Rusia 2018

Federico Sacchi: "Ir a un Mundial es lo mejor que te puede pasar"

Federico Sacchi es una enciclopedia. Surgido en Newell's, consagrado en Racing, indiscutible en su época en la selección, se midió con consagrados como Pelé, Di Stéfano y Charlton.

Viernes 08 de Junio de 2018

Una puerta marrón de chapa mellada por calle Balcarce no dice nada. Nadie podrá percibir que en el pasillo invisible que se abre del otro lado pasa sus días un hombre único. Un jugador de fútbol. Un defensor que marcó a Pelé, a Di Stéfano, a Bobby Charlton, a Garrincha, a Sívori. Un seis que salía con la pelota al pie y la cabeza erguida como una grúa, capaz de desacomodar líneas jugando a un toque o filtrarse al campo rival con un vaivén de cintura. Que fue titular indiscutido en la selección y disputó un mundial para Argentina hace 56 años. No intenten buscar a otro igual al que vive del otro lado de esa puerta. No lo encontrarán.


Federico Sacchi retiene a los 81 años la estampa del futbolista de elite. No es una frase hecha. Como volante central o defensor fue un crack de reconocimiento nacional. Su historia pública empezó en Rosario a inicios de los 50 cuando los campeonatos Evita lo llevaron a Tiro Federal. De aquellos torneos en Primera C en los que había que viajar a Buenos Aires en tren y a veces cambiarse en un vagón para llegar con lo justo al partido a su salto a Newell's. De ahí a Racing en uno de sus ciclos más gloriosos y luego a Boca. El recorrido lo fraguó como un jugador tan hábil con la cabeza como con las piernas.

Sergio Renán tenía dos retratos al estilo Velázquez entre los cuadros de su departamento bacán y recontra elegante. Cuando alguien no futbolero o desprevenido le preguntaba explicaba: "Este es el Marqués Sosa y este el Conde Sacchi..." El director de La Tregua, primera película de Sudamérica en ser nominada al Oscar, mandó hacer especialmente esas semblanzas de los dos mejores del Racing campeón de los 60. Si lo sabía, con la modestia de los que tienen mucha calle, Federico lo disimula, filtrando en los ojos una luz de sorpresa.

El Conde y el Marqués

Hay una referencia divina sobre él recogida por el periodista Néstor Giuria que fue citada mil veces. La hizo justamente Rubén Sosa, El Marqués, 10 del Racing inolvidable de 1961. "A Federico lo miraba, yo levantaba la mano pidiéndole la pelota y él me la mandaba al pecho tan lenta y precisa que al llegar tenía tiempo de leer lo que decía: cuero argentino...cosida a mano...".

Sacchi es de la zona de Necochea y 9 de Julio. Hoy es poco imaginable pero hace 60 años el lugar estaba lleno de potreros. En uno de ellos lo vieron jugar y lo invitaron a los Campeonatos Evita. Tenía 15 años, era 1951, mitad del primer peronismo. "De mi barrio llevaron a un chico zurdo que jugaba fenómeno y a mí. Con mi equipo Tigre Sport llegamos a la final con Morning Star, que salía campeón siempre y tenía un equipo maravilloso. Estaban Roberto Puppo y el Piojo Yudica, que era un malabarista, hacía lo que quería con la pelota. Nos ganaron ellos 2 a 0".

Para esa época lo iba a ver un técnico de Newell's a un descampado de la esquina de Chacabuco y 9 de Julio. Ese entrenador le dijo a su papá: "No lo haga jugar más acá porque le van a romper la pierna". De mala gana dejó el potrero del barrio y empezó en Tiro Federal, donde ganó un sueldo modesto, tanto que "tenía que dar el vuelto". Era la Primera C. Viajaban los sábados a las 7 en tren desde Rosario Norte y de ahí al conurbano en colectivo. Cuando se llegaba tarde los dirigentes pedían desocupar un vagón para que nosotros nos cambiáramos. El vagón era el vestuario.

Cuando estaba en Tiro desde el Parque Independencia le pusieron el ojo. "Me dijeron que había interés de Newell's y me preguntaron si me gustaría. Imagínese, yo me tomaba el 6 para ir a la cancha con los pibes del barrio, así que se hizo". Lo pusieron a entrenar con la primera pero le tocó el servicio militar en el Regimiento 11 durante quince meses. Al salir de la colimba debutó ante Tigre en un partido que tuvo que suspenderse por corridas en las tribunas. "Ganamos 2 a 0".

Al llegar a Newell's entró en contacto con el que recuerda fue el entrenador más decisivo para su carrera, el "alemán" Adolfo Celli. "Recién cuando empecé a jugar en Buenos Aires me di cuenta de que el rosarino tiene fama de manosear la pelota mucho. Que la pisa, que la esconde, que la guarda. Pero en la primera práctica el alemán me llevó a un costado a solas y me dijo: «Pibe, así no se juega. ¿Te la querés llevar a tu casa? Esperá que termine el partido y te la doy. Acá, en la cancha, soltala rápido. Estás en una posición donde no podés demorar el juego. Si jugás a un toque evitás que las marcas se acomoden y les das más opciones a los delanteros. Tenés dominio de pelota pero no seas goloso»".

Los vicios del baldío

Sacchi jugó en primera y en la selección. Pero el consejo más sabio, dice, lo recibió de ese maestro de inferiores que lo fue a buscar a Tiro. "Yo traía los vicios del baldío. Ahí aprendí que hay que ser inteligente para jugar más práctico y eso traté de enseñarlo cuando me tocó a mí ser técnico".

De tantos recuerdos en Newell's, donde estuvo entre 1958 y 1960, hay dos muy especiales. Uno fue en un amistoso contra Central. En el eterno rival jugaba el Gitano Juárez, de quien terminaría siendo entrañable amigo y a quien describe como un hombre simple y de corazón gigante. "Cuando empezó el partido él, que tenía más experiencia que yo, me empezó a hablar. En un momento que el juego estaba parado me dice: «Nene, jugá tranquilo, no te vuelvas loco». Me sorprendí, pensé que me jodía. Le dije: Yo a ustedes les quiero ganar siempre". Con el tiempo les ganó el afecto. "Años más tarde, en una pensión de calle San Luis donde él vivía, le pregunté al Gitano si me estaba cargando esa vez. «No, nene, no», me decía. Y era verdad, me estaba aconsejando".

Que en épocas pasadas el clásico no era tan bravo es, para Sacchi, una superstición. "En el barrio la mayoría eran centralistas. Después eso fue cambiando. Pero entonces en el café Uria, en Alem y 9 de Julio, eran 70 de Central y 30 de Newell's. Me volvían loco".

En uno de los clásicos de 1959 ganó Newell's uno a cero. "Hice el gol yo, de cabeza, en el arco del hipódromo. Terminó el partido y me fui corriendo al vestuario. Me saqué la ropa, ni me bañé y me puse la pilcha. Yo tenía una motoneta. En cinco minutos estaba en el café. Me paré en la esquina, me hice ver desde afuera y entré al bar lleno de gente con la sonrisa más ancha de mi vida. Me quería quedar a vivir ahí".

En 1961 llegó a Racing junto a Anacleto Peano, volante de Newell's, que Federico recuerda como un jugador magnífico. La elegancia distintiva de Sacchi, su talento para ir adelante y esa intuición para ubicarse en la cancha trastornó desde el arranque al club de Avellaneda. "Hice una morisqueta en el primer partido y la gente me empezó a estimar". Jugaría cuatro de los mejores años de su carrera, viendo desde atrás a una delantera histórica: Corbatta, Pizzuti, el Marqués Sosa, Mansilla y Belén. También en ese equipo conocería a otro rosarino proveniente de Central que es hasta hoy uno de sus amigos más decisivos: César Luis Menotti.

Cada domingo Sacchi salía del túnel con esa leyenda que fue Orestes Omar Corbatta. "Era para mirarlo y admirarlo. Una pluma, las piernas eran dos escarbadientes, con ropa pesaba cincuenta kilos. Era tan rápido ¡Lo que jugaba! Un wing de los que antes se usaba. Llegaba diez veces por partido a la raya del fondo y no exagero. Con Orestes descansábamos teniendo la pelota. Iba, venía, amagaba, la escondía. Cambiabas la respiración mientras la tenía él. Era también de una generosidad desmedida. Si alguien le pedía plata y no tenía se sacaba la cadenita del cuello y la daba. Lo vi hacerlo muchas veces".

Alternó con extraordinarios futbolistas. ¿Cuál fue el mejor? Federico requiere unos segundos y elige a un diez de River. "De acá, para mí, Ermindo Onega. Me gustaba hasta la figura de él. Era el que creaba peligro en lo individual y habilitando. Como era tan buen tipo hicimos una amistad muy linda cuando estuvimos en la selección. También me gustaba con locura Maradona. Lo conocí cuando era callado (risas) porque yo estuve con Menotti en el juvenil del 79 campeón en Japón. Y de ahora el pibe Messi. No lo conozco. Pero verlo me produce satisfacción y alegría. Nunca vi a nadie con esa rapidez para trasladar la pelota y para definir".

Fue el 6 indiscutible de la selección a inicios de los 60. Del Mundial que jugó en 1962 en Chile se acuerda de la convocatoria, la estadía, el viaje. "Ir a un Mundial es una de las cosas más lindas que te puede pasar. Estaba el Toto Lorenzo de técnico. Obsesivo, buen entrenador y muy pícaro. Inteligente para ver a los rivales. Me contaban después que cuando estaba en Unión embarraba los costados de la cancha con agua para jorobar al wing contrario".

En aquella Copa del Mundo fueron junto a Silvio Marzolini los únicos presentes en los tres partidos, en un plantel que tenía a Antonio Roma, José Ramos Delgado, José Sanfilippo, el Marqués Sosa, Raúl Belén y a otro rosarino, Marcelo Pagani. "El primero se lo ganamos a Bulgaria con gol de Héctor Facundo. Con Hungría salimos 0 a 0. Tenían un 9 tremendo que nadie nombra: Florian Albert". Pero el problema fue con Inglaterra en el segundo partido. "Jugaba Bobby Charlton de 11. No lo pudimos parar un minuto. Creo que lo armó mal el técnico. En el primer partido echaron al 4 nuestro y no había reemplazo. Lorenzo tuvo que improvisar un equipo en el que jugó de 4 (Vladislao) Cap que era un 5 macizo, de 8 el Rata (Antonio Rattín) y yo de 5. Del lado derecho de la defensa éramos tres volantes centrales. Fue una papa para ellos. Se nos venían como aviones por ese lado. Nos ganaron 3 a 1. Por ese resultado nos tuvimos que volver". Hay situaciones y personajes en la vida de Sacchi que se comprimen en un nombre propio. Acá se agrupan.

Menotti

"Nos hicimos amigos en Racing y pasamos juntos a Boca. El venía de Central y yo de Newell's pero fuimos inseparables. Era buen jugador, muy mental, inteligente en la cancha pero también cuando terminaba el partido, por su capacidad de analizar. De buen verso, gran facilidad de palabra. En el 78 colaboraba en su cuerpo técnico. Tengo una anécdota muy curiosa del 79. El Flaco se tenía que ir a Japón con el plantel que ganó el Mundial Juvenil. Pero en el medio había un partido amistoso entre las mayores de Argentina y Brasil. Menotti estaba obsesionado con ganarle a Brasil, que siempre fue tremendo, los negros son un espectáculo, con ellos sufrís, te asombras, aprendés. Fuimos a un restaurante en la semana previa al viaje y me dijo que no quería ir a Japón. «Viajá vos con el juvenil y yo me quedo al partido con Brasil». Le dije de todo, habíamos preparado un montón a los pibes, discutimos hasta las tres de la mañana. Al final se convenció solo y fue. Yo dirigí la mayor con Brasil en cancha de River. Salimos 2 a 2".

Pelé

"Jugué muchas veces contra él. Era mal bicho. A mí me bajó una muela en cancha de Racing, con algo de dolor pero seguí jugando. Hay delanteros que cuando les marcás la cancha con un poco de rudeza se van para atrás. Pelé no era de esos. Lo vi quebrar a un jugador. Nosotros veníamos de jugar con Francia con la selección. Llegamos tres días antes y fuimos a ver un partido que Brasil jugaba con Alemania en el Maracaná. Estábamos en la platea. Pelé deja pasar una pelota larga y vio que venía el alemán, ahí aminoró la marcha y le cruzó la pierna arriba. Lo quebró. Tenía eso, pero era de una habilidad única".

Garrincha

"En ese mismo partido con Alemania pasó algo muy gracioso. El wing derecho era Garrincha, un irresponsable divino, un lírico. Nosotros desde la platea notábamos que cada vez que agarraba la pelota hacía un gesto para un lado y encaraba para el otro. El tres nuestro era Bernabé Leonardi porque se había lesionado Marzolini. Leonardi veía cómo el alemán se comía todos los amagues de Garrincha y decía. «Pero qué pelotudo el marcador de punta. ¿No se da cuenta de que siempre le hace la misma?». Llegó el domingo y jugamos nosotros. Mamita querida (carcajadas). Me acerco a Leonardi, que no lo podía agarrar y le pregunto qué le pasaba con Garrincha. Me miró y me dijo. «Es un hijo de puta?»".

Di Stéfano

"Lo enfrenté dos veces. Acá le ganamos a River 2 a 0. La otra vez fue en Sevilla jugando yo para Argentina y él para España. Fue 2-0 de ellos. Los dos planteles estábamos en el mismo hotel. El me hizo reír. Bajamos a comer y los muchachos de España estaban cenando en una mesa larga. El se acercó a saludar. Yo le tenía una admiración enorme. Terminó la comida y me dijo. «¿Tomás algo vos?» Un café, le digo. «¿No te tomás un whisky?» Nooo, mañana tengo que jugar. «Bueno, pero mañana, ahora tomate uno». ¡Qué guacho! Jugábamos en contra y me invitaba a escabiar. Era un jugador impresionante por su habilidad y por lo que corría. Lo había visto contra Newell's, yo en la tribuna como hincha, hizo un par de jugadas de taco, levantándola por arriba de la cabeza del dos, extraordinario".
Hoy rara vez va a la cancha. Le gusta mirar partidos de la Premier League, porque la rapidez del fútbol inglés lo deslumbra, y sigue a Barcelona a la espera de las sorpresas de Busquets y Messi. Hace cinco años el Concejo Municipal lo nombró ciudadano ilustre de la ciudad que recorre de manera un poco anónima, yendo al banco a hacer trámites, al bar a hojear el diario o al quiosco de la esquina. Después vuelve a ese pasillo de la calle Balcarce que guarece, sin que la mayoría lo sepa, a uno de los mejores defensores de la historia del fútbol argentino.


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