Ovación

El Halcón se comió a una paloma

Hombre de selección. Beccacece fue a ver jugadores de Independiente.

Domingo 29 de Abril de 2018

Lo de Central fue pobre. Muy pobre. Otra vez quedó tendido en la lona por decantación propia. No comprendió jamás lo que estaba en juego. Defensa y Justicia fue tan práctico como letal. El Halcón se comió una indefensa palomita en Florencia Varela. Le ganó 3 a 1 y desató una nueva tormenta interna en el horizonte auriazul. Porque le puso punto final al ciclo que conducía Leo Fernández (ver páginas 2 y 3). Los de Arroyito continúan cuesta abajo por impericia natural. Habrá que ver si la dupla interina conformada por el Kily González y el Flaco Chamot pueden enderezar el rumbo de esta nave que sigue a la deriva.

   Qué fea imagen terminó dejando Central. Mostró grietas y falencias de todo tipo. Nada que ver la puesta en escena que practicaron en la semana. Atrás quedaron las palabras. Los jugadores sentenciaron virtualmente al entrenador. El rendimiento fue tétrico. Se pasearon por el estadio más que encarar el partido con enjundia y amor propio.

   La derrota no marcó más que la dura realidad que azota desde hace tres semanas a este equipo, que ya es por demás de endeble. Y no por mérito exclusivo del técnico, quien ayer cayó al vacío tras caminar varios días por la cornisa.

   Pensar que en su momento Tomás Pochettino hizo fácil lo que para muchos es muy complejo. Clavó un golazo de tiro libre provocado de manera infantil por Tobio a los 7, que dejó pagando al volador de Ledesma. A partir de ahí fueron unos instantes fatales para los canallas, quienes parecían tener los cables pelados, porque las líneas generaban cortocircuito más que un buen funcionamiento.

   El tiempo se fue consumiendo en la intrascendencia. Sin embargo, Central sacó de la galera de Ortigoza una acción que provocó la primera llegada al área visitante cuando Ruben alcanzó a meter un cabezazo tras un centro de Lovera. Pero ese flash de lucidez se apagó rápidamente por impericia propia. Ni los gritos de Leo Fernández les movían la estantería a los jugadores que supuestamente más saben con la bocha. Aunque hay que eximir de cargo y culpa a Ortigoza, que era el único que parecía comprender el real cuadro de situación.

   Defensa ya no era el mismo equipo punzante que eclipsó a todos en el arranque. Pero casi factura otra vez cuando Pochettino aprovechó un yerro incomprensible de Mauricio Martínez. No fue gol porque el destino se apiadó de los auriazules, quienes esperaban el descanso para ver si podían resetear la fórmula, ya que así no estaban yendo a ningún lado.

   Si Central no hacía pie era también porque los protagonistas no encajaban entre sí. Era como que cada uno atendía a su juego. Era cuestión de pensar y seguir los pasos que mostraba Ortigoza, quien pese a la larga inactividad que acarreaba era el más veloz de todos. Desde lo físico y lo mental.

   Aunque antes de que se apagara la luz de la primera mitad, Bordagaray se morfó el segundo por atolondrado. Remató solito y definió como cuando defendía la casaca canalla. Eso sí, ayer corrió y metió más que toda su estadía en Arroyito.

   Por más que a los nueve minutos del complemento el elenco de Arroyito haya probado los reflejos de Unsain cuando Ruben probó al arco, lo cierto es que no había señales de mejora. Encima, al toque Ledesma desactivó un remate que tenía destino de red en el momento más light del equipo local. Sin embargo, todo quedo en stand by hasta los 68.

   Es que en ese período el arquero canalla demostró lo tosco que es con la pelota bajo la suela. La perdió de manera increíble con Bordagaray, quien no lo perdonó, decretó el 2 a 0 pero no lo gritó por su pasado canalla.

   Automáticamente Leo Fernández miró hacia abajo en clara de señal de impotencia. Ni hablar cuando Ciro Rius selló el 3 a 0 a los 85. No era para menos. El ciclo que comanda entró en turbulencia una vez más, pese al descuento del Chaqueño Herrera a los 89. Luego se oficializó la derrota, la tercera consecutiva. Una serie adversa que terminó sacando al entrenador, en una tarde en la que Central hizo todo mal y fue devorado como una palomita indefensa por el Halcón.

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