POLICIALES

En medio de una gresca mataron a golpes a un muchacho

Walter "Mosquito" Abella tenía 25 años y murió en Temporelli al 2100, donde vivía. Sus vecinos del barrio Coronel Aguirre indicaron que era adicto

Domingo 22 de Agosto de 2021

“Uhhhhh.... No me digas que lo mataron a Mosquito. Pobre, no”. La frase es de un pibe de Coronel Aguirre, el barrio de Villa Gobernador Gálvez que a las 14 de este sábado se desayunó que Walter David Abella, el muchacho de 25 años al que todos en la zona de calle Temporelli al 2100 reconocían como “Mosquito” o “Neno”. Lo habían asesinado a golpes en la cabeza durante la madrugada de este sábado en el pasillo de la casa en la que vivía.

“Mirá, por un lado pobre pibe. Por el otro, un respiro para el vecindario porque el loco andaba todo el tiempo «rastreando» (robando cualquier cosas por menor que sea). Una pena y un respiro”, explicó una vecina de la zona. Fuentes allegadas a las pesquisa, en manos del fiscal de la Unidad de homicidios Adrián Spelta, trabajaban sobre la hipótesis de que Mosquito estaba acompañado por al menos dos hombres cuando pasadas las 7 de la mañana fue atacado con una botella en el marco de una gresca ocasional. “Estaban tomando y se desconocieron. Suele pasar”, simplificó otro residente de la zona.

La historia de Mosquito transcurrió en el sudoeste Villa Gobernador Gálvez. En Temporelli al 2100, entre Rosario y Cafferata, la calle que conduce al cementerio municipal, ubicado a una docena de cuadras de Abella. Los vecinos del muchacho relataron distintos momentos de su vida, asediada principalmente por el consumo, la adicción y la marginalidad para poder costear el vicio. Y cómo ese combo lo fue dejando solo en lo que fuera la casa de sus padres. “Los vecinos ya estábamos bastante cansados porque la casa, que era de los papás, terminó transformándose en una especie de aguantadero donde todas las noches se juntaban y no era la primera vez que terminaban a las trompadas en el mejor de los casos”, indicó otro vecino. Mosquito y sus amigos comenzaron a transformarse progresivamente en personajes impopulares.

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Las calles de Villa Gobernador Gálvez se transformaron en la última década en escenario de peleas por el control territorial, pero también como geografía donde adictos deambulan robando para comprar o muriendo como peones de una lucha que los mantiene visibles sólo en su desgracia. Los vecinos definieron a Mosquito como un “rastrero”, lo más insignificante aunque molesto en la pirámide de la supervivencia dentro la marginalidad. “El problema es si te lo cruzabas necesitado. Porque no reconocía a nadie. Lo único que lo dominaba era la necesidad de robar para comprar drogas. No era un hampón de esos de los que participan en las balaceras. Era un pobre pibe que si te agarraba te cagaba la vida por un celular”, explicó una persona que conoce Coronel Aguirre, el barrio que cobija al club más popular de Villa Gobernador Gálvez.

El último crimen en Villa Gobernador Gálvez nada tuvo que ver con la épica narración de los enfrentamientos a tiros, aunque en las inmediaciones de la escena del crimen, en las alturas de un terraplén cercano podían observarse los inconfundibles vendedores de droga reunidos de a tres o cuatro. Según confió la hermana de Mosquito a los investigadores, el muchacho se reunió con “amigos” la noche del viernes. Que le avisaron que su hermano estaba herido y al llegar a la casa de calle Temporelli, poco antes de las 8 de la mañana, lo halló con la cabeza ensangrentada en el pasillo de ingreso a la vivienda. La mujer dijo que su hermano estaba en estado de ebriedad cuando peleó con otros. Y que uno de “los amigos” le partió la cabeza de un botellazo. También indicó que no era la primera vez que Mosquito participaba o era blanco de una riña. Finalmente dijo desconocer quienes eran las personas que las que estaba reunido.

Mosquito ingresó al hospital Anselmo Gamen, ubicado a unas 20 cuadras de la escena de la gresca, en una ambulancia del SIES. Por la gravedad de las heridas fue rápidamente derivado al Heca de Rosario donde poco antes de la 10 de la mañana fue declarado clínicamente muerto. El fiscal Spelta comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que recabaran testimonios de potenciales testigos de la gresca y asesinato de Abella. En las inmediaciones no se visualizaban, a simple vista, cámaras de video vigilancia públicas o privadas.

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