Ovación

Franco Calero, un verdadero trotamundos

Franco Calero se formó en Ñuls, jugó en 19 equipos y recorrió 13 países. Ahora milita en Estados Unidos. "Soy un nómade del fútbol", afirmó

Viernes 07 de Junio de 2019

El presente de Franco Calero es San Francisco. El goleador rosarino juega en El Farolito, equipo que milita en el ascenso en Estados Unidos. Pero el delantero formado en Newell’s acopia una foja de servicio muy particular: pasó por 19 clubes, 13 países y varios continentes. “Soy un nómade del fútbol. En todos estos años estuve en muchas instituciones y ciudades exóticas. Aunque lo que más me sorprendió fue Angola. Muchos se piensan que es una selva y que te vas a cruzar con leones, cebras y elefantes. Nada que ver. Es un país hermoso y tiene una infraestructura de primer nivel”, le afirma a Ovación el puntero, que además pasó por Líbano, Israel o Perú, entre otros. “Sólo me falta probar suerte en Oceanía”, remarca con cierta picardía mientras charlaba plácidamente con este medio desde las entrañas del pago fue fundado por colonos españoles en 1776.

“Vine porque por ahí puedo dar el salto a la Liga mayor. Mi equipo (El Farolito) es una franquicia de Impact Montreal (Canadá). Pero sé que en esto uno nunca sabe dónde puede terminar. Ya no me sorprendo porque últimamente vengo cambiando de camiseta prácticamente cada seis meses”, desliza un ilusionado Calero.

La historia deportiva de Franco marca que a los 15 años hizo la pretemporada con el primer equipo de Newell’s de la mano del Tolo Gallego y luego tuvo su bautismo sagrado en el profesionalismo. “Mi único recuerdo bueno de ese tiempo fue cuando entré sobre el final por Capria y le ganamos a Racing 2 a 1. Esos fueron mis tres minutos de gloria que no los vendo ni cambio por los 13 países que jugué. Ese momento está siempre vigente en mi corazón. Jugué con la camiseta que llevo el alma y en el Coloso”, repasó con cierta nostalgia el goleador leproso.

Al poco tiempo una lesión lo marginó “y luego se fueron dando muchas cosas hasta que me fui un tiempo a Uruguay y luego seis meses a Atlético de Madrid, más tarde a Zurich (Suiza) y TSV 1860 Munich (Alemania). No puede quedarme en ninguno de esos clubes porque no me salió la ciudadanía”, repasa un reflexivo Calero.

Fue así que recaló a “préstamo de Nacional en Durazno de Uruguay. Hasta que en 2010 volví a Newell’s, pese a que mis representantes me aconsejaban seguir afuera. Le hice caso a mi corazón y no me terminó yendo bien porque me lesioné, perdí plata a la hora de arreglar el contrato y más tarde terminé quedando libre”, enfatiza antes de dejar en claro que “lógico que volvería al club, pero a la vez sé que ya no depende todo de mí”.

“Desde ahí tuve que volver a empezar. De cero prácticamente. Estaba bajoneado y con ganas de largar el fútbol. Pero gracias a un llamado de Fabián y Raúl Belén me reinserté en el fútbol en Argentino. Me conocían de las inferiores y me dieron continuidad. Me fue bien hasta que el Pájaro Domizzi me llevó a Estudiantes de Río Cuarto. Y en 2012 crucé el charco nuevamente”, comentó.

Franco explicó que “fui a Deportivo Aragón, que es filial de Zaragoza. Estuve unos meses hasta que firmé en Sarifeña. Pero en 2013 pegué la vuelta al Continente y sumé a Alfonso Ugarte de Perú. Lo mío estaba como predestinado a estar poco tiempo en cada lugar, ja”.

“En 2015 me fui a Líbano tras haber estado en PGS Kissamikos (Grecia) porque me había fichado Al Ansar. La verdad es que por ser un país que está en permanente conflicto no la pasé mal. Quizá no era consciente porque sólo pensaba en jugar a la pelota y progresar. Me fue bien. Es una liga que no es tan competitiva, pero al haber hecho muchos goles me contrató primero Happoel Akko y luego Kiryat Shmona. Si bien ahí también había problemas, realmente la pasé bien. Estaba lejos de Jerusalén, que era el lugar más peligroso del Estado”, narró cronológicamente el ex leproso. “Había compañeros que me contaban que por ahí sonaban las sirenas y se tenían que guardar en búnker por temor a los posibles ataques. Pero fuera de eso, Israel es un lindo lugar”, acotó.

Consultado cómo hizo para comulgar entre Líbano e Israel, Franco fue sincero. “Nunca me puse a pensar en cosas malas. Tenía la cabeza en otra cosa, pese a que por ahí podría haber corrido algún tipo de peligro. Pero el afán de triunfar era más fuerte”, contó.

A los meses hizo base en Chile. Rangers le abrió las puertas y supo aprovecharla. Estuvo una temporada hasta que decidió probar una nueva experiencia. Esta vez en Ecuador. “Me dijeron que Aucas me quería, lo analicé junto a mi esposa, Estefanía, y no dudamos. Arrancamos a Ecuador nomás”, sostiene Calero con tono natural. “Y de ahí me fui a Angola. Uno de los lugares más exóticos que viví. Como es una colonia portuguesa fuimos convencidos de que la pasaríamos bien. Y así fue”, tira de entrada.

“Porque la verdad es que cuando nombrás a un país de Africa enseguida se te cruza por la cabeza que es todo selva, que te cruzás con leones, cebras, jirafas y elefantes. Y nada que ver. Estuve en la capital Luanda, que es una de las más caras del mundo para vivir. Una ciudad muy bella, con mucha cultura y lugares hermosos para conocer”, argumenta mientras hace una pausa en el diálogo. “Jugué en Kabuscorp SC, que es el mismo equipo donde Rivaldo le puso punto final a su extensa y rica carrera”, remarca antes de puntualizar que “el idioma no fue problema porque me entendían con el inglés”.

“Y hace unos meses salió esta oportunidad de jugar en Estados Unidos. Llegué a El Farolito con la perspectiva de seguir creciendo. La idea es llegar a la League Mayor Soccer, que es la primera división de acá. Hasta ahora vengo bien y no me resigno a dejar de soñar. Aunque si me tengo que ir a otro lado no tendré drama. Será cuestión de armar nuevamente el bolso y cargar las ilusiones. No tengo problemas de jugar en ningún lado. Más que un trotamundo soy un nómade del fútbol”, concluyó un sincero Calero.

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