial derruido y un añoso árbol seco a la entrada. Hasta ayer al mediodía, cuando
llegaron familiares de la víctima, la única puerta de ingreso estaba cerrada con llave. Al abrir
salieron con caras somnolientas el perro del Negro, un mestizo callejero, y varios gatos. Y sobre
la mesa persistían un tetrabrik tinto y una soda.
"El sábado por la noche tuve gente a cenar y en la calle quedaron mi auto y la
camioneta de la visita. Pasadas la 1 de la mañana, más o menos, escuchamos dos o tres ruidos raros.
Era como si alguien golpeara en seco una chapa. O quizás eran cohetes. Salimos a ver, pensando en
los autos, pero no vimos nada extraño", relató la mujer.
"Había bastante movimiento en la cuadra. En una de las casas del barrio había un
cumpleaños y se podía escuchar la música", comentó. Y pasada la 1.45 Olivé a 2600 se sobresaltó con
la llegada de la policía y una ambulancia del Sies.
El Negro José estaba tirado en el ingreso de su casa con tres balazos: uno en la
pierna derecha, que le rompió el fémur y dos en el tórax. A las 2.50 murió en el Heca.
"Un negro robusto". En el lugar donde cayó herido de muerte Haesler no había
manchas de sangre. Y la hipótesis de que el Negro hubiera sido baleado en otro lugar perdía fuerza
por la herida en la pierna y el fémur quebrado. Aunque todos en el barrio describían a José Haesler
como "un negro robusto" que trabajaba en la construcción. Por estos días en una obra en Funes. "El
Negro se la aguantaba. Le podías apuntar con un cañón que iba al frente. Andá a saber que pasó",
murmuró un vecino de la cuadra que se crió con José.
Las últimas horas de José trataban de ser reconstruidas por sus vecinos. "Marta
me dijo que a las 22 fue a comprar algo y después no sé", relató una de las doñas del barrio, que
vive a un par de casas de Haesler.
Fuentes de la causa indicaron que en el lugar no se secuestraron vainas
servidas, lo que permite conjeturar que al Negro lo mataron con un revólver. Los disparos se
efectuaron a corta distancia: a no más de un metro. El cuerpo del albañil fue sometido a una
autopsia y a partir de ella se podrá determinar, entre otras cosas, cual fue el calibre que terminó
con la vida del Negro José, para buscar un arma.