Newell's, sin fútbol ni reacción, cayó rendido ante Olimpo
El realista dirá que Newell’s jugó espantoso y por eso perdió. Y esa es una cruda verdad.
Claro que también hay otras visiones que pueden hacerse. Porque el pesimista, ese que se llenó de
bronca y se fue del Coloso maldiciendo con una enorme preocupación por el juego ausente, sostendrá
que jugando así no se puede ganar...
27 de mayo 2008 · 01:00hs
El realista dirá que Newell’s jugó espantoso y por eso perdió. Y esa es
una cruda verdad. Claro que también hay otras visiones que pueden hacerse. Porque el pesimista, ese
que se llenó de bronca y se fue del Coloso maldiciendo con una enorme preocupación por el juego
ausente, sostendrá que jugando así no se puede ganar. Una lectura con cierta lógica. Pero el
optimista observará que no todo está perdido, todo lo contrario. La Lepra depende de sí mismo y
está a sólo un paso de la salvación total. Las matemáticas lo avalan, aunque a la calculadora
rojinegra habrá que ponerles pilas nuevas para que pueda seguir funcionando y se alcance el
objetivo final.
La derrota de ayer preocupó, y mucho. Porque se jugó ante
un rival directo y porque el equipo de Caruso estaba ante la enorme posibilidad de quedar a un solo
punto de escaparle a la promoción. Y después jugar con la tranquilidad absoluta en los partidos que
restan para el final. Eso no sucedió porque Newell’s continuó paralizado, sin reacción, sin
ideas y carente de actitud. Claro que esto no viene de ahora sino de hace tres fechas. Tan es así
que de los últimos doce puntos sólo rescató uno.
Jugar con todos los resultados puestos podía ser favorable
o no. El miedo a la relajación estaba latente y sobre eso se había hablado en la semana. Y, quizás,
hubo algo de eso que terminó opacando un lunes que podría haber sido festivo. Olimpo salió al ruedo
para disputar una final, la misma que tenían los leprosos. La diferencia estuvo en que uno la
sintió así y el otro no.
¿El empate pudo ser el resultado que más le cabía al
choque? Sin dudas que sí, aunque los rojinegros se acordaron de ponerle énfasis al ataque cuando
Olivi había dejado en silencio a todo el estadio con su cabezazo goleador. Hasta ese momento el
bahiense había ocupado territorio enemigo y jugaba lejos del arco de Ramírez.
El resultado adverso y el grito desesperado de un Coloso sediento de
alegría y que reclamaba más "huevo" empujaron a los jugadores, que a los pelotazos intentaban
calmar la ansiedad. No había sorpresas y la táctica era repetida. Centro para encontrar un cabezazo
salvador. Salcedo metió afuera; Da Silva otro que encontró Ramírez y Spolli tuvo el suyo pero el
arquero bahiense respoondió. Ni tres puntos ni uno. En casa y con las manos vacías. Newell’s
no sumó y prolongó el sufrimiento. Está a tiempo de alcanzar la meta, pero debe reaccionar.