Newell’s y Central, al igual que el resto del fútbol argentino y la sociedad en general, vivieron una de las semanas más intensas de los últimos tiempos, incluso con escasos precedentes en la historia, debido al flagelo y la amenaza creciente que significa el avance del coronavirus. Porque en apenas un puñado de días el foco fue mutando desde la pelota, los partidos, las probables formaciones de los equipos y los puntos en juego, hacia las verdaderas cuestiones trascendentes como el cuidado de la salud y la vida misma. Como si se tratase de un “partido” vibrante, las emociones y las preocupaciones fueron irrumpiendo a una velocidad inusitada, impensable hace poco tiempo atrás. Así, de las especulaciones tácticas y estratégicas que implementarían leprosos y canallas en el estreno de la Copa Superliga, la atención se “corrió” sin escalas hacia la prevención de una pandemia que hoy pone en jaque a países de todas las latitudes, sin distinción de desarrollo ni de nivel económico. Por eso, ahora tanto Arroyito y el Parque están bajo el paraguas de la cuarentena, como ocurre para todos los habitantes del país.
Por orden de aparición, Newell’s el pasado sábado a la tarde embarcó desde el aeropuerto de Fisherton rumbo a Santiago del Estero. Sí, es que de manera poco lógica la Superliga dio luz verde al inicio del certamen (Copa Superliga) y los rojinegros, con un Frank Kudelka que avisó que no era el mejor escenario para jugar, enfrentaron el domingo por la noche al Ferroviario, a puertas cerradas. Fue victoria leprosa 2 a 1, con goles de Luis Leal y Matías Nani (en contra). Fueron tres puntos fundamentales para la tabla acumulada para engrosar el promedio y consolidarse en zona de Copa Sudamericana. Pero en la misma capital santiagueña ya se olfateaba que el parate del fútbol sería inminente porque era insostenible que los jugadores pongan en riesgo su salud y la de sus familias en cada viaje para afrontar los partidos, pasando por hoteles y aeropuertos.
Mientras que Central salió a la cancha un día después, el lunes por la noche, cuando recibió a Colón en el Gigante de Arroyito, también sin público por disposición de las autoridades. Es más, antes del partido ya era un hecho que la pelota no seguiría rodando tras ese cotejo que cerró la primera jornada de la Copa Superliga. Con ese contexto enrarecido, los canallas salieron a enfrentar al sabalero. Los tres puntos se fueron para Santa Fe porque los auriazules entregaron todas las ventajas posibles y cayeron 3 a 1 (Marco Ruben).
Al día siguiente, el martes, el gobierno nacional, a través del ministerio de Turismo y Deportes de la Nación, decidió la suspensión de todo el fútbol argentino hasta el próximo 31 de marzo. El ministro Matías Lammens fue el encargado de anunciar la decisión tomada en conjunto con la Asociación del Fútbol Argentino y la Superliga, por pedido de Futbolistas Argentinos Agremiados. A partir de allí ambos planteles rosarinos fueron remitidos a sus respectivos hogares para que tomen las medias de prevención comunes a toda la sociedad, pero manteniendo una rutina especial de entrenamiento para que conserven la forma física mientras dure el parate.
Así, los futbolistas pasaron raudamente de estar en plena actividad y de iniciar un nuevo torneo a quedar desafectados de competir hasta nuevo aviso. El parate se veía venir, pero otra vez la AFA y Superliga estuvieron lentos de reflejos y estiraron los tiempos hasta el extremo de que los futbolistas colmaron su paciencia y plantearon la suspensión de manera unánime.
Mientras tanto, en la política futbolera también hubo novedades. Y Newell’s y Central tendrán representación en la nueva Liga Profesional que conducirá Marcelo Tinelli, como en la renovada grilla de AFA que seguirá bajo el mando de Claudio Chiqui Tapia.
También fue para destacar que las dirigencias de ambas entidades pusieron a disposición sus predios para colaborar con las autoridades sanitarias.
Como en todas las actividades fue una semana de “locos” y el fútbol rosarino no fue la excepción, con Newell’s y Central que pasaron de jugar a estar desde ayer en estricta cuarentena como el resto de los argentinos. Es tiempo de parar la pelota y jugar el partido más importante de todos: el de la vida.