Triunfazo de Central. No tanto por forma, que pudo serlo si e pleito lo hubiese resuelto ya en el primer tiempo, sino por lo que representa. El Canalla tenía muy en claro la importancia de estos tres puntos y lo jugó en consecuencia, con momentos de sol pleno y de a ratos con nubarrones que le nublaron la vista, pero siempre con decisión. El gol de Enzo Copetto cerca del final por algo retumbó de la forma que lo hizo.
Un primer tiempo como para desentenderse ya del tema y jugar el segundo regulando, pero la falta de puntería lo privó de eso. Después, un partido que se hizo chivo, aunque nunca demasiado complicado, que se definió de la forma que Central pretendía: con una victoria que trae tranquilidad, que calma ansiedades, que empuja hacia adelante.
Central jugó a gusto desde el principio
Central pensó un partido en el que debía tirarle a Libertad la jerarquía encima y lo hizo de inmediato, sin perder tiempo. La posesión absoluta del balón le dio la chance al canalla de manejar el trámite a gusto. Pero no se quedó sólo en eso de tomar las riendas, sino que tuvo la decisión de ir hacia adelante. Desde la salida prolija con Ibarra, Central lograba desequilibrio por afuera, pero le faltaba algo de claridad.
Y de golpe, el vendaval canalla, con una serie de chances muy claras, en las que se hacía difícil entender por qué el cero no se rompía.
Fue increíble la tapada del arquero González luego de que Veliz metiera un tremendo cabezazo tras el centro de Sández. De ese córner, una salida en falso de González y el toque por arriba de Enzo Giménez. Espinoza la sacó sobre la línea.
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Libertad resistía como podía
Iban apenas diez minutos y el partido ya había tomado una tónica clarísima. Era Central yendo una y otra vez y Libertad resistiendo como podía. Y la diferencia comenzó a ser cada vez mayor. El asedio sobre el arco guaraní también.
Ahí Campaz ya se había metido en sintonía, Pizarro se animaba a pisar el área rival, Ibarra presionaba alto y ganaba. Todo era del Canalla.
Entre los 26’ y los 30 minutos, otra ráfaga auriazul. A Pizarro se la sacaron dos veces en la línea, casi en la misma jugada, la segunda después de haber desairado al arquero. Otra vez Espinoza le ahogaba el grito a un Central que se sentía superior, que jugaba en consecuencia, pero al que le costaba traducirlo al resultado.
No pudo hacerlo en ese centro de Campaz a media altura que Veliz no alcanzó a conectar y tampoco en el furibundo remate de Ibarra desde afuera del área que González despejó con ambas manos.
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Merecía largamente la ventaja
En esos 30 minutos, Central ya merecía no sólo estar en ventaja, sino hasta tener el partido liquidado. Pero es fútbol. Lo mismo le sucedió en el segundo tiempo contra Independiente del Valle. Hubo un quedo del Canalla en los minutos finales y el descanso llegó con el marcador cerrado porque Ledesma metió una tapada increíble tras un remate de media distancia, en el tercer minuto de adición.
Central intentó no apartarse de la hoja de ruta, pero la tendencia ya no fue la misma. Porque Veliz exigió en el arranque, pero Libertad empezó a ver que si exigía, podía. LO hizo Recalde con una media vuelta (mala cobertura de Ávila) que encontró a Ledesma bien planteado. Y ahí un ida y vuelta que peligroso. Porque Veliz lo tuvo de zurda, pero al toque Alan Franco reventó el travesaño.
Se cayó Central desde lo físico y el fútbol dejó de fluir. El hincha en la tribuna no lo notó, por eso el reclamo para que el equipo fuera por más, ya sin Veliz en cancha. ¿Qué pasó? Pase en cortada perfecto de Coronel para Copetti y el toque sutil, contra el palo derecho (un calco al gol ante Huracán). Gol. Locura en las tribunas. Lo que hacía falta era más inteligencia que otra cosa. Adentro Navarro y Quintana para aguantar.
No pasó mucho más, apenas el nerviosismo de esas dos últimas pelotas paradas en contra que finalmente no hicieron daño. Y llegó ese final loco, emotivo, de desahogo, pero sobre todo necesario. Es temprano, pero fue un gran paso a hacia la clasificación. Un verdadero sapucay canalla.