Pandemia

Cómo se cuidan en estos días quienes son mayores y viven solos

Muchos se preguntan qué hacer con los chicos. ¿Y los que tienen bastante más de 60? Experiencias y consejos médicos

Viernes 20 de Marzo de 2020

“Hola María Elena, salgo hasta el súper y vuelvo, ¿necesitás que te compre algo?”. La pregunta se dio desde un portero eléctrico de un edificio céntrico.

Parece trivial, pero retrata parte del mundo de los adultos mayores que viven solos en zonas céntricas de las urbes donde cada vez los vecinos se conocen menos.

Un escenario que le agrega dramatismo al encierro de quienes muchas veces, enfermos y sin nadie que los ayude, pueden estar más en riesgo por soledad que por cualquier virus.

Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda del INDEC, en 2010 había en Santa Fe un 19% de hogares eran unipersonales (compuestos por una sola persona) y en Rosario 21%.

Las circunstancias de estas cifras van desde la elección a la situación forzada por las circunstancias o de manera transitoria (por motivos laborales o estudio).

La tendencia es propia de los países más desarrollados y en desarrollo. Y en las ciudades es más comprobable el hogar unipersonal en los sectores con mayor poder adquisitivo.

Tradicionalmente, este tipo de hogares estaba asociado a las personas mayores, especialmente mujeres, que habían quedado solas luego de que los hijos formaran sus propias familias y sus cónyuges fallecieran.

Pero en las últimas décadas se explica también por los adelantos en materia de salud que redundan en un incremento en la expectativa de vida y la mayor independencia de las personas mayores.

También influyen el aumento de la tasa de divorcios, la mayor edad a la que la gente decide convivir con su pareja y la creciente cantidad de personas que decide vivir sola de manera permanente.

María Elena

“Gracias, querida, ya me compró algo la vecina de enfrente y la portera me sacó la basura”. La respuesta salió desde el aparato y de boca de María Elena Biasín, una mujer de 83 años, diabética e hipertensa que está en cuarentena desde hace cinco días y con más manejo del teléfono fijo que del celular.

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“Mi hija viene y me deja las cosas en la puerta, para que no corra riesgos yo”, le dice María Elena a La Capital, con barbijo y desde el umbral de su departamento de un quinto piso.

“Pero además agrega cuento con la ayuda de la vecina de enfrente quien me deja papelitos bajo la puerta y me pregunta cómo estoy y qué necesito, y también cuento con la buena predisposición de la chica del séptimo que me paga los impuestos”, agrega.

La mujer confiesa que de este modo no se siente sola y que “mata el tiempo” no sólo viendo televisión y escuchando la radio sino “tejiendo, leyendo, caminando por la casa” y yendo de vez en cuando al balcón “para ver qué pasa en la calle”.

A unas cuadras de allí Susana Baudissone, de 76 años, se entretiene fundamentalmente con el WhatsApp, sus amigas y su nieta, Violeta.

Con otras 12 mujeres, en su mayoría jubiladas docentes, conforma desde hace una década el grupo “Las memoriosas”, un taller de ejercicios y juegos de memoria.

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Susana Baudissonese conecta a través de video llamada con su nieta violeta.

Susana Baudissonese conecta a través de video llamada con su nieta violeta.

La pandemia no les limitó la actividad. Sólo dejó de ser presencial. “Nos mandamos los ejercicios por celular”, explica Susana, quien también juega así con su nieta de diez años.

“Un día me propuso que le diga nombres de países y ella los ubicaba en el mapa. Cuando no pudo venir más a visitarme, seguimos jugando por videollamada”, dice la abuela de Violeta antes de confesar que ahora le complicó la consigna a la nena: le pide que le diga “el continente donde se ubica el país y también la capital”.

En cuanto a las compras diarias, Susana dice que las resuelve con el súper que tiene al lado de su casa.

“El problema son las colas. Hoy había mucha gente y me volví. Y cuando quise regresar, aprovechando que no veía a nadie en la vereda, me topé con un cartel que aclaraba que estaban desinfectando el súper. Veré cuando vuelvo”, dijo la mujer, quien aseguró no tener vecinos con quienes contar para estos pequeños mandados.

“Hace veinte años que vivo en este barrio, pero está lleno de edificios y nadie se conoce con nadie”, lamentó.

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