POLICIALES

El conflicto que le costó la vida a un mecánico durante un tiroteo en barrio Plata

Leonardo Vidal fue asesinado en marzo de 2019. Una deuda por drogas y el robo de un celular afloraron como trasfondo

Lunes 28 de Diciembre de 2020

“Me dieron, cumpa”. Fue lo último que dijo Leonardo Vidal cuando recibió un disparo en el pecho hace más de un año en barrio Plata. Llegaba con un amigo en su Renault 11 a la casa de sus suegros, alarmado porque acababan de tirotear el frente de la vivienda mientras sus dos hijos jugaban en la puerta. El atacante, un vecino con quien en otros tiempos solían ir juntos a pescar, lo cruzó en su retirada y la emprendió de nuevo a tiros contra él, que sacó un arma y gatilló. La réplica de plomo no lo salvó de la muerte. Herido, terminó chocando contra el borde de una una zanja de Aurora y Castellanos. Sus vecinos lo llevaron al hospital pero ya no había nada que hacer por él.

Así se describen los últimos minutos de vida del mecánico Leonardo Marcelo Vidal en el legajo judicial por su muerte. Tenía 29 años y era entrenador de fútbol femenino en la villa La Cariñosa. Fue asesinado el 13 de marzo de 2019 como el evento final de una serie de amenazas y ataques a tiros por los que, dos meses después, fue detenido Jorge Alberto Misael P. Un vecino a quien la fiscal Georgina Pairola imputó entonces como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego, la portación y el abuso de armas.

La semana pasada el acusado, de 26 años, sumó nuevos cargos. La fiscal le atribuyó haber amenazado a familiares de la víctima al ser detenido el 13 de mayo de ese año. Ese día, alguien lo vio merodeando por Lamadrid al 3800 y llamó a la policía. Estaban a punto de soltarlo cuando la viuda se acercó a informar que estaba prófugo y con pedido de captura por el crimen de Leiva. “Ya vas a ver cuando salga, ya vas a ver”, gritó el detenido desde el patrullero, según la acusación, mientras que a un sobrino de la mujer le advirtió: “No me mires que para vos también hay”. El juez Hernán Postma dirigió la audiencia donde la trama del homicidio, desconocida hasta el momento, quedó revelada en la voz de una veintena de testigos.

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Las primeras crónicas del crimen mencionan un tiroteo que parecía dirimir cuestiones personales. En la búsqueda de una suerte de motivación, allegados a la víctima contaron que en las fiestas de fin de año previas Jorge le había robado el celular a Vidal. El mecánico le reclamó lo ocurrido al padrastro del muchacho, con quien tenía buena relación, pero nunca recuperó el aparato. La situación enojó a Vidal, que se sintió traicionado, pero nunca llegaron a pelear por ese motivo. "Es más, Jorge a veces venía a comer con nosotros. Tirábamos un pescado a la parrilla y lo invitábamos, por más que era un bando", contó un cuñado de Leonardo. La investigación en curso dio con otro trasfondo: ese verano, el entrenador les había dicho a su madre y a un amigo que otro de sus cuñados tenía una deuda por drogas con P.Y. que estaba preocupado por lo que pudiera ocurrirle a su familia. Si bien el cuñado niega la existencia de esa deuda, la fiscal maneja ambas hipótesis como posible móvil.

Aquel miércoles 13 la esposa de Vidal estaba de visita con sus dos hijos pequeños en la casa de su madre, en Castellanos al 5200, cuando comenzó la saga de atentados. Según la reconstrucción fiscal, a las 18 Jorge P. pasó frente a esa casa vestido de short y remera amarilla, descalzo y acompañado por su novia. Exhibió un arma ante la familia que tomaba mates en el frente. Y más tarde amenazó: “Los voy a matar a todos”, con la promesa de volver con una ametralladora.

Los testigos contaron que regresó a la casa de sus padres, a la vuelta, donde solía dormir en su Renault rojo estacionado en el frente. Al salir de su trabajo en una lavandería de la zona sur, Vidal se enteró de las amenazas por un llamado de su pareja . En ese momento visitaba a un amigo y le pidió que lo acompañara a barrio Plata. Al llegar a la casa de sus suegros, mientras la familia conversaba en la puerta sobre lo ocurrido reapareció el “Gordo”, como le dicen al acusado, arma en mano. Hubo una fuerte discusión entre ellos. "Jorge les decía que si no querían historia que le paguen y listo. Pero nadie intervino, lo dejaron solo", contó el amigo.

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Al rato, alrededor de las 20.45, la pareja de Vidal y uno de sus cuñados estaban con los chicos en la puerta cuando el agresor volvió y atacó a tiros el frente. El entrenador recién había partido para cumplir su segundo turno de su trabajo. Su esposa lo llamó y le pidió que tuviera cuidado porque “andaba Jorge tirando tiros”. Entonces regresó.

Llegaba por calle Aurora cuando el atacante lo reconoció y comenzó a disparar, coinciden numerosos testimonios. El amigo de Vidal refirió que los tiros arreciaban por todos lados: “No detuvimos la marcha. Leonardo sacó un arma que yo no sabía que tenía y empezó a disparar como loco. Era negra, una pistola. No sé qué calibre. Disparaba con la mano derecha por su ventanilla y con la izquierda sostenía el volante. Yo estaba agachado. El se defendió”.

Con una mano en el gatillo y otra en el volante, la vista quién sabe dónde, Vidal avanzó media cuadra hasta que terminó chocando contra un borde de cemento sobre una zanja. Un disparo le había atravesado el pecho. “Me hirieron, cumpa”, dijo. Unos vecinos lo llevaron hasta el Hospital de Emergencias, adonde ingresó con un paro cardíaco y fue declarado muerto a las 22. Dos tiros atravesaron la puerta del conductor del Renault 11 blanco del que, en el desbande, alguien robó la billetera y el celular de la víctima. Otra bala impactó en un Fiat Doblo gris nuevo estacionado en la vereda. En el lugar se levantaron vainas calibre 9 y 40 milímetros. Cuatro impactos quedaron marcados en la casa de calle Castellanos.

Más temprano, al acusado lo habían visto limpiar y montar la pistola sentado sobre el capó de su auto. Los familiares de Vidal contaron que el único incidente previo entre ellos había sido el robo del celular. Incluso aportaron videos una jornada de pesca compartida. “Acostumbraban a ir a comer e incluso a pescar juntos. Pero en un momento P. se metió en la delincuencia y empezó a hacer desastre”, dijo un familiar.

Según reconstruye la investigación, la balacera desnudó problemas que venían de “mucho antes”. Vidal les había contado a su madre y a un amigo que uno de sus cuñados le compraba drogas al “Gordo” Jorge y tenía una deuda con él. “Le debe plata al del búnker de enfrente. Y yo estoy preocupado porque se la vayan a agarrar contra mi familia”, había dicho un par de meses antes de que ese conflicto le costara la vida.

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