Una toma de arte marcial le hizo perder el conocimiento a Damián Muccini antes
de que lo degollaran en su departamento de Balcarce al 500, donde robaron desde su documento hasta
un juego de utensilios para asar. Esas cosas aparecieron en la casa de Arroyo Seco de Axel
Cariñani, un experto en jiu-jitsu que además realizó compras con la tarjeta de crédito de la
víctima. Tres motivos que la Cámara Penal consideró para confirmar su condena a 12 años de prisión
como autor del crimen.
El dictamen de la Sala IV deja firme la condena que en abril pasado le había
impuesto a Cariñani el juez de Sentencia Luis Giraudo como autor de un homicidio simple, robo y
estafa, por las 14 compras que al día siguiente del crimen realizó con la tarjeta de Muccini. Por
este delito también había sido condenada su pareja, Carla Cobelli, a 2 años de prisión en
suspenso.
Muccini, un rosarino de 38 años, se había radicado hacía 14 años en la ciudad
alemana de Stuttgart, donde trabajaba como encargado de un bar. Sus ingresos en euros le
permitieron comprar un departamento en un edificio de Balcarce y Urquiza, donde se alojaba en sus
viajes a Rosario. En diciembre de 2005 decidió visitar a sus padres para las fiestas. La noche
anterior al crimen cenó con ellos y luego fue a bailar a un boliche.
Desde allí, se acreditó, fue a su departamento acompañado de un conocido con el
que tomaron un vino espumante. La mañana siguiente, el 27 de diciembre de aquel año, su padre fue a
buscarlo preocupado porque no tenían noticias de él. Lo encontró tendido en el piso, con un
profundo corte en el cuello. Del lugar habían robado una notebook, una cafetera, una máquina para
elaborar soda, un celular, un juego de cubiertos para asar y una copia de la llave del
departamento, además de la tarjeta de crédito y el DNI.
De compras. La tarjeta de crédito de Muccini no estuvo inactiva tras su muerte.
Días después, un amigo de Alemania contactó a los padres y les avisó que había recibido una llamada
del Deutsch Bank requiriendo autorización para una transacción con la tarjeta de la víctima. Así se
detectó que había sido usada en 14 negocios rosarinos. El relato de los vendedores canalizó las
sospechas hacia Cariñani y su pareja. En su casa de Arroyo Seco encontraron un par de zapatillas y
parte de lo robado a Muccini. La pareja asumió haber realizado compras, pero se despegó del
crimen.
Ante la Cámara Penal, la defensa de Axel insistió en su inocencia. El acusado
había dicho que a las cosas de Muccini se las vendió en su casa, la mañana posterior al crimen, un
tal Enriqueta, a quien no veía desde hacía dos años. Nunca pudo identificar a esa persona.
Sin respuesta. ¿Por qué motivo ese vendedor recorrería 30 kilómetros hasta
Arroyo Seco para venderle pertenencias de un hombre asesinado horas antes a alguien que no veía
desde hacía dos años? Esa pregunta se hicieron los jueces Rubén Jukic, Antonio Paolicelli y Ramón
Ríos al desestimar la versión de Cariñani. El muchacho admitió que conocía a la víctima y que dos
días antes había ido a visitarlo con cocaína y una botella de Fresita de regalo. Los jueces se
preguntaron, de ser cierto su relato, cómo no advirtió al usar la tarjeta de crédito de Muccini y
falsificar su firma "que se trataba de aquel amigo en cuyo departamento había estado".
Otra prueba que lo incriminó fue la autopsia. El estudio forense reveló que a
Muccini, un hombre robusto y de físico trabajado, lo atontaron de un golpe en la frente con un
objeto y luego lo sujetaron de atrás con una toma de artes marciales. En esa postura recibió los
tres puntazos mortales en el lado derecho del cuello. El informe se realizó antes de la detención
de Cariñani, quien terminó reconociendo ser experto en Jiu Jitsu. Un arte marcial japonés que se
especializa en técnicas de sujeción, estrangulamiento y llaves.