Newell's

Newell's no pudo volver a la carrera por el título, pero dio lo que tenía por esa chance ante Boca

Ahora le queda en la mira la Libertadores para cerrar una campaña en la que pocos creían.

Domingo 21 de Mayo de 2017

Hasta acá llegó su amor. O la ilusión máxima, para no ser tan drástico. Porque no es tiempo para serlo. Sería injusto, más allá de la tercera caída en serie ante los rivales que no debía perder, para este Newell's de Diego Osella. Para este equipo que entregó más de lo creíble para perseguir ese sueño mayor que anoche prácticamente quedó trunco con la derrota ajustadísima ante el puntero Boca por 1 a 0. Esa imagen final, con 10 en cancha, con la pelota que no llegó a conectar Formica en las barbas del arquero rival en la última bola, con una lucha inclaudicable, resumen como nada este tránsito rojinegro por el campeonato, forzando un destino insuperable al que ahora le quedó uno más terrenal, el de entrar a la Copa Libertadores, que también merecería el aplauso de sus fieles más allá de la inevitable tristeza que le dejó su paso por La Bombonera.

   Las formas importan. Claro que sí, más allá de que el espectáculo pudo ser feo a la vista de un desprevenido. En eso, haciendo abstracción de la seguidilla de derrotas, ayer sí Newell's estuvo a la altura de lo que el momento requería. En actitud, en compromiso y, por qué no, también en juego. Aun con sus propios fantasmas a cuestas, enfrente estaba el puntero y en su casa. Y fue serio en la propuesta, por más que también sus carencias lo condenaron. Flojo para defender "la" pelota del partido, con mucha sapiencia pero sin rapidez adelante para tener más punch.

   La lentitud en la marca de Domínguez ante un 9 de quilates y la tardía respuesta de Pocrnjic fueron causa de lo primero. La veteranía del tridente talentoso leproso, consecuencia de lo segundo. Pero no esmerila la sensación de que, anoche en La Bombonera, dejó lo que tenía persiguiendo un sueño que de tan increíble, muchos de los propios ni siquiera creían.

   También, por supuesto, la puesta en escena de ayer, de un equipo al que hasta el gol de Benedetto el partido parecía quedarle a la medida, tuvo mucho que ver con el rol de partenaire que más le convino a Newell's en este campeonato. El de jugar con espacios por la obligación del rival, el de no tener la exclusiva presión sobre los hombros como le pasó en gran medida ante Independiente y también ante Central. Porque aunque para el conjunto rojinegro era la última chance de terciar por el título, la mayor exigencia la tenía Boca, porque aparentaba (y aparenta) un líder capaz de caerse y porque volvía a jugar de local tras perder también el clásico.

   En esa distribución de exigencias, Newell's fue serio, estuvo a la altura de la cosecha en la tabla y también dejó claro que no pudo, no tuvo con qué, perforar ese techo que supo correr hasta lo inimaginable. Así, amén de que la victoria xeneize fue indiscutible, la peleó hasta el final aún con uno menos y se le escapó su última oportunidad de campeonato luchando por ella y haciendo que en La Bombonera todos terminaran mirando el reloj.

   La dura estadística, que tantas veces le entregó guiños, hoy parece haberle cerrado los ojos. Pero si, pese a la frustración, Newell's entiende que la clasificación a la Copa Libertadores sería un magnífico premio, está a tiempo de reciclarse. Por qué no.

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