Decir que las derrotas no duelen sería ir contra la corriente de aquellas cosas que ponen al fútbol como el deporte más pasional. Ahora, la actuación de Central en Brasil contiene una alta cuota de conformismo por lo que fueron los 90 minutos ante un Bragantino al que casi siempre tuvo a raya. Y el gol de Artur, en el final, cuando el partido se moría, con el equipo lanzado en el área rival y hasta con Broun cerca de la mitad de la cancha, fue la sentencia de lo que a esa altura parecía imposible, pese al esfuerzo realizado, que le sirvió al equipo del Kily para volverse con la sensación de que hizo un buen papel.
El espíritu de lucha que le puso Central al inicio del partido fue clave para contener a Bragantino. Porque contrariamente a lo que se pensaba, el canalla no salió a cuidarse, sino que intentó arrollar al equipo brasileño, que sin dudas se vio sorprendido. El arma principal de Central en ese amanecer furioso fue el control de juego por parte de un Vecchio que fue el encargado del traslado, casi siempre prolijo, jugando y haciendo jugar.
Esa asfixia tuvo su primera muestra evidente a los 4’ cuando Pupi Ferreyra despegó en una contra rápida, jugó con Vecchio hacia el centro y el capitán se la quiso pinchar a Cleiton, pero no le dio con demasiada fuerza. En ese momento ya estaba claro que Central no estaba dispuesto a ceder protagonismo. De hecho, dos minutos más tarde Ruben no pudo darle demasiada dirección a un zurdazo desde el borde del área.
El quiebre pudo haber llegado ahí mismo, luego de la gran maniobra individual de Vecchio que terminó con un tremendo zurdazo de Ruben, al ángulo. Golazo. Festejo. ¿Pero? El árbitro uruguayo no dejó sacar del medio, escuchó a sus colegas del VAR y anuló el gol que hubiera sido un golpe fuerte para Bragantino.
Central2.jpg
Desazón. Los jugadores de Central dejan la cancha, tras la eliminación.
Pero claro, la desazón de seguir 0-0 hizo que Central perdiera ritmo, aunque no apartado de sus ambiciones. Sí eso le posibilitó a Bragantino crecer en el juego. A tal punto que Artur lo tuvo en el segundo palo, pero Broun voló justo para enviar la pelota al córner. Y después lo tuvo Cuello, solo frente a Fatura. Igual, el canalla siguió en partido, con Vecchio conduciendo por el medio y el Pupi como rueda de auxilio por la izquierda. Blanco colaboró con un par de buenos centros y Martínez por la otra banda intentó también atropellar, pero las asistencias a Ruben y Caraglio nunca fueron del todo limpias. El cabezazo de Artur en el palo cerca del final fue un nuevo toque de alerta para el canalla, que se fue al descanso sin achicar la diferencia, pero sabiendo que todavía mantenía la serie abierta.
Era lógico que el partido se fuera rompiendo con el correr de los minutos en el segundo tiempo. Porque Central estaba obligado a ir y Bragantino tentado a golpear para liquidarlo de una vez por todas. Siempre con Vecchio como titiritero, el canalla trató de moverse en bloque, por el centro pero también por las bandas. Desde allí nació una de las primeras acciones en ese complemento, en la que Zabala metió el bochazo cruzado y el Pupi Ferreyra decidió darle de derecha, pese a que el perfil no lo beneficiaba.
Y Bragantino empezó a contestar. Praxedes lo tuvo de cabeza (Broun la sacó también con la cabeza) y el propio Praxedes pudo definir cuando quedó mano a mano con Fatura en una jugada en la que había habido clara falta contra Avila.
Pero Central jamás se resignó y siguió intentando. El mayor error quizá haya sido no estar tan fino en los últimos metros, como en esa que tuvo Vecchio de frente al arco (Gamba se la había bajado de cabeza). Después de eso ya todo fue más corazón que fútbol. Igual hubo tiempo para otra dudosa en la que Ruben antes de definir pareció sacarse la marca de encima con un empujón.
Y Central fue, ya sobre el final con la ceguera lógica que le producía el correr de los minutos. Tanto que un córner a favor terminó con una corrida de Artur, que vio a Broun adelantado y desde lejos anotó el gol que le bajó la persiana al partido.
Sólo para la anécdota quedaron esas escaramuzas del final con algunas gastada de parte de los brasileños y la reacción de los canallas. Pero la cosa no pasó de ahí y a Central no le quedó otra que resignarse a perder la clasificación, pese a hacer un buen papel. Es que el final lo encontró con las manos vacías, aunque con la frente en alto.