Central

El diablo lo dejó tecleando con una goleada lapidaria

Independiente le pegó un paseo bárbaro a un Central inexpresivo, sin juego ni convicción.

Domingo 02 de Febrero de 2020

El diablo lo agarró de las solapas y le puso los puntos. Central quedó manso y tecleando en Avellaneda. La actuación de ayer fue un espanto. La puesta en escena ni hablar. La ilusión auriazul se derrumbó como castillo de arena a orillas de mar. Se pegó la vuelta al barrio de Arroyito con una goleada 5 a 0 y mucho por corregir y replantearse. Lo grave es que revivió a un Independiente que venía a los ponchazos y acrecentó las dudas internas en el momento menos indicado. Si bien retrocedió un escalón importante en cuanto a la aspiración de dar el batacazo en la Superliga, lo cierto es que también restó en el promedio, pese a que está mejor que muchos otros rivales.

   El oasis de lo que fue el triunfo ante Huracán quedó expuesto en cancha del rojo. Los auriazules llegaron como claros favoritos a esta contienda. Los números avalaban el andar firme de uno y raquítico del otro. Pero a la hora de la verdad, el que hizo agua por todos lados fue el canalla. Las líneas eran como una enorme pileta pinchada.

   Quizá Diego Cocca intentó sorprender al rojo con la táctica inicial, ya que dejó el 4-3-2-1 y optó por un 4-4-2 con cambios posicionales en materia ofensiva. Aunque su pelotón terminó siendo vulnerado con mucha facilidad por el dueño de casa, que ayer parecía una sinfónica y por eso se impuso con contundencia escandalosa y hasta eyectatécnico.

   El cambalache que plantó el entrenador centralista comenzó a quedar expuesto mientras calentaban motores. Lucas Romero tiró un centro que no pudieron desviar Colazo y Almada, pero sí supo capitalizar Barboza. El defensor no dudó en pegarle un fierrazo cuando vio el regalito que le dejaron en bandeja los canallas en el amanecer del partido.

   La inclusión de Zabala por derecha y de Rius por izquierda en la línea de cuatro volantes no cuajaba a la hora de la sincronización con la dupla de atacantes compuesta por los casi desaparecidos en acción Gamba y Ruben. Encima, la retaguardia estaba desfondada.

   Por eso no resultó extraño ver cómo llegaba el 2 a 0 a los 32'. Cecilio Domínguez asistió con un tacó impresionante a Sánchez Miño, quien tiró un centro prácticamente a la cabeza de Leandro Fernández, que terminó en abrazos y festejos de todos los diablos. Antes, Independiente había generado otras tres chances de gol (dos acciones de L. Fernández y una de Brian Romero).

   Central era una sombra sin reacción. Y como era de esperar sufrió otro cachetazo. Esta vez a los 40' mediante un gol de Brian Romero. Era el 3 a 0 y todo el pueblo auriazul clamaba la hora. También piedad porque el diablo estaba furioso.

   Sin embargo, en el comienzo del complemento se comió el cuarto con un golazo de exposición de Silvio Romero. Era para bajar la persiana e irse a casa todo el mundo. Pero el rojo estaba dulce. A los 73' llegó el quinto grito local vía Andrés Roa. Ahí se le apagó la luz por completo a Central y sólo hubo que esperar el bendito pitazo final. Celebrado por muchos y vergonzoso para el canalla, que cortó el gran paso que tenía al arrastrarse en Avellaneda. ¿Chau esperanza de pelea por el título? Puede ser.

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