Argentina emociona. Estremece. Enloquece. Hace delirar. Y lo hace jugando al fútbol, con armas lícitas y un corazón gigantesco. La Scaloneta lo hizo de nuevo. Esta vez teniendo que remontar una desventaja totalmente inmerecida, pero haciendo lo que mejor sabe, divertirse con la pelota. Así terminó humillando a Inglaterra, que dicen ser lo inventores del fútbol. Allá ellos. La selección debió golearlos increíblemente después de estar 0-1, pero le alcanzó con los goles de Enzo y Lautaro. Ya no importaban los apellidos, para poner el 2 a 1 definitivo y desatar el carnaval en Atlanta. Y en el país entero.
Ahora la final será el domingo ante España en Nueva Jersey, pero eso a esta altura con la alegría desbordante en el cuerpo casi que no importa. Argentina es un equipazo y sigue haciendo camino. Aplausos de pie para estos Muchachos de Oro que le regalaron al país una alegría similar a la de México 1986, con aquellos goles de Diego. Hoy todos fueron Maradona y llegaron a la final. Gracias totales.
Y claro que hubo un partido también. El primer tiempo comenzó como una verdadera pelea callejera. Su sacaron chispas desde que Lionel Messi dio el puntapié inicial. Justamente a Leo se lo vio algo errático en las primeras pelotas que tocó. Quedó claro de entrada que la apuesta de sacar a Rodrigo De Paul, uno de los pesos pesados de la Scaloneta, para el ingreso de Giuliano Simeone abierto por la derecha, fue para tener amplitud en el ida y vuelta. Un golpe de timón que de inicio funcionó.
Todo, todo muy parejo en Atlanta en el inicio
El trámite fue muy equilibrado hasta la primera pausa de rehidratación. Pero luego Argentina perdió la pelota. Se despertó Bellingham y compañía. Se arrimó Inglaterra. Respondió Messi con una contra a pura gambeta, a Harry Kane incluida, hasta que lo tumbaron para la amarilla de Anderson. Enseguida Enzo remató cerca del ángulo derecho. La misma tarjera vio Lisandro por detener una contra inglesa.
Se fueron al entretiempo con un equilibrio de fuerzas total. Todo con el dramatismo de un estadio ardiente de pasión, siempre con los argentinos más bulliciosos y enfervorizados.
Del gol posible al golpe de Inglaterra
El complemento arrancó con una chance clarísima de Julián que le quemó las manos a Pickford y luego falló en el segundo intento tras el rebote. Oportunidad neta para la albiceleste. Y cuando Argentina parecía que tenía todo controlado apareció la grieta que se hizo costumbre en el retroceso. Centro bajo al segundo palo, Anthony Gordon le comió la espalda a Nahuel Molina, de pésimo Mundial, y llegó el grito desaforado de los ingleses.
Scaloni mandó a la cancha a Nico González por Leandro Paredes. Fue todo de Argentina. La pelota y el campo. Messi sintió el impacto y se activo más. Inglaterra se abroqueló en la trinchera de su área. Centro fantástico de Leo, cabezazo de Nico González y manotazo salvador del arquero inglés, hasta allí la gran figura de un equipo que hizo el gol y nada más. Y cuyo técnico empezó a hacer todos cambios defensivos.
Cambios que cambiaron todo para Argentina
Adentro Otamendi, De Paul y Montiel. Lo que había disponible para ir por la remontada. Mac Allister cabeceó un misil y casi quiebra el palo derecho de los ingleses. Después entró solo Nico González y también de arriba casi estampa la igualdad. Argentina jugaba sus mejores minutos del Mundial, pero estaba contra las cuerdas.
La tensión quebró la barrera de lo tolerable. La Scaloneta no se rendía. Con el orgullo y el corazón en la mano volvió a tener una vida más. Enzo Fernández sacó un latigazo inolvidable, apoteótico y clavó el empate. Se movió el estadio y toda la ciudad de Atlanta.
Mac Allister volvió a abollar el palo y al fin la justicia total con el golazo del Toro Martínez, con el centro ¡de derecha! de Leo. Otra vez el milagro de un equipo conmovedor, inigualable, por lejos el mejor de la historia de la selección argentina.
Triunfazo y otra vez a la final. Argentinazo y ahora suena para todos los tiempos: “El que no salta es un inglés”. Gracias Muchachos. Gracias eternas.