Pandemia

La conmovedora carta de una hija tras la muerte de su madre por coronavirus

En la carta, María Luján explicó como fue el caso de su mamá, se refirió la tratamiento de los medios y hasta el envió un mensaje al presidente Alberto Fernández

Viernes 10 de Julio de 2020

María Luján Manzotti es una docente de la provincia de Buenos Aires que ayer perdió a su mamá, Stella Maris Ferrari, por la pandemia de coronavirus en la ciudad de San Justo, partido de La Matanza, en la zona oeste de Buenos Aires. Pese al dolor y la angustia por la que está pasando, María Luján escribió una carta en la que explicó cómo fue su caso, y se refirió al tratamiento que la pandemia tiene en los medios de comunicación de nuestro país y hasta le envió un mensaje al presidente de la Nación, Alberto Fernández.

También le agradeció a los médicos por el trato dispensado para con su madre, pese al difícil trance por el que atraviesa.

La conmovedora carta que escribió María Luján:

"En primer lugar, quiero agradecer por este medio y otros a todos y todas quienes me hicieron llegar su acompañamiento el día de ayer, día de la partida de mamá.

Stella Maris Ferrari, ese es su nombre, murió por complicaciones respiratorias asociadas a COVID 19. El día jueves 25 de junio hizo un primer y único síntoma (fiebre de 37,5). El sábado 27 fue hisopada por Salud Pública y el martes 30 recibimos el resultado que arrojaba positivo para la enfermedad. Ese mismo día fue trasladada a su sanatorio de cabecera.

Durante casi seis días estuvo estable, asintomática y con valores de laboratorio perfectos. Las autoridades médicas del sanatorio se mantuvieron en permanente comunicación con nosotros, en un trato más que solícito y humanizado. Hacia el lunes 6 comenzó con problemas para la alimentación y luego con dificultades respiratorias. El miércoles 8 nos comunicaron que debieron ponerle máscara y broncodilatadores. En la madrugada de este jueves 9 de julio nos anunciaron su fallecimiento, después de varios intentos (incluyendo entubación) para su superviviencia.

Mamá venía atravesando hacía ya seis años una enfermedad de orden neurológico que la iba degradando sin prisa y sin pausa. Por esa razón vivía en una Residencia para adultos mayores y personas con necesidades especiales. Su cuidado requería muchas intervenciones. Nos consta que dicha residencia, desde su dirección médica, tomó los recaudos que entendió necesarios para prevenir un foco del virus. De hecho, cerraron sus puertas a cualquier visita desde el 15 de marzo pasado. Ver a nuestra madre sólo fue posible a través de videos, fotografías y comunicaciones con la entidad (mamá también padecía afasia). Sin embargo, no fue suficiente. El foco se produjo y el contagio fue masivo. En la mayoría de los casos, de manera asintomática. Stella Maris, que llevaba meses sin salir de su residencia y nosotros sin poder estar con ella, murió por Covid-19.

¿Por qué escribo y comparto esto? Porque entre los números de fallecidos comunicados correspondientes al día de ayer, uno tenía nombre para nosotros. Nombre e historia. Una madre, una hermana, una tía, una abuela, una madrina, una amiga… Y así como para nosotros, esas casi 2000 muertes tienen significado para muchos. Pero los profetas del odio y los comunicadores a su servicio, siguen insistiendo en que no son suficientes. Que una pérdida no vale. Que la libertad personal nada tiene que ver con la responsabilidad social. Que el bien común no existe. Que los adultos mayores son un gasto. Se atreven, de modo obsceno, a llamar “infectadura” a la situación y manifiestan un desdén infinito sobre la vida y sus cuidados. Ejercen tal fundamentalismo ideológico “anti” que suicidan al pensamiento y al espíritu crítico. No practican ni creen en ningún tipo de “otredad”.

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Quiero decirles, aunque no les importe porque no soy más que una hija doliente que perdió a su madre ya enferma, que tienen mi total y absoluto desprecio. Todos ustedes. Los comunicadores hegemónicos, los periodistas irresponsables, los exmandatarios que redujeron el sistema sanitario nacional y osan decir cínicamente que es ahora cuando sucede eso, los que la agitan por no compartir un 1% de sus ganancias, los que despiden a trabajadores y trabajadoras para seguir acumulando, los que se dejan usar como vil lumpenaje desclasado (y no me refiero a los actos de quienes en su desesperación por las pérdidas económicas intentan sobrevivir); los que creen que "pertenecer tiene sus privilegios". Ustedes son los verdugos de la historia. Sobre ustedes recae el creciente contagio y el aumento de muertes. Por cada nombre de cada persona fallecida deberán dar cuentas. A la vida. A la historia.

Sr. Presidente Alberto Fernández. Ahora me dirijo a usted. Siga acompañando a su pueblo con las opciones básicas que cualquier mandatario debería ejercer. No podemos ser libres si no estamos vivos. Muchos y muchas, además, sumamos nuestra responsabilidad ciudadana no sólo cuidándonos y cuidando a otros, sino ejerciendo una solidaridad efectiva, compartiendo nuestros ingresos y bienes entendiendo que, quienes percibimos un salario de manera sostenida -soy trabajadora docente-, somos privilegiados en estas horas aciagas. Ojalá le llegue esta nota sentida, a horas de la pérdida de un ser amado".

En memoria de Stella Maris Ferrari de Manzotti (8-06-44 / 9-07-20)

María Luján Manzotti, hija.

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