Si hubo una palabra que a Tevez no se le pasó por alto en la conferencia de prensa tras la derrota ante Tigre fue la palabra “proyecto”, a la cual intentó cimentar bajo la idea de una apuesta a futuro y que la misma tiene como principal sostén la proyección de los pibes de club. Imposible no realizar una mirada retrospectiva de cuando el Apache desembarcó en Central, momento en que si de algo se habló fue de la llegada de refuerzos de jerarquía, que iban a aparecer justamente por la figura de un Carlos Tevez que cautivaba a propios y extraños y por el aporte de un entorno del entrenador que no tenía en sus planes hacer que el Apache se quemara en su primera prueba como técnico. Es decir, ¿si desde siempre se puso foco en los refuerzos por qué pensar ahora que al proyecto deben sostenerlos los más chicos? Si no está claro el problema y muchos menos el diagnóstico, jamás estará clara la salida. Y Tevez, como hombre de fútbol que es, sabe mejor que nadie que los proyectos se sostienen a base de resultados.
Lejos se está de plantear un cuadro de situación de gravedad extrema y que se hable en términos absolutos de continuidad o fracaso. Nada de eso. Ahora, para que esas sensaciones no comiencen a gobernar el escenario es condición sine qua non tener en claro hacia dónde se está yendo y cuál es el camino que se debe transitar.
El análisis parece de una claridad tal que no ameritaría tanta explicación, pero si es necesario, vale la pena razonar un poco. En este mercado de pases, que se inició con Leandro Somoza pero que tuvo a Tevez como gran responsables llegaron siete refuerzos (José Leudo, Francis Mac Allister, Juan Gabriel Rodríguez, Ignacio Malcorra, Jhonatan Candia, Ismael Cortez y Gustavo Ramírez). Sí, siete. Suena a demasiados para un “proyecto” basado en los jugadores de divisiones inferiores.
Central2HR.jpg
Central tuvo una noche para el olvido en cancha de Tigre, donde perdió y agravó su crisis.
Héctor Rio / La Capital
Si Tevez tenía las ideas tan claras desde el comienzo fue desmedido el pedido de tantos nombres nuevos. Si la dirigencia y la secretaría técnica hoy avalan los dichos del entrenador deberían preguntarse porqué se fue en busca de esa cantidad de jugadores. O es una cosa o es la otra. Salvo que el momento de aturdimiento y confusión sea tal que las palabras aparezcan de puro compromiso, por más que vayan a contramano de todo eso que se proyectó hace apenas un par de meses.
El trabajo de Tevez cuenta con el atenuante de todas esas lesiones que aparecieron, que no hicieron otra cosa que diezmar a un plantel ya de por sí corto, porque nadie podría atreverse a poner en duda que Montoya, Candia, Malcorra y alguno que otro más serían titulares en este equipo que hoy va caminando en sentido contrario de las expectativas.
Pero las lesiones, se sabe, forman parte del fútbol y lo que está quedando cada vez más claro es que los reemplazos no funcionan o, lo que es peor, Tevez no le está encontrando la vuelta a ese problema.
Especulaciones al margen, Central transita un proceso de descomposición futbolística de la que nadie puede sacar los pies del plato, ni el entrenador, ni los jugadores, ni la dirigencia, ni tampoco la secretaría técnica.
Central5LV.jpg
Gordillo y Carloni siempre estuvieron convencidos de que la llegada de Tevez era lo mejor para Central.
Leonardo Vincenti / La Capital
Lo que sí es seguro es que hay decisiones de parte del técnico que tienen impacto directo en el funcionamiento del equipo. Es simple, si el equipo no funciona es porque futbolísticamente las cosas se están haciendo mal.
Tevez demostró en estos últimos días que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones, pero indudablemente algunas de esas decisiones no generaron un cambio para bien. Y que lejos de afianzar un equipo o lograr un mínimo de estabilidad, la convulsión fue en aumento.
Un par de ejemplos claros: en la primera derrota dura del ciclo (el 0-3 ante Central Córdoba de Santiago del Estero), Tevez cambió medio equipo, dos por obligación (Blanco y Malcorra), pero las otras tres porque creyó que era lo mejor que podía hacer; tras la paupérrima actuación en Córdoba y eliminación de Copa Argentina a manos de Quilmes, otro tanto: seis variantes, todas por decisión del DT, no sin antes anunciarles a cinco futbolistas (Torrent, Velázquez, Nazareno Romero, Pupi Ferreyra y Covea) que debían empezar a entrenarse con la reserva. La calma que es necesaria en momentos de turbulencias, en este caso brilló por su ausencia.
En el medio, la aparición de chicos que empezaron a tener sus primeros minutos en primera división, a quienes se les tiró la pilcha de “salvadores” y que en definitiva hicieron lo que pudieron, que no fue ni más ni menos que muchos con muchísima más experiencia.
Tevez.jpg
El Apache hizo una apuesta fuerte en los últimos partidos, con la inclusión de varios chicos.
Marcelo Bustamante / La Capital
También hay decisiones de orden táctico que parecen un poco extrañas. A Alejo Veliz, el autor material de la gran victoria en el clásico y el verdadero actor intelectual de la goleada en cancha de Arsenal, esa aura triunfal le duró la nada misma, ya que Tevez consideró que debía entregarle el puesto a Franco Frías. No se pone en tela de juicio el cambio, pero sí se puede afirmar que era lógico que si el equipo no cambiaba la forma de juego, si no pulía sus movimientos y sincronizaciones y no iba por abajo, el Chipi sería presa fácil de los defensores de Tigre, como finalmente sucedió.
Y fue a la cancha Juan Cruz Cerrudo (había debutado en Córdoba) y lo mismo ocurrió con Kevin Ortiz (en febrero había jugado apenas cinco minutos en primera) y Fabricio Oviedo (también venía de hacer su debut frente a Quilmes) ingresó en el complemento mientras el paraguayo Ramírez siguió mirando el partido desde el banco. Otro pibe como Fernando Rodríguez esperaba en el banco como alternativa, al igual que Tomás O’Connor y Franco Bustos Glavas.
Siempre será saludable para el club que los pibes se potencien, que adquieran experiencia y que de a poco vayan buscando su lugar en el primer equipo, pero eso suele suceder dentro de un proyecto pensado, estudiado y ejecutado de manera correcta. Y este no parece ser el caso. Porque el Tevez que hoy habla del proyecto a largo plazo y a base de la consolidación de los chicos del club, es al que después de poner un pie en la entidad le llegaron una pila de refuerzos, que sin dudas fueron traídos para jugar.
Entre rendimientos individuales bajos y un funcionamiento colectivo que va en declive nada parece estar del todo claro en Central. Ni siquiera el proyecto inicial y el que se programa a futuro, por eso se proyecta al andar.