La noche de diversión que cuatro jóvenes rosarinos esperaban disfrutar en
Victoria el sábado pasado, cuando partieron hacia allí en el auto de uno de ellos, se transformó en
una madrugada de pesadilla. En lugar del entretenimiento previsto, según denunciaron ayer en una
fiscalía, pasaron 15 horas retenidos e incomunicados en la Jefatura Departamental de Victoria. Allí
les impidieron llamar a sus familiares para dar cuenta del arresto y fueron sometidos a un trato
degradante que, según el texto de la presentación, incluyó prolongadas humillaciones de tipo
sexual, cometidas frente a otros presos.
Lo que inició el mal trago fue una nimiedad: los cuatro jóvenes treparon a una
estatua para tomarse fotos cuando se acercó un patrullero. Los trasladaron a la Jefatura a las 3 de
la mañana del domingo. No se irían hasta las 18 luego de firmar papeles cuyo contenido no les
dejaron leer. Terminaron imputados por cargos de ebriedad, desorden y disturbios sin que se les
hubiera realizado examen para comprobar la primera acusación.
Los jóvenes describen que la policía los detuvo de la zona costanera del
Monumento al Pescador, a metros del boliche al que habían ido a bailar. Aseguran que en la Jefatura
se los hizo desnudar en público y que los registraban pasandoles el baritón por los genitales.
"Fuimos el chiste de la Jefatura. Se juntaban los policías a ver cómo nos gastaban. Un policía me
revisaba, se iba, regresaba y revisaba a otro amigo al que recién había requisado", contó uno de
los denunciantes.
"Lo que cuentan los chicos es digno de la película Expreso de Medianoche",
comentó el abogado de los jóvenes, David Lisandrello. La Fiscalía Nº2 deberá girar la denuncia al
juzgado de Instrucción en turno en Rosario. A partir de allí el juez actuante deberá librar un
exhorto a su par de Victoria.
“Cuando estaba desnudo vino uno, me pasó el palo por la entrepierna y me
dijo: «¿Te gusto?». Ahí pensé que todo podría ser mucho más que un chiste. Estaba a cien kilómetros
de mi casa, en un patio oscuro y lleno de policías. Eramos cuatro pibes solos frente a esa
amenaza”, contó Alberto L., de 20 años, uno de los denunciantes.
Noche negra. Pasada la medianoche del sábado, Alberto L., de 20 años; Gabriel F., de 20; Matías
E., de 19; y Juan Manuel S., de 20, cruzaron el puente en auto. La idea era ir a bailar y pasar el
día en Victoria. Llegaron a las 2.30 de la madrugada y se dirigieron a un boliche ubicado en la
zona de la costanera, en inmediaciones del casino. Allí no los dejaron entrar porque algunos
llevaban musculosa. Decidieron buscar otro lugar cuando pasaron por el Monumento al Pescador y
quisieron tomarse unas fotos.
“Nos trepamos a la estatua para sacarnos fotos, boludeando, abrazando al pescador y cosas
así”, recordó Juan Manuel. “Cuando nos estábamos bajando llegaron varios móviles. Se
bajaron onda Swat con Itakas y palos. Ahí nos asustamos porque siendo cuatro seguían pidiendo
refuerzos. Por al lado nuestro pasaba la gente que iba al boliche”, indicó Matías.
Los cuatro amigos rosarinos contaron que fueron esposados y transportados en tres móviles, uno
de ellos una camioneta. Los trasladaron hasta la Jefatura Departamental, en San Martín 23, al lado
de la sede del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Fueron trasladados a un patio,
en medio de una construcción tipo chorizo, donde los revisaron.
“Cuando ya nos habían palpado, nos hicieron bajar los pantalones, frente a varias mujeres
policías. Quedamos desnudos delante de todos. Se reían, hacían chistes y nos pasaban el palo por
las nalgas”, relató Matías. Gabriel agregó: “Como a las 4 de la mañana nos pusieron en
un calabozo. Nunca nos dijeron de que nos acusaban. Tampoco nos hicieron exámenes de nada”,
agregó Gabriel.
Los jóvenes describieron el lugar de detención como una pocilga decorada por excrementos y
escupitajos en las paredes. La única manera de tomar agua era de una ducha en una botella cortada
que encontraron en el piso. “Nos hicieron firmar papeles que no nos dejaron leer. Nos dijeron
que podíamos llamar a un familiar y eso no pasó. Nos quitaron los celulares y los metieron en una
bolsa. Cuando pasaron las 8 de la mañana y vimos que no salíamos nos desesperamos”, agregó el
joven.
Todo acabaría estirándose hasta las 18, cuando Alberto fue dejado en libertad y pidió ayuda.
Quince minutos después sus tres amigos siguieron su camino. Subieron al auto y salieron a la ruta.
“Cuando nos dejaron ir nos seguían amenazando. «Vayan para Rosario y ojo con contar algo»,
nos dijo un vigilante”, agregó uno de los cuatro amigos.
Agobio
“Cuando se dilataba la cosa y se veía que no nos íbamos le dije
a uno de los policías: «Dejame hacer una llamada aunque sea al padre de uno de nosotros para avisar
que estamos bien. Que no chocamos en la ruta”, rememoró Matías. “En nuestras casas
pensaban que nos habíamos matado. Llamaban a los celulares y daban apagados”, relató el
joven.