La noche transcurría en un ambiente ameno en el restaurante Rosarigazinos, de
José Ingenieros y Avellaneda, a pocos metros del Gigante de Arroyito. Una reunión de amigos y
familiares del dueño había copado el salón ubicado sobre la ochava sudoeste y una docena de chicos
de entre 2 y 4 años correteaban entre mesas y sillas. Pero la algarabía se quebró poco después de
las 22 cuando dos hombres armados con revólveres irrumpieron en el lugar y desataron una pesadilla
para unas 40 personas. Un inventario informal de lo robado indicaba unos 3 mil pesos en efectivo, a
los que deben sumarse una cantidad no precisada de teléfonos celulares.
Reunión. "Hace más de 8 años que estoy en esta zona y nunca me pasó algo así",
manifestó anoche Diego Botura, el titular del local gastronómico en cuya fachada luce un cartel con
caricaturas de canallas famosos como Fontanarrosa, Olmedo y Fito Páez.
El empresario rememoró lo ocurrido y admitió haberse sentido estremecido por la
cantidad de criaturas que deambulaban por todo el local mientras los ladrones, visiblemente
nerviosos y vacilantes en la forma de actuar, iban desplumando a comensales y empleados.
Serían no más de las 22.15 del jueves. Botura y un numeroso grupo de amigos y
familiares se habían reunido en el resto-bar para pasar un rato agradable. Una cita que repiten
todos los jueves, según contó. También había parroquianos ocasionales, entre ellos unas personas
que estaban de velatorio en la casa funeraria ubicada en la vereda de enfrente por Avellaneda y que
minutos antes se habían cruzado para comer algo o tomar un café. Había en el lugar unas 40
personas.
Armas en mano. Los ladrones entraron directamente con las armas en las manos.
Uno parecía tener no más de 25 años y el otro tal vez menos de 40. "Estaban re locos", comentó
Botura. "De inmediato nos hicieron arrodillar a todos. Fue desesperante por los chicos, todos hijos
de mis amigos. Once pibitos de entre 2 y 5 años. Los chorros decían «vamos, queremos la plata o
bajamos a un pendejo, entienden—». Y las criaturas andaban por todos lados. Mi mujer intentaba
agarrar a nuestra nena, que tiene 4 años, pero como es muy inquieta no le hacía caso y se escapó
hacia la cocina. El tipo estaba tan sacado que, creo, no se daba cuenta del movimiento que había",
recordó el dueño
Reacción infantil. La nena de Botura entonces fue hasta la cocina. Allí el
encargado trabajaba aún sin advertir lo que sucedía en el salón. "Sabés que nos están asaltando a
todos", le dijo la pequeña al cocinero, que con perplejidad salió a un patio trasero, saltó hacia
la casa de un vecino y llamó a la policía. Una mujer, que estaba en el lote de los encañonados
también alcanzó a marcar el 101 en su teléfono celular sin ser detectada por los asaltantes.
"No habrían pasado ni cinco minutos, pero parecieron dos horas", contó el
comerciante. Los delincuentes recolectaron las pertenencias de las víctimas. Billeteras, celulares,
carteras y la recaudación del negocio fueron juntadas al voleo, en forma desordenada por los
delincuentes que no paraban de lanzar amenazas y mover en forma intermitente las armas.
Fuga y persecución. Después se fueron y pocos minutos más tarde llegaron los
primeros móviles policiales, pero a pesar de la rapidez con que se armó el operativo de rastrillaje
no se pudo dar con los asaltantes.
La policía persiguió a un par de sospechosos hasta la villa de Almafuerte y
Travesía, pero lograron escabullirse por los pasillos.
"Estoy sorprendido. Esta zona parecía no ser insegura. Hace ocho años que estoy
acá y es la primera vez que ocurre algo así. Hace poco también asaltaron un par de negocios por
Avellaneda, lo que me hace pensar en que la cosa está cambiando. Todos sabemos que estamos en una
ruleta y que en algún momento te puede tocar. Esta vez me tocó a mí. Por suerte no pasó nada grave
y no lastimaron a nadie", opinó Botura.
El caso es investigado por efectivos de la seccional 9ª.