Ovación

Central quedó tecleando

Central perdió 3 a 1 con Argentinos, sumó la tercera derrota seguida, cosechó 11 partidos sin ganar y sólo lo mantiene vivo la Copa Argentina

Domingo 15 de Octubre de 2017

Nada. Reprobación unánime. Impotencia. Desolación. Central generó un nuevo malestar en su gente. Esa misma que ayer volvió a dejar el Gigante con resignación. Con vergüenza por este flojísimo presente en la Superliga, en la que el equipo no sólo aún no ganó, sino que abrochó la tercera derrota consecutiva. Esta vez a manos de un Argentinos tan tímido como letal. Los canallas perdieron 3 a 1 y el futuro es incierto. A este proyecto lo mantiene vivo la Copa Argentina.

   Otra vez una pobre labor colectiva. Nuevamente una producción que dista mucho para ilusionar. Lo de Central ya no sorprende. Asusta prácticamente porque sus jugadores siguen por demás de erráticos. Están en otra sintonía. Ya no se trata de adaptación. Tampoco alcanza con la actitud. Menos con palabras.

   Es cuestión de reacción y acción. Sino el proyecto tendrá fecha de vencimiento por más que suene antipático. O temerario. Pero la realidad es que si no se gana, no hay futuro. Ni en este ciclo ni en otro. En Arroyito urge un triunfo. Pero sigue sin llegar. Y eso complica todo. Y a todas las partes.

   Con respecto al partido hay que destacar que antes de que se cumpliera la media hora de juego llegó el momento menos deseado para los canallas. El Colo Gil perdió la pelota en el medio y generó una rápida contra del Bicho. Y fue Braian Romero quien sacó el latigazo cruzado y castigó al dueño de casa sin piedad. Con poquito la visita estaba cosechando oro en polvo.

   El partido fue un bodrio en ciertos pasajes. Central estaba aturdido por el mazazo que había recibido. Y Argentinos parecía estar cómodo en la zona de confort tras su conquista tan inesperada. La gente en la tribuna tuvo que lidiar con las imprecisiones y la poca astucia que mostraban los protagonistas en el escenario.

   La puesta en cancha por el lado de Montero no dio el resultado esperado. Se hizo todo al revés. Sobre todo en el primer tiempo, cuando cada cual parecía estar ocupado en atender su juego más que en dialogar en el mismo idioma. Sobre todo porque había una causa que era impostergable: ganar.

Sin embargo, la producción de los auriazules fue muy flojita en la primera parte. Y no por culpa de su masa, que esta vez pareció entender como pocas veces el mensaje de mantener la calma como pidieron los jugadores y el técnico en la previa.

   No obstante ni la tremenda paciencia pareció despertar del letargo a los anfitriones, quienes no complicaron de verdad a Lucas Chaves. Si bien Camacho, Colman y Gil rotaron en el medio, la realidad es que los tres estaban erráticos. Era imposible entonces que Zampedri y Ruben pudieran desnivelar.

   El entretiempo vino bien para cambiar el chip. La consigna no se alteró. Había que obtener un triunfo a toda costa. Era inadmisible volver a despedirse del Gigante con la frente mirando hacia el césped. Era un decreto de necesidad y urgencia izar la bandera de la victoria en casa. Y quien jamás se corrió de esa consigna fue el propio Montero.

   No en vano metió mano en el equipo para afrontar el segundo período. Dejó en el vestuario a Colman y Romero y mandó a Lovera y Carrizo. Eso obligó a reubicar al Colo Gil como volante tapón luego de jugar un primer tiempo para el olvido. Mientras que Camacho pasó a ocupar el sector izquierdo, aunque lo terminó haciendo sin tanto peso por el parate que acarreaba por la lesión.

   Ruben se activó recién a los siete minutos del epílogo. El 9 alcanzó a meter un cabezazo a la salida de un tiro libre bien lanzado por Gil, pero su remate salió como su presente: torcido. El capitán no puede sacarse la mufa. Hace 802 minutos que no marca un gol.

   Otro que estuvo a un tris de facturar fue Pachi Carrizo. Pero el arquero Chaves se encargó de desactivar un zurdazo envenenado (55'). Los canallas luego se comieron otro gol casi cantado. Zampedri cabeceó a cualquier lado. Derrapó con una palomita a los 57'. Así era imposible empardar. Los deseos estaban perdiendo por goleada contra las intermitencias y falencias en los metros finales.

   El atrevimiento y la frescura de Lovera hizo que el pibe ensayara un remate de media distancia a los 66'. No fue ni chicha ni limonada, es cierto. Pero al menos se atrevió a hacer lo que otros no hicieron. O no pudieron antes. De hecho, a los 80' hizo vibrar el horizontal con un gran tiro libre.

   Pero a los 81' llegó el balde de agua fría. Otra vez una aparición fugaz de Braian Romero hizo crujir el corazón y la ilusión canalla. El delantero marcó el 2 a 0 en la única acción del Bicho para sorpresa de todos en el Gigante, donde la gente quedó en modo impotencia y descolocada por esta nueva derrota. Ni hablar cuando Nico González selló el 3-0. Lo único que lo mantiene en pie es la ilusión de la Copa Argentina porque el descuento de Zampedri, a los 92', fue simplemente el gol de la vergüenza deportiva.

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