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Para 1930 Zabala ya tiene fama de campeón y no le es ajeno estar rodeado de pibes, como en el reformatorio / Revista Gente.
Luego viajó a Europa. Corrió en Kosice, Checoslovaquia (hoy Eslovaquia), y en Viena, capital de Austria, estableció un récord para los 30 km. También logró medirse con la estrella del maratón de esa época, el finlandés Paavo Nurmi. En Berlín, perdió por una cabeza, por darse vuelta y sacarle la lengua a su rival.
Años complicados
Al año siguiente, Zabala compitió en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932. La leyenda cuenta que, para poder participar, el atleta contó con la intervención del propio presidente de la Nación, Agustín P. Justo. Según las reglas olímpicas, no se permitían menores de 20 años en el maratón. Zabala había nacido en 1912, pero una mano mágica hizo que el 12 fuera 11.
Sin olvidar la zozobra generada por la Crisis del 30, los JJOO de Los Ángeles venían mal barajados porque el gobierno de Justo no había enviado los recursos para la estadía de los deportistas argentinos en Estados Unidos. El conflicto llegó a su cúspide cuando el abanderado de la delegación nacional, el nadador porteño Alberto Zorrilla, decidió abandonar la competencia.
La hazaña
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En su edición del 7 de agosto de 1932, La Capital tiene sus fichas puestas en el rosarino Zabala / Archivo Histórico Diario La Capital.
La prueba-madre del olimpismo se realizó el 7 de agosto. Frente a la línea de largada y bajo el calor californiano se pararon 28 competidores de 15 países. Zabala, de "figura pequeña, muy delgada, ágil y escurridiza", según el diario La Nación, lucía pantalón blanco, camiseta blanca atravesada por una banda celeste, el número 12 en su pecho y un gorro. Hizo una carrera regular, y estuvo gran parte a la cabeza del pelotón, sólo en algunos momentos superado por el mexicano Margarito Baños, el finlandés Armas Toivonen y el inglés Duncan Wright. Faltando cuatro kilómetros se cortó solo.
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En el estadio olímpico de Los Ángeles, el rosarino Zabala arrancó el maratón a la cabeza del pelotón de 28 atletas / AP.
Cuando entró en el estadio Memorial Coliseum lo saludaron 75 mil personas. El atleta rosarino respondió sacándose y agitando su sombrero, sonriendo y sin mayor fatiga, solo arrastrando dolor en una rodilla. Las fotos de época muestran a Zabalita llegando a la meta casi desvanecido. Luego contó que cuando ingresó al estadio e instantes antes de salir victorioso, un compatriota, el boxeador Carmelo Robledo le tiró una bandera argentina con tan mala suerte que el asta de bronce le pegó un fuerte golpe en la cabeza.
Zabala ganó con un tiempo de 2h31m36s, se alzó con la medalla de oro y vio la bandera argentina flamear en lo más alto, pues en 1932 debutaron los podios olímpicos. Le había sacado 19 segundos o cien yardas (unos 90 metros) a su perseguidor, el británico Samuel Ferris. Tercero fue Toivonen.
Zabala ha cruzado la meta y es ayudado a caminar hacia la gloria. Nótese en su mano izquierda su gorra blanca / Archivo Diario la Capital.
No para comparar, pero sí para referenciar la hazaña de Zabala, el keniata Eliud Pipchoge ganó los maratones de Río de Janeiro 2016 y Tokio 2020, llevado a cabo el 8 de agosto de 2021, en 2h08m38s y 2h08m44s, respectivamente.
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El lunes 8 de agosto de 1932, La Capital anoticia sobre el triunfo de Zabala en el maratón / Archivo Histórico Diario La Capital.
A 50 años de su consagración, Zabala contó que ganó la carrera "de caradura" porque nadie creía en él. La falta de consideración de las expertos se reflejó en las apuestas. "Me fastidiaba tanto que en las apuestas yo anduviera tan lejos", recordó, que se vengó. Le molestó que lo llamaran "compadrito" cuando aventuró que ganaría y le pidió a Zorrilla que apostara por él los únicos 500 dólares que le quedaban. "Si perdía me volvía caminando", bromeó y terminaron pagándole sus boletos 20 a 1.
Mirá las "Efemérides" del Canal Encuentro que revive la hazaña del 7 de agosto de 1932
La Capital del martes 9 de agosto titula "El triunfo de Zabala en la Maratón Olímpica ha sido considerado como uno de los más sobresalientes de esa especialidad" y refiere a que la prensa tiene al argentino en sus páginas, como en New York Times, New York Herald & Tribune y New York Sun, y la agencia United Press lo entrevistó. Zabalita contó al detalle su carrera y concluyó: "A mis amigos de la Argentina quiero decirles que todo cuanto deseaba lo he realizado y que me restan muchas fuerzas para repetirlo muchas veces".
Como una estrella del atletismo, Zabala fue bien recibido en Estados Unidos, donde se le endilga un romance con la famosa bailarina y actriz Ginger Rogers, tras ser invitado a una velada en Hollywood. En 1935 se casó con Elke, su traductora y después esposa danesa.
Berlín y polémica
En los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 fue el abanderado de la delegación argentina. Más tarde, dos rosarinas lo emularían: la mejor jugadora de hockey de todos los tiempos y doble medallista de plata y bronce Luciana Aymar en Londres 2012, y la regatista y medallista de oro Cecilia Carranza Saroli en Tokio 2020.
La performance de Zabalita en Berlín dejó sabor a poco: salió sexto en la prueba de 10.000 metros y debió abandonar en el maratón.
Inesperadamente, debió aclarar una experiencia en tiempos de guerra que lo dejó en medio de una polémica. En Europa había conocido al oficial nazi Heinrich Himmler, ya que compartían el interés por el atletismo y hasta habían corrido juntos. También se le achacó una amistad con Adolf Hitler. Zabala no sólo rechazó siempre las acusaciones de cercanía al régimen alemán sino que juraba que ayudó a escapar de la muerte a varias familias judías. Afirmó que lo había hecho en su propio automóvil en dirección a Dinamarca.
Para 1937 una lesión en los ligamentos lo fue alejando de las competencias. Se retiró en 1939. En 1940 se separó de su esposa Elke y volvió a la Argentina, donde se casó con Magdalena Lafrancone. Tuvieron tres hijos.
Mirá una pequeña biografía de Juan Carlos Zabala de DeporTV: "¡No le gustaba correr!"
Homenajes
Zabala era un personaje poco afecto a las tragedias, tanto que consideraba a su educación en un reformatorio como una diversión y una forma de hacer amistades. En 1939 su vida inspiró la película "Y mañana serán hombres" y en 1950 hizo una pequeña aparición en el filme de comedia "Campeón a la fuerza".
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El Atleta del Siglo aseguraba que sus logros deportivos se habían conseguido con "vocación, sacrificio y alegría" / onekmore.com.
Recibió en 1980 el premio Konex de Platino en Deportes. En 1982, en la conmemoración de los 50 años de su hazaña, Zabala aseguró: "Yo fui el más afortunado de los atletas del mundo, porque siempre tuve ánimos para el sacrificio y una sonrisa a mano para tomarme el esfuerzo con alegría. El triunfo es lo más simple de lograr con vocación, sacrificio y alegría".
Juan Carlos Zabala falleció de un paro cardíaco en el Hospital Central de San Isidro, provincia de Buenos Aires, el 24 de enero de 1983.
La victoria de Zabala en Los Ángeles fue el mismo día pero de 1948 que la del cordobés de Armstrong, Delfo Cabrera, en los Juegos Olímpicos de Londres. De allí que el 7 de agosto se conmemora en Argentina el Día del Maratonista. Cabrera confesó con los años que Zabala había sido su gran ejemplo, resumida en una frase familiar: "Mire madre si no tiene acá a otro Zabalita".
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Juan Carlos Zabala y Delfo Cabrera comparten un café en 1980 para una producción de la revista El Gráfico / facebook.com/museodsf
En 1999, la Confederación Argentina de Atletismo (Cada) lo designó Atleta del Siglo. Desde 1989, el Centro de Educación Física N° 93 de San Vicente, provincia de Buenos Aires, y la Villa Olímpica del barrio porteño de Villa Soldatti, donde se realizaron los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018, llevan su nombre.
El 25 de junio de 2015 con la presencia de la intendenta Mónica Fein se inauguró en Rosario el Paseo de los Olímpicos, en homenaje a quienes, nacidos en esta cuidad, representaron al país en diferentes deportes. A lo largo de la avenida Carlos Pellegrini se incrustaron en las veredas 169 estrellas con el nombre, año del JJOO y la disciplina de cada uno. Una de las estrellas lleva el nombre de Juan Carlos Zabala.