El asesinato de Hugo Cristian Ferrari, ex joyero de 78 años hallado muerto en su departamento en Zeballos a 1100, sacudió la monotonía de la tarde el jueves pasado en la zona céntrica de Rosario. El cuerpo sin vida del hombre fue hallado por su hijo, quien acudió a la vivienda después de llamar varias veces a su padre y no obtener respuesta.
Al ingresar halló a su padre tendido en el suelo del living, sin vida y con signos de haber sido víctima de un ataque con un arma blanca en el cuello. De inmediato, por orden de la fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos, Marisol Fabbro, el gabinete criminalístico de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) preservó la escena del crimen.
En el lugar se hallaron indicios de que Ferrari habría recibido visitas en las últimas horas -había colillas de cigarrillos y él no fumaba- y del relevamiento de las cámara de videovigilancia del edificio se pudo constatar la noche anterior había dejado pasar a un cadete de una empresa dedicada al repaqrto a domicilio.
Con estos elementos de prueba, personal de la AIC identificó a un hombre de 30 años, que se presume sería el autor del homicidio. El sospechoso, que trabaja como repartidor a domicilio, fue apresado este viernes, quedó a disposición de la justica y en las próximas horas sería sometido a audiencia imputativa.
Según la información policial, efectivos de División Homicidios de la AIC allanaron una vivienda ubicada en Iriondo al 4200, donde se secuestraron elementos de interés para la causa: una caja de PedidosYa, prendas de vestir, un CPU y una motocicleta, que quedaron bajo custodia judicial.
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Posteriormente, se dirigieron en busca del sospechoso a su trabajo, una remisería ubicada en avenida Francia y 24 de septiembre y fue arrestado cuando iba al volante de un auto Renault 19. Se trata de Adrián Darío C., de 30 años, alias Jerry, quien fue identificado luego del relevamiento de los videos de las cámaras de seguridad del edificio donde se cometió el crimen.
Un joyero de larga trayectoria
Ferrari vivía en el primer piso “C” de un antiguo edificio de Zeballos al 1100 hace largo tiempo, enviudó hace unos años y en su vida laboral fue propietario de una conocida joyería y relojería instalada en Rioja y Maipú.
Los joyeros y dueños de talleres lo recordaban perfectamente. Tuvo tres locales en diferentes momentos: uno por San Luis, otro por Maipú y otro por Rioja. Se dedicaba a cristales y joyería en plata. El negocio lo tuvo hasta la pandemia y, como la esposa ya había fallecido, decidió cerrarlo.
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Los vecinos lo recordaron como “una excelente persona" que recibía mucha gente en su casa, a pesar de las advertencias que le habían hecho sus allegado por el peligro que conllevaba su actitud. No se descarta que su asesinato haya sido cometido por uno de sus ocasionales visitantes.