"Me dejaron en pelotas. Tengo deudas porque no me gané el Quini para abrir el
negocio. Si no puedo recuperar algo de la mercadería tendré que cerrar". Sergio Pradella pronuncia
esas frases detrás del mostrador de la talabartería que abrió hace un año y medio en San Juan al
2200. El negocio fue arrasado ayer a la madrugada por un grupo de delincuentes que actuó con un
"vasto conocimiento del terreno" y que se llevó artículos por un valor cercano a los 250 mil pesos,
según la valuación que hizo el propio dueño. Entre los incontables objetos de valor, los ladrones
se llevaron una montura de la época de Juan Manuel de Rosas que tenía el escudo de la
Federación.
Pero el atraco a la tienda de Pradella al parecer no fue un hecho aislado. Una
relojería y regalería ubicada en bulevar Oroño al 1100, a menos de 50 metros de la talabartería,
también recibió la visita de ladrones ayer a la madrugada, aunque con mejor suerte ya que el
blindex del frente resistió el baldosazo y la alarma los puso en fuga.
Desconcierto. Eso era lo que reinaba por la tarde en el local "Yanquetruz", de
San Juan entre Oroño y Alvear. Afuera, en la calle, el tránsito de vehículos era casi caótico.
Mientras Pradella narraba a La Capital lo sucedido, dos hombres y una mujer se acercaron al negocio
de artículos gauchescos para preguntar precios.
"Hola, vengo por unos cuchillos muy lindos que vi el otro día", preguntó el
hombre. A lo que el dueño del comercio respondió: "Lo siento, me robaron anoche, se llevaron todo".
Un minuto después, otro potencial cliente interrogó desde la puerta: "¿Tenés bombillas?". "No me
dejaron ni una, perdoname", contestó Sergio.
Al frente. Los ladrones ingresaron por el frente del local. Primero rompieron el
candado de la persiana. Levantaron la reja con dos trozos de madera y forzaron la cerradura.
"Sabían lo que hacían porque robaron lo más valioso. Lo que dejaron no me sirve para recuperarme",
dijo Pradella.
De acuerdo al raconto realizado por el titular de la talabartería, de su local
se llevaron 3 mil pesos en efectivo, 80 cuchillos criollos artesanales, la mayoría fabricados por
miembros de la comunidad mapuche de Bariloche; 200 pulseras de platería criolla, 20 carteras de
cuero, 300 anillos, 15 pares de botas de montar, 20 pares de mocasines, 30 de alpargatas de cuero,
40 bombillas de plata, 60 sombreros criollos, 30 boinas gauchescas, 6 ponchos Pampas, un sistema de
audio, 25 camisas, 2 equipos de paletada, 30 cinturones (muchos con patacones incrustados),
rebenques con mando de oro, 10 camperas de cuero y 4 bolsos de búfalo y carpincho, entre otras
cosas.
Del siglo XIX. Entre lo más preciado del botín, según contó Pradella, hay una
montura original de la época de Juan Manuel de Rosas, con herrajes de oro y plata y el escudo de la
Federación grabado en lo que sería el accesorio del arreo.
El comerciante también mencionó prendas carísimas como los denominados ponchos
Pampas, elaborados con una técnica conocida como guarda atada, creada por los indígenas en la época
de la colonia. Cada uno de esos abrigos valen entre 3 y 4 mil dólares.
Los ladrones fueron guardando todo en bolsas para residuos de consorcios y hasta
se dieron el changüí de sacar el exhibidor de cuchillos y arrojarlo dentro de un volquete que
estaba en la calle.