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Messi y las diez razones de la ilusión por el Diez

Lionel Messi juega su mejor torneo de selección y Ovación analiza en qué se potenció para soñar con su primer título en Copa América y cortar 28 años de sequía.

Viernes 09 de Julio de 2021

Lionel Messi siempre fue el distinto. En Barcelona, por supuesto, y en la selección argentina. Siempre marcó la diferencia, cosechó elogios y se ganó el respeto. Sin embargo algo cambió y potenció aún más su incidencia. A tal punto que, más allá de que sigue liderando el equipo de todos, lo hace desde otro lugar. Con alegría, sin la mochila que injustamente le colgaron por no haber podido ganar tres finales, dos perdidas por penales y una en alargue, en el estadio donde definirá el sábado una más, la cuarta en siete años. Porque eso increíblemente parece haber logrado. Sacarse la presión de esos 28 años sin títulos oficiales, en un equipo aún por hacerse, con un entrenador aún por hacerse y donde mejor conjuga con sus compañeros, menos dependientes de él. “Orgulloso y feliz de perteneces a este grupo”, grita a los cuatro vientos desde las redes sociales y agradece a Dios “por seguir regalándome estos momentos”. Y como para que no queden dudas de qué es lo que sueña, remata: “Vamos por la gloria”.

Después de todos los malos tragos, de las críticas despiadadas, hasta de esa renuncia en 2016 que nunca se consumó en la práctica, a los 34 años Messi es lo que dice. Un tipo feliz, un jugador feliz. Quizás como nunca antes en la selección argentina. Pero hay datos objetivos que apuntalan esa sensación, que se vieron como un cambio notorio y que cosecharon todos los aplausos. Al punto que, lo dicho, otra vez con la gloria al alcance ni siquiera parece sentir la presión desmedida de otras finales por alcanzarla. Y esos datos pueden resumirse en 10 puntos. Claro, debían ser diez.

1 La banca absoluta

Desde un primer momento, cuando aún se trataba de un lógico interinato para superar el cimbronazo del golpe con Jorge Sampaoli, Leo bancó a este cuerpo técnico inédito, encabezado por alguien sin ninguna experiencia en la conducción de grupos. ¿Qué vio? Que se iniciaba una reconstrucción y que si se empezaba de abajo, porqué no hacerlo hasta con el mismo entrenador, muy joven él, que enseguida dio muestras de que iba a llevarla adelante, apuntalando a una nueva generación con coherencia. Con Messi de eje, claro, pero rodeado por futbolistas con hambre de gloria dispuestos a aprovechar la oportunidad. Un combo en el que siempre se sintió a gusto y lo hizo saber.

2 La voz de mando

Ya en la Copa América 2019 empezó a gestarse ese cambio, una nueva selección joven y dinámica asomó, y Messi fue la voz como nunca del grupo. Hablando en la cancha, protestando, despachándose hasta con la Conmebol después de la semifinal con Brasil. No se calló nada. Nunca se lo había visto así. Y puede engañar el hecho de que, al ser sin público, se escuche más lo que dicen los jugadores, pero ante Colombia además Messi prepeó, como con Yerri Mina, y fue tremendo cómo gritó cada penal.

3 El himno también

Cantar o no cantar el himno no hizo nunca a la cuestión de su sentimiento por la camiseta argentina, pero no entonarlo generó un ruido innecesario, una crítica agregada al momento de la desazón por las finales perdidas. Pero esa postura que hasta podía asociarse con cierta timidez para exteriorizarse en un canto, se revirtió completamente. En esta Copa América, donde además la TV transmitió la voz de los propios jugadores, Messi lo cantó con alma y vida. Y otro dato no menor, abrazados todos los jugadores como nunca antes se había visto. El gesto no gana partidos, pero habla de un todo.

4 Un nivel alto siempre

En esta selección no se lo busca a Messi siempre, como si existiera la obligación. Hay variantes, aparecen otras sociedades, pero está claro que en sus pies es donde más se producen los desequilibrios. Messi jugó hasta aquí seis partidos al más alto nivel, en cuatro de ellos fue elegido el mejor jugador y, a diferencia de las otras copas o los Mundiales, donde tuvo intermitencias, no bajó nunca su performance.

5 Una preparación impecable

A los 34 años, Messi luce una preparación física inmejorable. No lagunea como pasó en varias oportunidades. Hubo partidos excepcionales en ese aspecto. Contra Uruguay fue uno de ellos, recuperando pelotas en los minutos finales, aguantando a pura fuerza la pelota contra un lateral. Y lo mismo pasó ante Colombia en las semifinales, obligando en los minutos finales a faltas cerca del área luego de dejar en el camino a dos o tres rivales en velocidad. Tremendo en ese aspecto.

6 Jugó todo

Es cierto que nunca suele salir, pero Messi tuvo asistencia perfecta. Bien pudo quedar afuera en el último partido de la fase de grupos ante Bolivia pero no quiso y Scaloni lo respetó, sin siquiera sustituirlo con el partido liquidado. Y lo dicho, después de los cuartos de final intensos ante Ecuador, a los tres días volvió a sobresalir en lo físico ante Colombia. Jugó los 540 minutos de la Copa, más los adicionales.

7 Primero en todo

Como si todo lo anterior no fuera poco, Messi es el goleador de la Copa América y lidera la tabla de asistencias, pero además está en todas las situaciones de gol argentinas. Amén del gol a Lautaro Martínez en la semifinal, antes le había servido otro, a Nicolás González, fue él el que se la puso en la cabeza cuando la sacó Ospina, le dio un pase bárbaro a Tagliafico en el final que casi desnivela de aire. En fin, completo.

8 Un penal que valió oro

Leo marcó de penal ante Bolivia, pero el del martes a la noche valió oro. Es que el último que había pateado en definición de llaves lo había marrado, ante Chile, en la final de la Copa América 2016. Era fundamental hacerlo y más porque fue el primero de la serie para Argentina y ya había convertido Juan Cuadrado. Y fue uno de los mejores que haya convertido, alto, al ángulo, imposible para cualquier arquero aunque acierte el palo.

9 El corazón a flor de piel

Si algo más faltaba para determinarlo, en la definición por penales se vio claramente la procesión que Leo lleva por dentro en ese peregrinar hacia el sueño que nunca deja de perseguir. No sólo por cómo gritó el propio, sino por cómo actuó en los demás. Como capitán que es y líder, fue el que salió de la hilera para ir a consolar a Rodrigo De Paul cuando erró el único argentino, pero también el primero en abrazar a Paredes y Lautaro Martínez cuando convirtieron los suyos, después de gritarlo como endemoniado. Además, lo dicho, no se calló gritarle a Yerri Mina cuando Dibu Martínez le contuvo el penal. Y cuando el arquero atajó el quinto, salió disparado y emocionó verlo gritar y saltar como un chico en la montonera de felicidad.

10 El Diez, por el Diez

El punto número 10 por supuesto tiene que ver con su eterna comparación con Diego Maradona. Y si algo faltaba para reflejarla, fue el tobillo izquierdo ensangrentado que hizo recordar tanto al del Mundial de Italia 90. También el abrazo sentido de Leo con Emiliano Martínez, que tan parecido fue al de la tapa de El Gráfico de Diego y Goycochea tras el triunfo ante Yugoslavia en los cuartos de final. Es el primer campeonato que Argentina juega sin el 10 eterno, sin el rey, y el príncipe heredero parece estar asumiendo ese mandato. Los símbolos juegan, la cultura enraízada también. Hoy hay un solo terrenal y es Messi, decidido a conducir a la selección a la gloria, contra el mejor del continente como es Brasil y en su casa histórica del Maracaná.

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