Días atrás, en el Club Huergo de Comodoro Rivadavia, la ciudad de los Vientos, se jugó un Campeonato Sudamericano de Vóley U17 donde Argentina logró el subcampeonato, tras caer en la final ante Brasil pero logró la clasificación al Mundial de Qatar que se disputará en el próximo mes de agosto. El único rosarino convocado fue Máximo Mendoza.
Para Máximo, que mide 1,81 metro, fue su primera experiencia en ese nivel y lo vivió, lógicamente, con suma intensidad, como si estuviera viviendo un sueño. “Fue un proceso que duró doce meses, con concentraciones en diferentes lugares y con un objetivo claro, que era conseguir el cupo para el Mundial de Qatar”, reveló el punta, que nació en Rosario el 7 de mayo de 2010 y es el menor de cuatro hermanos.
Para él, como para el resto del plantel, el Sudamericano tuvo un sabor especial, ya que fue la primera vez que enfrentó a otros equipos nacionales, con todo lo que ello implica. El primer rival fue Chile, al que se impuso 3-0 con parciales de 27-25, 25-11 y 28-26. Con suma simpleza, Máximo explicó: “El partido ante Chile, nos costó, pero tuvo que ver más con los nervios y la ansiedad por ser el primero que con el juego en sí. Fue mi primer Sudamericano y el de todos los chicos que estábamos ahí. Nunca habíamos jugado un partido oficial contra otra selección y menos con un marco de público como el que hubo. Sentir el apoyo de la gente fue algo hermoso, y haber jugado con la camiseta de la selección argentina para mí fue un orgullo”.
—¿Qué análisis hacés del torneo?
—En cuanto al juego creo que fuimos de menos a más. Después de jugar con Chile, con el correr de los partidos, fuimos jugando mejor y llegamos a la final, ante Brasil, que sabíamos que iba a ser difícil porque ellos físicamente eran superiores, más allá de que después salió un partido peleado y pudo ser para cualquiera.
—Fuiste el mayor anotador en los partidos ante Perú (12) y Venezuela (22). ¿Qué tuvieron de especial esos partidos?
—Perú fue, de todos los rivales, el más accesible, por eso el resultado era previsible (N. de la R. Argentina ganó 3-0 con parciales de 25-15, 25-7 y 25-16). Igualmente los partidos hay que salir a jugarlos y estar atentos para no tener ninguna sorpresa. Con Venezuela ya nos habíamos enfrentado en un amistoso previo al torneo. Les ganamos 3-0. Sin embargo, en el Sudamericano, aparecieron los nervios lógicos de cuando está en juego la clasificación. Al principio costó....
—¿Sintieron la presión de tener que ganar?
—Sí, claro. Mucha presión, porque si perdíamos con Venezuela sí o sí le teníamos que ganar a Brasil y eso era más complicado. El primer set ante Venezuela lo perdimos 25-23; el segundo estuvimos 24-22 abajo pero lo pudimos remontar y lo ganamos 26-24. Después ajustamos algunas cosas y ganamos los dos restantes 25-12. Una vez que le ganamos, la sensación fue de alivio.
Del Sudamericano al Mundial
—Ya están clasificados al mundial ¿Te imaginás en agosto en Qatar?
—Si bien falta poco, hay que seguir trabajando. Todavía no sabemos quiénes van a ser los que viajan. Del plantel que jugó el Sudamericano puede variar, puede haber cambios para poner jugadores con proyección.
—¿Qué chances crees que tiene el equipo en el Mundial?
—Muchas. La última camada también salió subcampeón en el Sudamericano y después subcampeona del mundo. La vara está alta.
—¿Cuándo comenzaste a jugar al vóley?
—A los 9 años en Pompeya. Los profesores de la Escuela empezaron con la actividad en las clases de educación física y decidieron federar un equipo en la Rosarina. Después Pompeya se unificó con Rosario Central en 2022 y ahí me pasé al Canalla. En 2023 y 2024 jugué en Náutico y el año pasado para Sonder. Este año todavía no sé dónde voy a jugar.
—¿Hiciste otros deportes?
—Cuando era chico jugué a la pelota en Sorrento Open y fui a practicar básquet un par de veces a Federal.
—¿Cuál es tu idea como deportista?
—Llegar lo más lejos que pueda, siempre disfrutando del deporte. Poder dar al máximo en el nivel que me toque estar.
—¿Y por qué elegiste el vóley?
—Mis padres (Ivón y Maxi), jugaron y juegan al vóley o sea que siempre “estuve rodeado”. Probé, me gustó y seguí.
Vóley en casa
Lo que Máximo no aclara es que tiene el agregado que sus dos padres son profesores de vóley y trabajan con él. Lo incentivan a que tenga en cuenta también el trabajo particular, el famoso entrenamiento silencioso, que no se quede solamente con lo que le brinda el club. Lo apuntalan mucho en la parte física y técnica, pero si hay un ingrediente que pesa en su desarrollo es el acompañamiento de toda la familia, algo que se manifiesta en su temperamento.
Máximo tiene perfil bajo y hasta da la sensación de que es tímido, pero dentro del rectángulo no necesita hablar para demostrar su liderazgo. A la hora de jugar se come la cancha y deja que sus actos hablen por él. En los equipos que jugó terminó siendo uno de los referentes. Tiene un largo recorrido en la selección local y en la provincial, cosechando premios y distinciones desde muy chico. Un dato que no es menor: en todos los seleccionados que estuvo, siempre salió campeón y si bien no lo hizo con regularidad, ya tuvo algunas experiencias jugando en primera.
En su casa mamó el hecho de ser positivo con sus compañeros, respetuoso con los profesores y otras grandes enseñanzas como valorar que está representando a un montón de jugadores, chicos que tienen la misma ilusión que él y que no pueden llegar a ponerse la camiseta de un seleccionado.
Por eso cada vez que él la luce, lo hace con responsabilidad y orgullo, como lo hizo en Comodoro Rivadavia, donde mostró que su bajo perfil no desentona con su alto vuelo.