Ovación

Komar, de Rosario a Boca

No jugó ayer el superclásico pero es de Boca. Tiene 18 años, vive desde hace cuatro en la pensión xeneize y se lo considera una “promesa”. Dice que no siente presión y que duerme tranquilo.

Viernes 21 de Noviembre de 2014

Ayer no jugó el superclásico, aún no es figurita de álbum ni tapa de diarios deportivos y todavía descansa mansamente la noche anterior y  posterior a un partido clave. Todas son muestras de que el rosarino Juan Cruz Komar, de 18 años, 1,90 metro y diestro, aún no es una estrella.  Ya jugó por primera vez como marcador central en la primera de Boca Juniors pero tiene muy claro que  eso fue apenas el comienzo. No se la cree. Y eso que muchos ya hablan de él como “una promesa” del fútbol argentino y como un pibe “bueno en el juego aéreo”. Al menos eso se lee en varias notas periodísticas y así se lo se promociona en una publicidad de una “bebida isotónica, usada para rehidratar y recuperar carbohidratos y electrolitos agotados durante el ejercicio”. ¿Qué tal?
  Juan Cruz debutó contra San Lorenzo el domingo 9 de noviembre y pasó por un doble bautismo: el que le hicieron sus compañeros de equipo al raparlo completamente hasta dejarlo pelado antes de entrar a la cancha (ver foto) y el de la lluvia que sin tregua cayó sobre él y los otros 21 jugadores durante los 90 minutos en que el cuervo venció al xeneixe 2 a 0.
Uno de los goles fue convertido por el azulgrana Martín Cauteruccio y muchos responsabilizaron al  rosarino por perder la marca. Pero Juan Cruz no esquivó el bulto e hizo autocrítica: “Me distraje al mirar la pelota y no la marca. Pero no me derrumbé: los jugadores nos preparamos para enfrentar estos momentos, incluso los grandes jugadores, los más experimentados, cometen errores. El tema es analizar el error y trabajar para superarlo”.
—¿Y dormiste tranquilo tras el partido pese a que recibiste críticas?
—Sí, dormí tranquilo.
  Hace bien Komar en mantener la calma, ya que el fútbol es impiadoso y exitista hasta con los chicos. El escritor Juan Pablo Meneses sostiene eso en su libro “Niños futbolistas”. Asegura, entre otras cosas, que un chico “a los 16 años es muy viejo para la compraventa”. Si a eso se agrega que para los hinchas, un jugador o técnico pueden pasar del Olimpo al averno en cuestión de segundos, el panorama es desolador. Juan Cruz lo sabe: es consciente de que los logros y los esfuerzos, en el fútbol, se eliminan de un plumazo. Basta el párrafo de una crónica  sobre su primer cotejo en primera para resaltar apenas un logro.
  “A los seis minutos del partido, San Lorenzo tuvo chances de gol, primero en los pies de (Gonzalo) Verón y luego en los de (Juan Ignacio) Mercier, pero primero Komar, y luego (Federico) Carrizo, lo evitaron”.
  En cambio para hablar de los esfuerzos, hay que escucharlo a Juan Cruz relatar pasajes de los últimos años de su vida, cuando con sólo 14 años dejó Rosario y se fue a vivir a la pensión de Boca en Buenos Aires.
    Nació en Fisherton, luego se mudó a la otra punta de la ciudad, a pocas cuadras del Politécnico, y salvo jardín de infantes cursó toda la escolaridad en la Dante Alighieri, donde se lució como abanderado. Hasta los 5 años no le entusiasmaba mucho jugar a la pelota, “sólo me gustaba la música, andaba por todos lados con el grabador y los cassettes”, dijo. Aunque reconoció que un día hizo “clic” y eso marcó su destino: primero jugó en Adiur, luego en Renato Cesarini y siempre en los recreos. Pero como “nadie es profeta en su tierra”, recién se comenzó a escuchar por estos lares por qué se le escapó este pibe a la ciudad, recién después de su debut en la primera de Boca.
  De papá futbolero, madre docente, un hermano que juega en las inferiores de Central y dos hermanas pequeñas (una  juega al fútbol y otra al vóley), Komar recordó el momento en que veedores de Boca vinieron a Rosario, lo probaron, viajó a Buenos Aires y quedó seleccionado.
  “Estaba en segundo año del colegio secundario, me iba bien, mi mamá y mis abuelas no querían saber nada con que me vaya y yo dudé porque soy familiero. Pero probé. Y el primer año fue duro futbolísticamente, porque extrañaba y jugaba poco, ni en el banco estaba. Para los chicos de afuera no es fácil, me sostenían mucho mis viejos. Pensé en volverme y probar suerte en Central o Ñuls, pero mi papá me dijo: aguantá este primer año, si luego seguís dudando te pegás la vuelta sin problemas. Y tuvo razón, era cuestión de
adaptarse, de tiempo, de seguir trabajando, tranquilo, como ahora”.
  Juan Cruz habló de su primer amigo.  Se llama Bruno Laure, es  de  Molina (a 70 kilómetros de Rosario) y volvió a Central. Y recordó también que el segundo año, con 15 y en 7ª división, comenzó a jugar, se tuvo más confianza y le fue mejor.
  ¿Cómo es su vida ahora? En algunos aspectos cambió mucho y en otros casi nada. Vive desde hace cuatro años en la pensión de Boca y entre amigos (duerme en una pieza con cuatro compañeros), sus vacaciones son más cortas que las del resto de la familia porque debe entrenar (cosa que hace todos los días menos los lunes); sigue siendo abanderado, pero de un colegio público y vespertino en San Telmo y no pudo ir de viaje de estudios con sus compañeros de la Dante. Pero sigue jugando a la pelota con pasión como desde cuando hizo “clic” y continúan escuchando música: ahora al Indio Solari y al grupo español de rock punk Ska-P. Dice que al terminar el secundario estudiará periodismo deportivo. Le gusta cómo juegan Sergio Ramos (defensor de Real Madrid) y Juan Forlín (zaguero de Boca) y siempre resalta la figura de Nicolás Burdisso (hoy en Genoa de Italia). Y ahora, como en el primer año en Buenos Aires en que optó por ser “paciente”, apela a la misma filosofía tras el debut con los grandes de su club. “Estoy en Boca, un gran club, y seguiré trabajando mucho”, dijo antes de remarcar que tratará de seguir durmiendo “tranquilo”, por mucho tiempo.

”Trabajo para jugar alguna vez un clásico pero por ahora lo veo desde la platea”

Ayer a Juan Cruz y a otros compañeros, el cuerpo técnico de Boca los habilitó a ingresar a los vestuarios para acompañar a los titulares. “Nos sentimos parte del equipo aunque no jugamos; sólo estamos allí para vivir ese importante momento de entrada en calor y concentración. Pero el partido lo veré desde la platea baja, con ansiedad. Trabajo para alguna vez jugar el superclásico, pero no me apuro, voy tranquilo”, dijo aún calvo tras su bautismo.

 

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