Central

No supo asumir otro rol y lo sufrió

Central no mostró alternativas y resignó el liderazgo. No se rebeló ante la adversidad en el trámite y el resultado.

Lunes 03 de Septiembre de 2018

Se cayó del techo de la Superliga y dejó un charco de impotencia. También algunos interrogantes. Central dejó en evidencia que las vacilaciones continúan. Y eso que atravesaba vientos de calma. Pero Racing lo agarró ayer como nadie de las solapas y lo zamarreó de lo lindo en el Cilindro. Le arrebató la cima y el invicto tras el 2 a 0 no tan laborioso que supo conseguir bajo el cielo del mediodía en Avellaneda. Los canallas no le pusieron esta vez el cuero a la causa. Por primera vez se encontraron con un resultado adverso. Aunque no lograron rebelarse. Es como que se encontraron con otro formato de partido y se les complicó de lo lindo arriba del escenario. Se salieron del eje y volvieron reprobados tras realizar la cuarta presentación del torneo doméstico.

Quizá el silencio de Edgardo Bauza sintetiza el paso auriazul por los caminos de Avellaneda. El entrenador optó por no formular declaraciones ni bien se consumó la derrota. Se subió al micro a paso redoblado y masticando cierto bullicio interno. Tal vez no habló para no herir susceptibilidades en caliente. O para evitar exponer algún sentimiento encontrado (ver página 5).

Lo concreto es que Central ayer quedó maltrecho por la caída. Fue una derrota con perfume de dolor que fue madurando también por mérito propio. Porque jamás pudo darle al entonces alicaído Racing ese golpe de gracia que la comunidad futbolera presagiaba. Sea por presente de uno como de otro, como también por lo que estaba en pugna.

Y eso que los albicelestes se tomaron su tiempo para imponerse. Lo que parecía una obviedad de que saldría a todo ritmo porque así lo exigía este compromiso terminó siendo una mera especulación. Quizá estaba sobrevalorado el equipo del Chacho Coudet, quien por ahora vuelve a oxigenarse sin el respirador artificial.

O acaso Central fue Central. Porque hasta acá no sabía lo que era estar contra las cuerdas. No había experimentado estar abajo en el marcador. No había sentido esa presión. Entonces cuajaba dentro de la lógica saber cómo iba a responder llegado ese momento. Y ayer lo evidenció en carne propia.

Y no supo cómo levantarse tras recibir el primer cachetazo. En vez de reaccionar y ponerse de pie tras el gol de Licha López quedó aturdido. Como entregado. Porque así lo ratificaron además cada una de las líneas. Salvo el arquero Ledesma, que esta vez para sorpresa de muchos cumplió un rol aceptable, independientemente de los dos goles que recibió en el estadio Juan Domingo Perón, el resto estuvo en otra sintonía.

La expedición auriazul terminó naufragando con pena. La gloria quedó para la próxima. Le faltó reacción y acción. Nunca volvió a su eje. Se perdió en el intento. Como nunca antes le había pasado tan bruscamente desde que Bauza está al frente de este pelotón.

Un grupo que ahora deberá reponerse lo más rápido posible y cambiar el chip porque el jueves se jugará el futuro en la Copa Argentina ante Talleres, en cancha de Lanús. Jugadores y cuerpo técnico saben que en esa cita no podrá repetir lo de ayer. Porque la frustración será inevitable.

Y ninguno quiere una nueva hecatombe resultadista. Menos que se altere la real naturaleza del trabajo y el proyecto que está en marcha. Este paso en falso debe tomarse como un aprendizaje. Porque también perder estaba en el libro de las posibilidades. Sobre todo cuando un equipo no tiene aún ese respaldo futbolístico que lo hace inmune a las derrotas.

Aunque lo de Central ayer no pasó desapercibido por Bauza. Porque el Patón sabe mejor que ninguno que así no se llegará lejos, más allá del veranito que estaban pasando en Arroyito. Por algo además se fue sin hablar. Todo un síntoma. Como el del equipo. Que no se salió del libreto original que traía y no supo cómo salir bien parado de Avellaneda. Y así le fue. Volviéndose al pago con la mochila de la derrota y sabiendo que jamás encontró el guión para poder rebelarse. Así dejó el invicto y la punta.

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