Rusia 2018

Una final para alquilar balcones

El choque entre Francia y Bélgica huele a buen fútbol, con jugadores de la estatura de Mbappé, Griezmann, Pogba, Hazard, De Bruyne y Lukaku. Dos propuestas de juego ambicioso en busca de llegar a la gran final. Es hoy a las 15 por, la Televisión Pública.

Martes 10 de Julio de 2018

No hay ciudad más sugerente que San Petersburgo para recibir a dos de las selecciones que mejor fútbol inspiraron en el Mundial. Francia y Bélgica pueden jactarse de estar en sintonía con ese paisaje cautivante de palacios a la vera del río Neva, de canales atrapantes y de esas cúpulas que eternamente fueron la fuente de imaginación de los clásicos de la literatura. Se enfrentarán dos equipos que supieron marcar el camino con proyectos formativos y con una plena convicción para acompañar el desarrollo de un modelo de juego. Por eso les llegó la hora crucial de dar el paso que antecede a ir por la gloria. Es hoy a las 15, por la Televisión Pública.

Tal vez no sea la semifinal que muchos habrían pensado hace menos de un mes, cuando arrancó el Mundial, pero igual no deja de ser bien vista y recibida. Porque si hay algo de sorpresa es agradable. No se contrapone con el buen gusto, la calidad técnica y la vocación ofensiva.
Desde que sentaron base en Rusia 2018, Bélgica y Francia se encargaron de entregar muestras de sus puras intenciones, de sus convicciones para defender una idea de juego en la que la estética y el espectáculo no están reñidos con la eficacia. Así, cualquiera que sea el ganador, el domingo 15 el estadio de Moscú albergará a un finalista que consagrará a un modelo futbolístico generoso que se saluda con honores. Así y todo, ninguno de los dos podrá permitirse una tarea sin tensión ni nervios. Porque si los 90 no arrojan un ganador, el alargue y los penales se encargarán de agitar la excitación.

Realmente hay que estar en esta ciudad, esa joya que ordenó construir Pedro EI Grande siguiendo los planes mentales que guardaba de su admirada Venecia, para sentir la efervescencia de las grandes citas. Es que el combustible de jugar una instancia tan definitoria ya es suficiente para alimentar las horas previas. Menos para estas dos selecciones que expresaron, como ninguna otra, su origen multirracial y una diversidad cultural también a la hora de jugar. Se comportaron como expresiones colectivas acabadas de apertura y de integración humana, sobre todo yendo contra la corriente de quienes pretenden marcar diferencias. Bélgica y Francia avanzaron hacia una composición en la que la piel y el lugar de nacimiento de sus integrantes no tienen ninguna relevancia. Por eso jugaron cómo jugaron, sólo interesados en la idoneidad.

De hecho, de los 23 jugadores que conforman el plantel belga, 11 son descendientes de inmigrantes. Más del 50 por ciento de los belgas es flamenco, otro tanto francófono y una pequeña minoría es de lengua alemana. Pero la pelota igual los unió. Y la selección los ilusiona.

Igual manera de sentir


También desde cualquier lugar futbolístico del que se lo mire, será el choque de dos seleccionados que tienen más cosas en común que diferencias. No son dos espejos, pero sí cada uno puede reconocerse en varias de las cualidades del otro. Se asimilan en una manera de sentir el fútbol y en la necesidad del control de la pelota para ejercer el dominio y la superioridad. También comparten automatismos. Por ejemplo, cuando ejercen esa presión adelantada para que el equipo no sea emboscado contra su área. Son de hacer intervenir a tantos jugadores en la construcción de las jugadas que seguramente la ocurrencia de alguna individualidad se encargará de definir el pleito. Hay material de sobra para hacerlo. Mbappé, Griezmann, Pogba, Tolisso, Pavard y Kanté conforman el cartel francés. Hazard, De Bruyne, Lukaku, Fellaini, Witsel y Chadli la maquinaria belga.

Ninguna de las dos selecciones vino de paseo, a aprender ni a improvisar. Se armaron para soñar con el título. Mientras otras favoritas, como Alemania, España, Brasil y hasta Argentina, se despidieron prematuramente, los franceses y belgas siguen adelante. El equipo de Didier Deschamps ya lo demostró sacándose de encima a Argentina y Uruguay, dos campeones del mundo. Cuenta con un ataque que mete miedo. Con jugadores, como Mbappé y Griezmann, a quienes les basta un centímetro de espacio para transformarse en bestiales.

El conjunto del español Roberto Martínez también tiene armas para intimidar, para ser vista con respeto por Francia o cualquiera que se le ponga adelante. Basta con mirar su ataque que ya causa escalofríos. Es el equipo más goleador con 14 tantos. Anotó en los 5 partidos que disputó y siempre intervino su tridente de lujo. Hazard, De Bruyne y Lukaku jugaron un partido imperial la noche que será recordada por siempre como el gran campanazo belga contra Brasil. Kazán, la misma ciudad en la que se despidió la selección argentina, fue testigo que lo de Bélgica no fue flor de un día. Que detrás de un equipo está floreciendo un proyecto, una planificación que se riega todos los días.
Choque de planetas

Ni la visión más indiferente podría hablar de un cotejo para mirar de costado. Se asistirá a un choque de planetas que rebasa la ya transcendente instancia por la que jugarán. Dos candidatos más por presente futbolístico que por historia, aunque Francia ya sabe lo que es levantar la copa cuando organizó el Mundial 98. También entiende de decepciones, cuando perdió la final por penales ante Italia en 2006. En cambio, si avanza a la final, para Bélgica será todo de una dimensión desconocida. Sólo registra aquella semifinal que perdió en México 86 cuando Maradona la bajó de un plumazo con dos goles magistrales.

Por todo esto y mucho más, al cruce lo anteceden todos los condimentos para ser catalogado así. Las sensaciones ya no se pueden controlar. Francia-Bélgica huele a buen futbol y mucha pólvora. Tendrá el hechizo de que uno de los dos estará el domingo en la final en Moscú para definir al amo del mundo los próximos cuatros años.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});