Después de la estrepitosa derrota frente a Defensa y Justicia, nada mejor para Central que contar con dos semanas de trabajo antes del partido contra Atlético Tucumán, pero no por el simple hecho de tener más cantidad de días de trabajo en esto de intentar acomodar el equipo desde lo futbolístico, sino para que las aguas se calmen un poco. ¿Esos 90 minutos frente al Decano podrían tener impacto directo en la continuidad de Cristian González al frente del plantel? Es la pregunta del millón. No son las malas intenciones de alguien ni la aparición repentina de algún interés desestabilizador. Nada de eso. Lo que hay es una situación típica del mundo del fútbol que en esta ocasión toca de cerca a Central y al Kily González en particular. De hecho no será la primera vez que el ciclo del Kily se vea en jaque. El DT ya atravesó una situación similar en al menos dos ocasiones y de ambas salió ileso. Lo que suceda esta vez podría depender del resultado, de las “formas” y hasta de la presión que puedan ejercer lo hinchas. Nada nuevo.
El mazazo que Central recibió en Florencio Varela no fue uno más, porque se sumó al que venía de sufrir en cancha de Unión. No es la primera vez que el canalla pierde dos partidos consecutivos desde que el Kily es el entrenador, pero sí está la particularidad de que el equipo no sólo no logra dar el salto en la búsqueda de la clasificación a Copa Sudamericana, sino que en el medio hay una clara degradación futbolística.
Kily2.jpg
El Kily tendrá una prueba de fuego, en el Gigante.
Virginia Benedetto / La Capital
Ese golpe fue fuerte para los dirigentes, para los hinchas, los jugadores y, por supuesto, para un cuerpo técnico que entiende la necesidad de meter un cambio de rumbo, al menos desde los resultados. Quienes concurren a diario al predio de Arroyo Seco coinciden en que lo ocurrido hace algunos días en Florencio Varela pegó demasiado duro, más fuerte que muchas otras derrotas que sufrió este proceso. Que el lunes, en la vuelta al trabajo del plantel, fue el más crítico, al menos para el entrenador. Pero eso no impide que el cuerpo técnico mantenga la sensación de que podrá torcer el rumbo. Y no sólo en ese partido ante los tucumanos, sino incluso avizorar lo que podría ser la implementación de un sistema algo más conservador en condición de visitante.
Por supuesto, la visión de la comisión directiva es fundamental en este tipo de escenarios. Porque en definitiva son los dirigentes los que toman las decisiones fuertes, que a veces gustan y otras no. Y quizá no sea necesario que alguien salga a aclararlo, pero en el seno de la sede de calle Mitre se habla de que puede resultar crucial la respuesta de los hinchas en caso de una nueva derrota. Creen que algo similar podría ocurrir con un empate, pero que allí la cosa podría ser distinta, no tan picante.
Hace poco más de un mes, desde la dirigencia dejaron entrever que el apoyo al entrenador estaba por encima de todo y que el proceso del Kily llegaría hasta diciembre, fecha en la que finaliza su contrato. Fue después de la derrota ante Argentinos Juniors, que se sumó a la que el canalla había sufrido algunos días atrás frente al por entonces líder Talleres.
Central.jpg
Central vienen de un tropezón importante.
Marcelo Bustamante / La Capital
Es que desde hace un tiempo se viene especulando con la posibilidad de la renovación de contrato con el Kily González. En ese momento se pensó que no sólo se le debía dar el apoyo para que continúe hasta diciembre, sino que consideraron conveniente hablar, aunque no públicamente, de que se la intención era renovarle el contrato por un año más. Sin dudas esa apuesta tiene como finalidad darle continuidad al “proyecto” que decidieron poner en marcha hace algo más de un año, tras el alejamiento de Diego Cocca y la designación del Kily González como su reemplazante.
El fútbol en Central siguió dando vueltas, el equipo sin poder asentarse y eso fue lo que llevó a este nuevo escenario, en el que la chance de la Sudamericana 2022 se complicó más de la cuenta. Esa clasificación ya no depende de Central, sino de la mano que le puedan dar otros equipos.
El Kily sabe mejor que nadie de esa necesidad de mejora inminente. Se lo dice la desazón y la angustia que, cuentan, le provocó el tropezón en cancha de Defensa y Justicia. De su parte no tiene más que trabajar en estas dos semanas libres que le presenta al calendario y, por supuesto, lograr que su equipo mejore y reaccione. Después, ya con la pelota en movimiento todo dependerá de la suerte que corra su equipo.
No hay hoy en Central una regla de tres simple que indique que si el canalla gana el Kily sigue y, si pierde, el técnico se irá. Nada de eso. Sí hay una situación de mayor necesidad. Una más como tantas otras veces.