POLICIALES

A dos años del crimen del taxista Esusy, prolongan la detención del acusado a la espera del juicio

Ignacio P., de 21 años, lleva dos años preso. Un juez dispuso que siga otro año en prisión preventiva. Un fiscal pide que sea condenado a prisión perpetua como coautor del homicidio

Martes 20 de Abril de 2021

El asesinato del taxista Mario Esusy en barrio Ludueña marcó hace dos años el inicio de un Jueves Santo violento, con cuatro homicidios en un día. Un paro de los choferes de 24 horas precedió a la detención de Ignacio Damián P., un joven de 19 años vinculado al crimen con prueba indiciaria. Con el paso del tiempo la prisión preventiva del muchacho se fue prolongando hasta llegar al máximo de dos años permitido por ley. Ese plazo venció este lunes, cuando el juez Gustavo Pérez de Urrechu prolongó de manera excepcional por otro año la detención del acusado, quien afronta un pedido de prisión perpetua como autor de un homicidio calificado, entre otros delitos.

Esusy, de 62 años, fue asesinado mientras esperaba a una pasajera en la esquina de Casilda y Formosa. Para la investigación, fue un ataque cometido en medio de un asalto por tres motociclistas. Un robo que no llegó a concretarse porque el chofer se retiró de la escena con un tiro que le atravesó el brazo izquierdo e ingresó al tórax. Falleció tras chocar contra un auto estacionado y una casa. Dos días después fue detenido Ignacio P., un joven de barrio Cotar sin antecedentes penales que niega ser el autor del ataque. Un testigo de un robo previo al del taxista, cometido minutos antes con la misma arma, lo mencionó por su apodo y lo reconoció en una rueda judicial.

El joven tiene ahora 21 años. No terminó la escuela secundaria y trabajaba como barbero. Esos datos constan en el acta de la audiencia que se realizó por zoom el lunes a la mañana. El fiscal de Homicidios Patricio Saldutti, quien sucedió en el caso a su par Marisol Fabbro, pidió que se prorrogue de manera extraordinaria la detención del acusado. Hoy se cumplen dos años de su arresto, plazo máximo que prevé la ley para mantener a una persona presa sin condena. Se trata de una detención que se dispone ante el riesgo de que, en libertad, el acusado ponga en peligro la investigación. De manera excepcional, ese lapso puede estirarse otro año.

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La defensora pública Celia Pasquali se opuso al pedido: dijo las detenciones cautelares son de naturaleza provisoria. Remarcó que el muchacho no tiene antecedentes y ofreció una explicación de lo que estaba haciendo esa noche que deberá investigarse. El juez Pérez de Urrechu extendió la detención cautelar hasta el 20 de abril de 2022 e instó a convocar a juicio oral o a algún tipo de acuerdo abreviado dentro de ese lapso. Aclaró además que la medida cautelar puede revisarse cuando se realice la audiencia preliminar al juicio, prevista para el 7 de junio.

De cara a esa instancia, el fiscal presentó la acusación escrita contra P. Pidió la pena de prisión perpetua por los delitos de homicidio calificado críminis causa y agravado por el uso de arma de fuego, el intento de robo calificado previo con dos víctimas, la portación ilegal de un arma de guerra usada en el hecho y la tenencia de un arma calibre 22 secuestrada en su domicilio.

Teorías

El crimen fue el 18 de abril de 2019. Pasada la 1.30, Esusy condujo el Chevrolet Corsa hasta Casilda al 2000, casi esquina Formosa, para asistir a un pedido de radio llamada. A través de declaraciones de testigos, imágenes de cámaras del municipio y el GPS del taxi se pudo reconstruir que condujo desde la estación de servicios de avenida Sabin (ex Travesía) y Cándido Carballo hasta el lugar del crimen.

De acuerdo con la reconstrucción fiscal, tres hombres en moto le salieron al cruce para robarle al verlo estacionado, hubo un forcejeo y el trabajador atinó a escapar acelerando el auto. En ese contexto le dispararon con una pistola calibre 9 milímetros sin llegar a robarle nada. En la escena quedó una vaina servida de ese calibre. La billetera del taxista estaba cerca de su asiento. En la autopsia se detectó un golpe a la altura de la frente indicador de un forcejeo previo.

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El asesinato del taxista derivó en un paro de actividades y movilización del sector, que durante varias horas mantuvo bloqueado los ingresos a la terminal de ómnibus Mariano Moreno en un día clave de Semana Santa. Dirigentes de las cámaras de titulares de taxis y del sindicato de peones se reunieron en la sede local de Gobernación con el entonces ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, a días de una jornada electoral en la provincia. Hubo una manifestación de taxistas frente al Centro de Justicia Penal cuando Ignacio P. sorteaba la primera audiencia. Allí mismo unos cuarenta vecinos y familiares de Nacho sostenían con carteles que su arresto fue la cacería de un “perejil”.

El joven fue detenido en su casa cercana a la Cooperativa Cotar, a unas diez cuadras del lugar del crimen. Entonces formaba parte del programa Nueva Oportunidad en el club La Carpita. Fue implicado por el reconocimiento de un testigo de identidad reservada que lo situó en el asalto previo al ataque al chofer. Unos minutos antes, se determinó, tres jóvenes en una moto Honda Twister se acercaron a dos muchachos que estaban en la esquina de pasaje Madrid y Casilda y que alcanzaron a refugiarse en la casa de uno de ellos al advertir que iban a asaltarlos. Uno de los motociclistas sacó un arma y efectuó un disparo que perforó el portón delantero de la casa y quedó en una habitación de la planta baja. Sin concretar el asalto, el trío escapó por Casilda hacia Formosa.

Para la acusación, y en base a ese testimonio, eran “Julito”, “Elías” y “Nacho”. Los mismos a quienes se les asigna el intento de robo y homicidio posterior del chofer, con quien se toparon a unos 200 metros en la huida. “Nacho” es el sobrenombre atribuido a Ignacio P. Los otros dos están prófugos.

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El peso de la evidencia atribuida a P. fue motivo de una fuerte interpelación en las primeras audiencias. La defensa remarcó entonces que ningún elemento sitúa a P. en la escena del disparo al chofer. El joven pidió declarar, dijo que a esa hora estaba chateando con amigos en un quiosco de Junín e Iguazú y ofreció su celular como prueba.

La Fiscalía plantea que el cotejo del material balístico recolectado en las dos escenas _la del crimen y la del robo previo_ arrojó resultado positivo. Es decir, que las dos balas disparadas por una misma arma. Indicó que el testigo lo nombraron por el apodo de “Nacho” y luego lo reconoció en una rueda de personas. De esto la Fiscalía concluye que el joven participó de un robo con un arma que instantes después se usó en el crimen del taxista.

El testigo es un amigo de las víctimas del primer robo que llegaba a su casa tras reunirse con ellos. A eso de la 1.30 estaba guardando la moto y vio pasar “una moto en contramano por Casilda, una Honda Twister roja desarmada con tres arriba”. “Eh, amigo”, lo saludaron los de la moto, según contó, de quienes dijo sus apodos. Enseguida se enteró del reciente robo fallido a sus amigos. Y al salir de su casa un policía lo convocó como testigo del procedimiento por la muerte del taxista.

De “Nacho” dijo que “vivía cerca de la Cotar” y que siempre lo cruzaba cuando iba a jugar a la pelota. En la rueda judicial lo reconoció “por el tatuaje en el cuello” y detalló que se había sacado un arito. Entre evidencia figuran además las declaraciones de vecinos y de las víctimas del frustrado robo previo, además de una reconstrucción integral de la Agencia de Investigaciones Criminales sobre las distancias y tiempos entre los dos hechos que detectó coincidencias.

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