Ovación

La Generación del 80

La gira de Atlético del Rosario de 1980 por las Islas Británicas amalgamó un grupo que hizo historia. Muchos de ellos luego fueron entrenadores. Daniel Baetti fue DT de Los Pumas y Alejandro Risler, presidente de la UAR.

Viernes 21 de Febrero de 2020

Atlético del Rosario hacía rato que ya había celebrado su centenario de vida, cuando en 1974 realizó su primera gira con un plantel de rugby teniendo como destino las Islas Británicas. Era una época difícil y concretarla significó un esfuerzo tremendo de parte de los que fueron parte, sobre todo por lo económico. Ese periplo, si bien sirvió para aquilatar experiencia no fue del todo satisfactoria. Fue como que algunas cosas quedaron en el tintero y unos años después, en 1980, pudieron sacarse esa espina con otra gira, la que comenzó el viernes 22 de febrero y de la que mañana se cumplen cuarenta años.

Para el rugby del viejo Plaza Jewell fue concretar un sueño que había empezado seis años antes de otra forma, consiguiendo un resultado totalmente positivo desde el punto de vista deportivo y también social. La gira de 1980 no solamente consolidó un grupo sino que creó entre sus participantes un vínculo indisoluble que fue mucho más allá del campo de juego. La mesa de los jueves en el pasaje Gould es el mejor ejemplo.

Su fanatismo por el juego se extendió aún cuando colgaron los botines. De ese grupo salieron muchos entrenadores que condujeron por muchos años no sólo equipos juveniles de Plaza, sino también la primera división. De ese plantel también salieron un entrenador de Los Pumas, Daniel Baetti, y un presidente de la Unión Argentina de Rugby, Alejandro Risler.

"Eran otros tiempos. En 1974 no había celulares (los mensajes los mandábamos a través de tarjetas postales) y mucho menos videos para ver partidos, como pasa hoy. Por eso el aprendizaje de ir a Europa y ver cómo jugaban los europeos no tenía precio. "La gira de 1974 fue heroica, a tal punto que dormíamos todos juntos en una cuadra con cuchetas, pero la de 1980 estuvo mejor armada: en la primera Gonzalo del Cerro fue solo y en la segunda tuvo dos grandes laderos con Charly Imbert (el otro entrenador) y Norberto de la Torre, el presidente de la delegación", destacó Ricardo Castagna, integrante del plantel en ambas giras.

"La situación económica también fue distinta. En 1974 hicimos un esfuerzo enorme para juntar el dinero, mientras que en 1980 fue mucho más fácil juntarlo... eran los tiempos de la plata dulce", agregó Víctor Macat, quien al igual que Castagna estuvo presente en los dos viajes.

En ambas ocasiones, el espíritu de equipo se manifestó antes y durante las giras. Trabajaron mucho, pero lo cierto es que el club se puso atrás de la gira y de ese equipo. Y eso los potenció.

Para entender un poco lo que significaron esos viajes para la historia del club, es menester contextualizar el momento.

Desde finales de 1972 a 1980 el equipo fue evidenciando un crecimiento sostenido, algo que quedó de manifiesto en la cantidad de campeonatos oficiales ganados en Rosario en esa época. De hecho, cuando arrancó la gira de 1980, Plaza ya ostentaba siete de los trece títulos que ganó de manera consecutiva en nuestro medio.

En esa época, Atlético del Rosario tenía la hegemonía del rugby en Rosario, era el equipo a vencer, no sólo por los resultados que le daban la derecha sino fundamentalmente por el nivel de juego. Mucha competencia interna, que lo hizo crecer más y muchos de sus integrantes, la gran mayoría, jugaba en el seleccionado de la URR lo que le daba un plus. Eran tiempos en los que cuando el seleccionado de Rosario se enfrentaba al de Buenos Aires, lo hacía con Los Pumas, y más allá de los quilates de su rival salían partidos tremendamente parejos.

Hasta 1974 Plaza tenía un juego vistoso, pero no tenía contundencia. Después de la gira de 1974, Atlético empezó a tenerla, especialmente con los forwards. Esa gira despertó a los delanteros, que se dieron cuenta de su potencial.

Entre gira y gira, el plantel fue cambiando. Si bien no hubo un recambio generalizado, se fueron incorporando jugadores muy jerarquizados que fueron ocupando el lugar de algunos históricos: Joaquín Scilabra y Jorge Seaton dejaron de jugar y aparecieron chicos como Marcelo Dip y Daniel Baetti, por ejemplo. La mezcla se fue haciendo naturalmente, ya que la idea de los más grandes era la de “yo no voy a dejar de jugar, a mí me tienen que sacar” algo que alimentó una sana competencia interna que favoreció al grupo.

En la gira de 1980, el club buscó consolidar el esfuerzo que se hizo en 1974 y lo consiguió. Se fusionaron dos camadas, una con la experiencia que de los más grandes y otra con la frescura de la juventud (que ya tenían un par de años en primera) algo que hizo que el equipo explote. “Antes los padecíamos y después los disfrutamos”, contó Tatá Casals, ilustrando las diferencias con los que fueron algunos de sus compañeros en la gira de 1980 y que años antes habían sido sus entrenadores en equipos juveniles.

“Creo que la gira de 1980 si se caracteriza por algo fue por la amplitud del número de jugadores que participaron de esa experiencia, que tuvo un fuerte componente de entrenamiento y de variaciones de los equipos A y B”, dijo Gonzalo del Cerro entrenador del equipo. “Además, en cuanto a los rivales que enfrentamos, tuvo mayor jerarquía que la primera, y jugando ante buenos rivales, se aprende. Y los jugadores aprendieron mucho. La calidad del equipo fue más homogénea que en la primera gira. Hubo un número muy grande de jugadores con virtudes técnicas y tácticas fuertes, que ampliaron el número del plantel, llevándolo de 18 a 30 y eso le permitió al club tener un trayectoria de éxito mucho más larga, algo que se prolongó muchos años”, completó el entrenador, artífice principal de ambas giras.

La gira unió tanto al grupo que, cuando estaban pegando la vuelta, ya empezaron a organizar la próxima gira, que sería en 1981 y tenía como destino Nueva Zelanda y Australia, pero esa tiene otra historia.

Esta noche, juntos otra vez

Esta noche, en la intimidad del club, el plantel que viajó a las Islas Británicas en 1980 tendrá un nuevo reencuentro en el que no faltarán las anécdotas ni el recuerdo de los que ya no están: Charly Imbert, Marcos Iachetti, Gerardo Torno, Alejandro Risler, Carlos Marengo y Diego García.

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