"Yo le mostré que tenía el arma para que se asuste. Ella me quiso agarrar la
mano y ahí se escapó un tiro", declaró el 6 de agosto pasado el estudiante de ciencias económicas
Andrés Soza Bernard, quien está acusado de matar de un disparo por la espalda a la adolescente
Gabriela Núñez. De esa confesión ante la policía, el joven pasó a negar su participación en el
crimen sólo quince días después, cuando el escenario cambió y lo indagaron en Tribunales: "Yo no le
hice nada a Gabriela. De lo que se me acusa no es cierto".
Como una versión en negativo de su anterior confesión, el joven de 22 años
desmintió entonces su primera declaración ante la policía. En lugar de asumir el disparo que mató a
Gabriela sugirió que a la chica la balearon desconocidos en un asalto: "Escuché por televisión que
le intentaron robar en una moto. También se dice de un auto blanco y de alguien que venía caminando
y le quiso robar", deslizó.
Esos dos relatos del imputado, a los que tuvo acceso este diario, fueron
cercanos en el tiempo pero distantes en el contenido. El que brindó ante la policía es el eje de un
planteo que se discute por estos días en la Cámara Penal de Rosario. Allí el defensor de Soza pidió
que se declare la nulidad del interrogatorio policial. Sostuvo que ese acto no respetó garantías
legales porque fue realizado sin la presencia de abogados. La nulidad le permitiría desprender se
de un elemento de prueba que incrimina a Andrés. Pero el planteo ya fue rechazado por la jueza de
Instrucción Alejandra Rodenas (ver aparte).
En la comisaría. Ese interrogatorio realizado en la comisaría 6ª el día
posterior al crimen contiene un relato detallado de la relación que mantenían Andrés y Gabriela
Núñez, una chica de 16 años que cursaba el secundario y estudiaba inglés en un instituto de Mendoza
y Carriego. Ante la policía Andrés dijo que la había conocido un año antes y que luego de una
amistad de seis meses empezaron a salir, mientras él tenía una relación de noviazgo formal con otra
chica. "Yo iba a la casa, conocí a la familia y hasta ahí todo bien", dijo.
Los problemas empezaron en enero, cuando Gabriela se enteró de su noviazgo. Se
distanciaron, según contó, aunque nunca dejaron de verse. "Gabriela, al ver que yo seguía con mi
novia y ella perdía terreno en nuestra relación, comenzó por todos los medios a tratar de hacerme
pelear con mi novia. La llamaba por teléfono, le mandaba mensajes y un mail", expuso. Dijo que por
eso él decidió cortar el vínculo con la adolescente, a lo que ella se oponía. Un día antes del
crimen, según declaró, Gabriela llamó a su novia por teléfono y esa tarde se encontraron los tres
en una esquina donde tuvieron una discusión
En su ahora cuestionado relato policial, Andrés sostuvo que a las 19.45 del 5 de
agosto pasado pasó en auto cerca del instituto de inglés donde estudiaba Gabriela. Estacionó su
Peugeot 206 en Mendoza entre Carriego y Sucre y al bajar del auto "se topó" con la chica, a quien
tenía intenciones de "asustarla" para finalizar la relación.
"Me topé con Gabriela que venía de su clase de inglés. Yo tenía la intención,
después de asustar a Gabriela, de ir a natación. Cuando ella comienza a insultarme y me golpea en
el pecho yo le muestro que tenía el arma para que se asuste. Ella me quiere agarrar la mano y el
arma. Ahí se escapa un tiro, yo me asusté mucho y ahí nomás salí corriendo con el arma con destino
a mi automóvil, sin saber si Gabriela estaba herida o qué había pasado con ella. Subí a mi auto y
me fui a dar unas vueltas", narró al asumir el crimen como un hecho accidental.
Sin embargo, las pericias concluyeron que por la distancia y dirección del
disparo el tiro no pudo ser accidental sino voluntario y los investigadores no descartan encuadrar
el caso como un crimen alevoso.
Otro elemento que lo complica es un mensaje de texto enviado por la chica a una
amiga que decía "Andrés me quiere matar". A eso se suman las pericias sobre los teléfonos que la
semana pasada llegaron al juzgado, donde se detecta con qué contactos el joven intercambió mensajes
esa noche, aunque algunos fueron eliminados y se desconoce su contenido.
El relato policial de Andrés indica que después del disparo se fue a su casa de
fin de semana en Oliveros, pero regresó cuando su hermano le avisó que lo buscaba la policía. En el
camino arrojó el arma a unos pastizales. En el expediente constan los tickets que pagó a las 21.35
en el viaje de ida y a las 22.25 en el de regreso.
En Tribunales. Todo ese relato fue desmentido por Andrés cuando fue indagado en
el juzgado. Entonces adujo que la policía lo forzó a declarar, aunque en la causa no se denunciaron
apremios ilegales. Describió en términos similares la relación que tenía con la chica.
Pero su versión cambia a partir del momento en que se encontró con Gabriela:
"Fue cuando yo iba para nadar que me frena. Me hace señas. Le dije que qué quería, que ya habíamos
terminado, que ya estaba. Ahí fue cuando ella me avanzó, me quiso pegar, me dijo por qué, me pegó
un manotón en el pecho. Y me fui, porque yo el día anterior la había empujado. Después de eso no la
vi más a Gabriela". Su relato judicial se interrumpió en ese punto, sin mencionar el arma ni
explicar de dónde surgió, a esa hora y en ese lugar, el disparo que hirió a Gabriela en la parte
posterior de la cabeza.