En la saga que protagonizó Lionel Messi esta semana, que tuvo en vilo al mundo deportivo, hay algo que quedó clarísimo y que seguramente el crack rosarino, su familia y su círculo íntimo tomaron nota. Y es que al poderoso Barcelona como club poco le importó su voluntad de querer cambiar de aire. Lo mismo corre para gran parte de los hinchas blaugranas, esos que tantas veces celebraron títulos (34) de la mano del talentoso del número diez. Porque los fanáticos del Barça no se movilizaron para tratar de convencer a Leo desde el afecto para que se quede e incluso hasta pusieron en duda su idolatría si la Pulga se animaba a pegar el portazo. Todo lo contrario de lo que se vivió en su Rosario natal, donde a pesar de las restricciones por la pandemia los hinchas de Newell’s en caravana hicieron sonar las bocinas de sus autos y agitaron las banderas rojinegras en apoyo a Messi, en un grito de afecto que cruzó el océano para avisarle que en el Parque lo aman y que siempre tiene abiertas las puertas para jugar en el Coloso. Y Messi, por había alguna duda, ahora lo sabe.


























