Ovación

Newell's debutó ganando

Quedará para el telebeam dilucidar si Germán Ré estaba o no en posición adelantada al momento del gol. Pero hasta en ese caso se podrá decir que el Colorado no tuvo intenciones de pegarle a la pelota. Es que el "bueno" de Sessa dio rebote hacia adelante ante el misil por tierra de Machín y al Colorado simplemente le pegó en la rodilla para que se...

Sábado 09 de Agosto de 2008

Quedará para el telebeam dilucidar si Germán Ré estaba o no en posición adelantada al momento del gol. Pero hasta en ese caso se podrá decir que el Colorado no tuvo intenciones de pegarle a la pelota. Es que el "bueno" de Sessa dio rebote hacia adelante ante el misil por tierra de Machín y al Colorado simplemente le pegó en la rodilla para que se convierta en el triunfo de Newell’s que, como mínimo, aventará cualquier discusión que se plantee sobre todo lo que pasó en la semana previa. Mejor, imposible.

Y también se podrá decir que fue hasta ese momento que Newell’s pretendió ser lo que le transmitió Gamboa en la semana: un equipo agresivo, que juegue más en campo del rival. Lo demás fue otro cantar. El gol de rebote de Ré marcó entonces el antes y después de un partido que se edificó a la conveniencia de su equipo. Inclusive, el increíble cabezazo marrado en el final por Alonso, solo, que reafirmó la sensación de que tenía que ser sí o sí "la" noche rojinegra, fue un oasis en medio de la impotencia de Gimnasia.

Es que Newell’s siempre impresionó como mejor estructurado y cuando dejó de inquietar con las constantes subidas de Aguilar, más la presión de Pablo Pérez más adelante del círculo central, retrocedió bien armado y pareció sentirse más cómodo para la contra que nunca consolidó. Claro que Da Silva y Ferreyra, que regaron de sudor la cancha, desde la apertura de Ré quedaban demasiados pegados a los volantes. Y aunque Gimnasia, urgido por la necesidad de un debut convincente y su bajo promedio, también hizo lo suyo para arrimar peligro, lo cierto es que el equipo de Gamboa lo dejó venir demasiado y se expuso al error. Por suerte, la jerarquía del Pampa Sosa nunca encontró socios, ni siquiera en el ingresado Diego Alonso.

Por eso Newell’s, excepto por esa acción de Alonso, no sufrió demasiado. E inclusive la desesperación del Lobo que lo obligó a buscar por arriba más de lo aconsejable, con centros frontales, permitió que Insaurralde lavara su imagen dubitativa del comienzo para terminar haciéndose fuerte en su altura, cerrando el último foco de incertidumbre abajo pese a que Schiavi no pareció tan cómodo a su lado. Y Aguilar y Ré se encargaron de que el rival no progresara por las bandas, mientras delante de la línea de cuatro Bernardello minimizaba el talento de Messera.

Así se fueron llenando todos los minutos en el Bosque. Entre un equipo que no sabía cómo lastimar y otro que ya se había conformado con el daño hecho. No hubo mucho más. Lo que vino después con el pitazo final de Maglio fue lo que más llenó los corazones de unos y otros. De angustia en el Lobo y de inmensa satisfacción y alivio en Newell’s. Nada mal para empezar así un nuevo ciclo. Aunque sea de rebote. l

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