Lucas aún atesora los mediodías en las escalinatas frente al río Paraná. Sobre esas aguas aprendió a navegar. También tiene presente los documentales que veía de chico en su casa de barrio Hospitales. Y vacaciones en Puerto Madryn. Todo ese bagaje fue la base para decidir su futuro, siendo uno de los biólogos que estudia las ballenas del mar Argentino.
En mayo Lucas Beltramino cumplirá 38 años, 17 de los cuales los transitó en Puerto Madryn y La Patagonia. Cuando tenía 21 y a pesar de contar con una formación profesional decidió mudar su destino hacia el sur y transformarse en “biólogo, timonel, buzo y padre de familia, un rol que muchas veces parece incompatible con mi profesión”, reconoce ante La Capital.
Beltramino participa desde 2019 en el proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina, una ONG cuyo objetivo es revertir la crisis de extinción de diversas especies en peligro dentro de la República Argentina. En este caso, el rosarino es uno de los encargados de “ampliar o crear áreas marinas protegidas” en el mar Argentino, en jurisdicción de Chubut.
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Dejó atrás una gran urbe para enfrentar una ciudad como Madryn con algo más de 100 mil habitantes para perseguir su pasión, se motivó por estudiar animales que lejos están de la pampa húmeda y formó una familia que lo acompaña hasta los confines del mar.
De Rosario a Puerto Madryn
Desde pequeño Lucas Beltramino se interesó por la naturaleza. Por decisión familiar no contaban con el servicio de cable y apenas podía ver las trasmisiones de Canal 3, Canal 5 y ATC (con tiempo se transformó en TV Pública). “Cuando iba a la casa de mi abuela, que sí tenía cable, veía Natgeo o National Geographic”, recordó.
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La zona de islas donde trabaja el Proyecto Patagonia Azul deRewilding Argentina
Foto: Lucas Beltramino
Hijo de santafesinos, su familia llegó a Rosario por cuestiones laborales. Se asentaron en el comienzo de la zona sur de la ciudad. Primaria en el colegio Padre Claret, secundaria en el San José, donde se recibió de técnico electrónico y luego se especializó en técnico digital. Aún la biología y la naturaleza estaban en los documentales que su padre grababa en VHS y parecía más un escape, que una salida laboral.
Con su familia visitó por primera vez Puerto Madryn a los 7 años y quedó obnubilado. Se llevó de esa visita un souvenir de una ballena jorobada. No fue la única vez y cada vez que tenía que regresar a Rosario se quedaba pensando en esas tierras y el mar. Es que reconoce que las grandes ciudades lo “intimidad” y la ciudad de Chubut está lejos de eso, a pesar de sus atracciones turísticas.
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El collar que inspiró a Beltramino
En Rosario, además de la televisión y el río Paraná, Lucas rememoró las tardes en el exzoologico municipal en el Parque Independencia. Aunque reconoció que fue de suma importancia para sostener su pasión por la naturaleza, sostuvo: “Me alegro que haya cerrado. Hoy no llevaría a mis hijas a un lugar así”. Dos o tres veces al año, Beltramino regresa a Rosario, los rincones donde caminaba se transformaron en recuerdos y Puerto Madryn en su ciudad.
No realizó el viaje de egresados a Bariloche, con un grupo de amigos decidieron hacer un cierre de ciclo por la ruta 3 hasta Ushuaia. “Fue increíble”, definió. Algo estaba emergiendo y hasta el mismo lo planteó: “Elegí Puerto Madryn antes que la carrera de biología”.
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Foto: Rafaella Beltramino Pollicelli
Lo cierto es que estudió para ser biólogo y hoy se desempeña en la base del Proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina, ubicados a 12 kilómetros de la localidad de Camarones.
Ballenas en el mar Argentino
El Proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina comenzó en 2019 para ampliar o crear áreas marinas protegidas. La zona que estudia el equipo que tiene a Lucas Beltramino como uno de sus biólogos se trata de unas 60 islas “distinto al resto de la costa” que sirven como apostadores, zonas de reproducción o de paso de lobos marinos y aves. Debido a las corrientes marinas y el choque con las islas, en el lugar emergen nutrientes que generan una cadena alimenticia de suma importancia para los animales del mar argentino.
Lucas Beltramino 18.4 Fotos Lucas Beltramino
Un año más tarde, Beltramino y el equipo investigaba la zona y se tomó con una imagen que no podrá olvidar: “Nos introducimos en el mar y una ballena saca la cola y se va. Es algo que te regala la naturaleza. Recién al año pudimos ver una ballena completa”.
El experto contó que el avistaje de ballenas se da por estacionalidad y año tras año crece la cantidad de ballenas que llegan a Patagonia Azul, aún estudian por qué se acercan a la zona de Chubut. Y mediante el cruzamiento de datos, pueden determinar que las especies que pasan por el mar Argentino también transitan el norte de Brasil. Luego de seis temporadas sobre el terreno, o el mar, Beltramino remarcó que no se trata de una llegada “ocasional” de las ballenas, sino que se suele dar entre noviembre y marzo y “puede ser una reconquista del agua” porque “como toda población se mueven en busca de alimento”. Hoy tienen que navegar sólo dos kilómetros para poder encontrarse con estos animales.
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Las tareas del equipo de Rewilding Argentina consisten en explorar el mar Argentino cuando las condiciones del clima lo permiten, monitorear las especies y en asociación con el Conicet cuidar las especies de pingüinos, cormoranes y petreles. También restauran las islas dañadas por las actividades extractivas de dos siglos atrás que trajeron ratas, conejos, armadillos a la zona y son perjudiciales para el ecosistema del lugar, así como elementos de metal o pozos artificiales que aún perduran.
Lucas Beltramino 18.4 Foto Kevin Zaouali
Pero la principal tarea es el estudio de ballenas: qué especies hay, dónde, cuál es su comportamiento y hacia donde van y de dónde vienen. Con todos esos datos intentan justificar la ampliación de las áreas protegidas. Por el momento, identificaron tres especies de ballenas, la jorobada, la franca y la sei, que también suelen verse en el norte de México y frente a las costas de California en Estados Unidos. “Para diferenciar una especie de ballena de otra es la cara inferior de la cola: esa es su huella digital. No hay dos iguales”, explicó el biólogo.
Aunque estudiar y avistar ballenas es su pasión, Beltramino tiene un punto a su favor y es su familia. Fue un requerimiento que solicitó a la hora de aceptar el trabajo porque para él es “una forma de mostrarle a mis hijas como quiero conservar el mundo”.
“Ellas, de 4 y 7 años, nunca fueron a un acuario, pero tuvieron la oportunidad de ver delfines. Ellas están viviendo los documentales que yo veía por televisión”, concluyó Beltramino.