“Alguien dijo una vez, que yo me fui de mi barrio, ¿cuándo?, ¿pero cuándo?, si siempre estoy llegando”.

Por Lucas Vitantonio
Virginia Benedetto / La Capital
Reencuentro. Antonella Roccuzzo, la esposa de Leo, explota de alegría y corre a abrazar a Messi apenas lo ve en la pista del aeropuerto de Fisherton.
“Alguien dijo una vez, que yo me fui de mi barrio, ¿cuándo?, ¿pero cuándo?, si siempre estoy llegando”.
Aníbal Troilo
Lionel Messi volvió a su tierra con la gloria en las manos. La Pulga, que luchó tantas veces y nunca había podido coronar un título con la selección mayor, el sábado por la noche se redimió y logró gritar bien fuerte campeón en el mismísimo templo brasileño del fútbol: el Maracaná. Leo regresó a Rosario como el gladiador que consumó su faena, con la frente bien alta como también la tuvo cada vez que las finales anteriores le negaron la vuelta olímpica. Pero esta esta vez sí se calzó la corona y en encima lo hizo en los dominios del Rey Pelé. La alegría inconmensurable de Messi desembarcando en el aeropuerto de Fisherton reflejó la sonrisa de todo un país y, en especial, de esta ciudad que lo adora, lo idolatra y está orgullosa de que sea su embajador futbolístico en cada rincón del mundo. Leo, ahora más que nunca, integra la selecta galería de ídolos populares deportivos argentinos. Salud, Messi. Salud, campeón. El diez posteó en las redes: "Gracias Dios por haberme hecho argentino".
El diez rosarino aterrizó pasado el mediodía en el aeropuerto Islas Malvinas como nunca lo había hecho antes en su gloriosa etapa de jugador. Esta vez fue con la estrella de campeón de la selección mayor, logrando alzar la Copa América en Brasil. Llegó en su avión privado junto a Angel Di María, autor del golazo que valió cortar la sequía de 28 años sin títulos, y con Giovani Lo Celso, el otro rosarino que fue titular en la noche de la consagración en Río.
En plena pista el capitán albiceleste recibió el abrazo efusivo de su esposa Antonella Rocuzzo, que corrió a su encuentro para felicitar al campeón. Luego el diez partió rumbo a un domicilio familiar para celebrar con los suyos en Funes y alzar bien alto a sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. Los tres ya lo habían felicitado en un video luciendo la camiseta argentina y cantando por la selección. Esta vez disfrutaron la vuelta olímpica de su papá con la albiceleste, tras tantos festejos con el Barcelona.
Justamente ahora se vendrán días decisivos para conocer el futuro deportivo de la Pulga, ya que si bien Barcelona sería el principal candidato a contratarlo, al club catalán le está costando más de la cuenta oficializar la renovación. Igual el culé pica en punta para quedarse con el diez, pero la pelota del futuro aún está en el aire y por ahora la Pulga es jugador libre. La definición de su futuro deportivo es inminente.
Messi está feliz y a su ciudad le regaló una alegría inmensa en los tiempos complejos de la pandemia. Es la historia de un muchachito que con las medias bajas hacía jueguitos en los potreros de la zona sur, muy tímido pero atrevido con la pelota para gambetear, que luego deslumbró en el baby de Newell’s y que pegó el gran salto al poderoso Barcelona para ganar todo y convertirse en el mejor jugador del mundo. Hoy, a los 34 años, logró concretar el sueño de darle un título a la camiseta que más ama. Y con el plus de haber perdido antes cuatro finales (tres de Copa América y la del Mundial 2014), pero sin haber bajado la guardia ni entregarse jamás.
Por ello al campeonato del mundo Sub 20 que obtuvo en 2005 en Holanda y a la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 con los juveniles, ahora le suma la gran estrella de la Copa América 2021, venciendo nada menos que a Brasil en el mítico Maracaná de Río.
Messi regresó a sus pagos iluminado por la gloria. Tuvo recompensa en un largo camino lleno de esfuerzo, goles y asistencias que antes no habían tenido correlato con un título. Pero Leo también supo gambetear al destino, alzó la copa de la eterna victoria y vivió su propio Maracanazo. Su ciudad y el país entero explotaron de algarabía en una de las noches más felices de la rica historia de la selección argentina.
Leo volvió triunfante a la ciudad donde comenzó su leyenda y esta vez, como se lo merecía más que ninguno por no rendirse jamás, gritando bien fuerte “dale campeón”. El destino quiso que sea rosarino y él mismo eligió a esta cuidad para retornar siempre. Esta vez lo hizo con la copa y la alegría abajo del brazo.
“Gracias Dios por haberme hecho argentino
"En Maracaná y en el clásico ante Brasil...
"Fue una copa increíble, sabemos que todavía podemos mejorar muchas cosas, pero la verdad es que los pibes dejaron el alma y no puedo estar más orgulloso de tener la suerte de ser capitán de este grupo espectacular.
"Este éxito se lo quiero dedicar a mi familia que siempre me dio la fuerza para seguir adelante, a mis amigos que tanto quiero, a toda la gente que nos banca y en especial a los 45 millones de argentinos que tan mal la pasaron con esta mierda de virus, sobre todo a los que les tocó más de cerca. Va por todos ustedes. Y por supuesto también por el Diego que seguro nos bancó desde donde esté.
"Para poder seguir festejando nos tenemos que seguir cuidando, no nos olvidemos que aún queda mucho para volver a la normalidad y aprovechen esta felicidad para agarrar un poco de fuerza para luchar juntos para ganar al virus.
"Gracias Dios por todo lo que me diste y gracias por haberme hecho argentino!!! CAMPEONES DE AMÉRICA!!!!!!"




