Cuando se vio encerrado por los patrulleros que habían llegado a rodearlo una vez más, se
resignó con mansedumbre. Los policías iban preparados para la resistencia más cruda. Es que unos 15
años antes, el mismo hombre que ahora iban a buscar los había mantenido a raya con una cortina de
balas, perforando con dos tiros el cuerpo de un oficial que hoy es comisario. Ahora, Alejandro
Arturo Quevedo, Carau, ponía a un lado su ferocidad legendaria. Adentro de un remís, en la
localidad de Alvear y como estaba, las chances de ofrecer lucha no eran las mejores. Los policías
de la ex Drogas Peligrosas reportaron que trasladaba un kilo de pasta base de cocaína, una pistola
calibre 40 con 11 proyectiles de punta de teflón, 13 mil pesos en efectivo y un bidón con acetona.
Fue el miércoles 10 de junio pasado y se le atribuía ser el dueño de una cocina de elaboración de
cocaína, una de las tres descubiertas esa semana en Rosario.
La ferocidad del Carau, de 54 años, se adivina en su prontuario
enciclopédico. Pero mucho más en el terror que inspira a los de su propio bando. Lo tienen como un
hombre que no perdona deslices en sus hombres ni ahorra sangre si lo supone negocio para su propio
pellejo.






























