"A este hay que matarlo", gritaban los hombres del barrio mientras descargaban
una lluvia de golpes a un muchacho en el suelo. De esta manera, los vecinos aseguraban haber
atrapado al hombre que presuntamente mantuvo cautiva durante ocho horas y violó reiteradamente a la
portera de una escuela, la madrugada del lunes, en un rancho de Nuevo Alberdi Oeste.
Los policías de la seccional del barrio, la subcomisaría 2ª, acudieron al lugar
alertados de la batahola y se llevaron detenido al sospechoso de haber cometido el ataque sexual.
Sus rasgos coincidían con la detallada descripción que la víctima había hecho de su agresor.
Al hospital. Alejandro Mauro R., el muchacho de 22 años acusado, terminó en el
policlínico Eva Perón con varios golpes, pero ya le dieron el alta. Una fuente policial señaló que
existen dos rasgos físicos descriptos por la víctima que lo incriminan: una cicatriz promimente que
se inicia en el esternón y termina en la parte inferior del cuerpo. La otra peculiaridad es la
figura de un revólver tatuado en la ingle derecha.
A las 3 de ayer, los gritos retumbaban en el cruce de Luzuriaga y Matheu. Un
grupo de enfurecidos vecinos se habían abalanzado sobre un joven y tomaron justicia por mano
propia. Habían descubierto al captor, según ellos, de M., una portera de 42 años, de Nuevo Alberdi
Oeste, que trabaja en una escuela de la barriada. Al parecer, Alejandro R. había decidido regresar
al rancho que la mujer marcó como escenario del ataque.
En medio de la paliza, alguien se contactó con la policía. Recién en ese
momento, los golpes cesaron. "Cuando llegamos, los vecinos dejaron de pegarle y nos entregaron al
muchacho", explicó un oficial de la seccional interviniente.
Las secuelas en el cuerpo de Alejandro R. eran visibles: quedaron marcas de
golpes en la cara y cortes en la espalda. Lo llevaron detenido a la dependencia policial y allí un
médico determinó que debían trasladarlo a un centro asistencial. Un rato después, el presunto
agresor sexual fue conducido al Eva Perón.
La pesadilla. M. está casada y tiene cuatro hijos de entre 19 y 25 años. Trabaja
como portera desde hace 13 años en una escuela ubicada a unas decenas de cuadras de su casa, del
otro lado de la vía, que divide al barrio en dos. A las 6.30 del lunes salió de su vivienda y
caminó hacia el trabajo. Su hija contó que, cuando había recorrido tres cuadras, un muchacho la
emboscó y le hundió el filo de un cuchillo en la espalda mientras le apoyaba un brazo para fingir
que eran una pareja.
"La llevó caminando por Joaquín Suárez hasta Ciudadela y por esa calle hasta la
villa que está a la altura de la cortada Pozos", explicó la joven. "Mientras caminaban mi mamá se
quiso zafar y le mordió la mano. Pero el tipo le pegó una trompada en la nariz que la hizo
sangrar".
La mujer y su captor caminaron más de siete cuadras. Luego recorrieron otros 200
metros hasta un pequeño rancho. El hombre introdujo a la víctima en la finca y la encerró. Luego la
maniató con trozos de sábana y la amordazó. Después la violó varias veces. A las 13.45 del lunes,
el agresor acompañó a la mujer hasta la esquina de su casa y se esfumó.
El portavoz señaló que Alejandro R. tiene prontuario abierto por robo a mano
armada y hurto. También indicó que un mes atrás había salido de la cárcel de Riccheri y Zeballos de
Rosario con un permiso de salida transitoria y no había regresado. En el presidio estaba cumpliendo
una condena de seis años por robo calificado y privación ilegítima de la libertad. El miércoles,
los agentes de la subcomisaría 2ª allanaron el rancho donde la mujer fue violada y hallaron el chip
de su teléfono celular. También encontraron ropa ensangrentada.
Hoy a la mañana Alejandro R. será indagado por el juez de Instrucción Nº15,
Jorge Baclini, y, la semana próxima, la mujer deberá ratificar sus dichos ante el magistrado.