Hasta el último relanzamiento, allá por el giro 22, todo parecía cosa juzgada. Agustín Canapino dominaba, afirmaba por radio que no aflojaría y que quería ganar por el recuerdo de su viejo, y todo parecía formar parte de la mística, aunque fue premonitorio. Cuando Catalán Magni quedó detenido y hubo que parar por tercera vez la carrera inicial del campeonato del TC en Viedma, ahí el Titán se quejó y culpó a la mala suerte. A Juan Bautista De Benedictis, que largaría a su lado, le decían que estaban más que conformes con el segundo puesto. Pero puesta la nueva luz verde, el de Necochea buscó rebasarlo por afuera y cuando lo estaba logrando usando más del ancho de la pista, su Ford se enganchó leve con el Chevrolet. Ahí vino el pandemonium y la enorme preocupación. Jonatan Castellano lo embocó casi de costado, mientras Ledesma, Pernía, el parejense Facundo Ardusso y Agrelo se desparramaban por la tierra. No pasó más que un trauma leve en los testículos y un golpe en el tobillo derecho para Canapa, y en el quinto y último lanzamiento, ahora sí, volvió a pasar de todo para que el Pamperito se lleve una victoria increíble.




























