Los cuatro detenidos por el ataque a balazos contra un cantobar de Juan B. Justo 8400 que derivó la madrugada del pasado domingo en el crimen del suboficial Ricardo Héctor Medini y de Sergio Adrián Jones, ambos de 40 años, quedaron en prisión preventiva por hurto agravado en concurso real con portación ilegal de arma de fuego de uso civil. Ninguno de los cuatro, por ahora, fue imputado por los crímenes.
Las acusaciones recayeron en Maximiliano Ezequiel A., de 35 años; Brian Leonel M, de 24; y Sebastián David H., de 30, por haberle sustraído la pistola Bersa Thunder calibre 9 milímetros a Medini, quien realizaba un servicio adicional en el lugar y quedaron imputados por hurto agravado. El juez Nicolás Foppiani resolvió que los dos primeros quedaran en prisión preventiva por 60 días y el tercero esté preso por el plazo de ley, es decir dos años.
En tanto, Marina Soledad F., de 23 años, fue acusada por tenencia ilegal de arma de fuego de guerra (dos hechos) y encubrimiento agravado ya que en su casa se encontró el arma reglamentaria de Medini y otra pistola sin papeles que acrediten su tenencia. Por eso quedó en prisión preventiva por el plazo de ley.
Pelea de bandas
El domingo pasado el frente del cantobar ubicado en el “Club de Taquito”, en Juan B. Justo al 8400 de Fisherton Norte, fue atacado a balazos desde un auto con vidrios polarizados. En el lugar murieron el suboficial Medini y Jones, sobrino del dueño del local. Además resultaron heridas tres personas, entre ellas la inspectora retirada Silvana Graciela C., de 52 años, quien al igual que Medini vestía de civil “cumpliendo un servicio privado de custodia”. Los otros heridos fueron Federico Matías G., de 28 años, y José Martín U., de 58 años y dueño del local.
Una de las hipótesis que maneja la investigación es que el ataque es parte de una disputa entre dos facciones por el negocio del narcomenudeo en el barrio. Uno de los grupos es el que disparó desde el auto y el otro estaba saliendo del local donde hay un complejo de canchas de fútbol 5 y que los fines de semana, desde hace un par de meses, abría a la noche como bailable y cantobar.
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Perforado. El portón del cantobar marcado por los proyectiles disparados desde un auto.
Siempre según esta teoría los ahora imputados Maximiliano Ezequiel A., Brian Leonel M. y Sebastián David H., eran el objetivo del ataque. Bajo fuego, en medio de un pandemonium, uno de los tres le sacó el arma al suboficial Medini y repelió el ataque que partió del auto. Desde un principio, desde el Ministerio Público de la Acusación se indicó que “la línea de investigación más concreta que explicaría la balacera tiene que ver con una disputa entre bandas por el territorio”. En la escena quedaron 37 vainas servidas.
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Horas después del hecho, a media tarde del domingo, los tres hombres fueron detenidos en inmediaciones de Schweitzer y García del Cossio. El lunes se les sumó Marina Soledad F., apresada tras allanamientos realizados en Tarragona al 1600 bis, Tarragona y Martínez de Estrada, y Schweitzer 8300, todos domicilios cercanos al lugar atacado. En la casa de la joven se halló el arma reglamentaria del policía —una pistola marca Bersa Thunder Pro— y otra pistola Taurus calibre 9 milímetros con número de serie además de droga fraccionada para la venta.
Acusación y allanamientos
Pasado el mediodía de ayer el juez Foppiani habilitó la acusación para los detenidos. Marina F. fue asistida por la defensora oficial Marianela Di Ponti; su par Nora Gaspire representó a Maximiliano A. y Brian M.; y Sebastián H. contó con la representación de Leopoldo Monteil. El fiscal Ferlazzo les atribuyó a los tres hombres sustraer el arma y la billetera del suboficial Medini aprovechando que sujetos armados disparaban contra el cantobar. Para la acusación los tres estaban en el local y mantienen un conflicto con el grupo agresor por el manejo de negocios ilícitos en la zona. En el barrio vecinos y testigos hablaban de una disputa por la venta de drogas.
El fiscal también los acusó de haber portado el arma del policía y los tres quedaron acusados por hurto agravado en concurso real con portación ilegal de arma de fuego de uso civil.
Por su parte, Ferlazzo imputó a Marina F. por tenencia ilegal de arma de fuego de guerra y encubrimiento agravado por la tenencia del arma del policía asesinado. La casa de la joven, en Schweitzer al 8300, fue allanada el lunes a la tarde y ayer su abogada solicitó protección para su representada ya que denunció haber sufrido amenazas.
Pero el fiscal Ferlazzo no se quedó en la detención de esas cuatro personas y ordenó otros dos allanamientos. En esta ocasión tendientes a dilucidar por qué el suboficial Medini y la inspectora jubilada herida se encontraban en el cantobar.
En ese marco, efectivos de la Agencia de Control Policial (ACP) allanaron una casa de Bicentenario al 400, en Pérez, donde vive el inspector Cristian Ernesto P., titular de la subcomisaría 21ª del barrio 7 de Septiembre en la cual prestaba servicios Medini. En la vivienda los pesquisas hallaron una escopeta calibre 16, un revólver calibre 22 y un revólver calibre 38 en mal estado de uso todo lo que fue secuestrado junto al celular del inspector y que dio apertura a una causa por tenencia indebida de armas de fuego.
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El suboficial Héctor Ricardo Medini tenía 40 años.
El fiscal Ferlazzo quiere saber si Medini cumplía en el cantobar un servicio adicional con conocimiento de sus superiores, si lo habían mandado a hacer ese trabajo o lo había realizado por su cuenta.
Posteo premonitorio
En ese sentido, días pasados trascendió un posteo que Medini hizo en su perfil de Facebook en julio de 2022 acerca de los peligros que enfrentaba al hacer su trabajo y que deja mucha tela para cortar.
“Hoy me levanté pensando que no tengo muchas ganas de salir a laburar. El día que egresé, nos dijeron «Bienvenidos a la policía» y nosotros como tontos aplaudimos sin entender que era sarcástico. Egresé pensando que jamás me iba a convertir en ese vigi del que todos hablan, que iba a respetar mi uniforme que con tanto esfuerzo me gané”, dice el texto. “Hoy no sé si vale la pena dejar a mi familia por un sueldo que hoy en día es de «pobre», no sé si dejarla por ir a cuidar a gente que me desea la muerte solo por las malas noticias de otro uniformado. Que no sé si quiero que me peguen un tiro o me choquen y mi muerte valga menos que la de un delincuente”, continúa.
Y agrega: “Me levanté con un nudo en la garganta de ver cómo todos nos ponen en la misma bolsa al hablar del policía. Hoy me levanté sabiendo que ese sueño de ayudar, de ser mejor, es pisoteado por la Justicia. La gente nos odia y los delincuentes tienen pase vip. Pero tranquilos, MI uniforme tiene un par de lágrimas, está un poco maltratado pero lo lavo y vuelvo a cuidarte aunque me escupas la cara. Solo quisiera NO MORIR EN VANO. QUE ALGUIEN NOS CUIDE A NOSOTROS, NOS RESPALDE, QUE ALGUIEN MIRE PARA ESTE LADO”.