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Cecilia Rognoni: "El tiempo me dio la razón"

La ex defensora de Las Leonas, hoy entrenadora, le concedió a Ovación un mano a mano en el que rompió el silencio y se refirió a lo que significó la desafectación del equipo en 2005. Dijo que ahora puede disfrutar del pasado y que dirigiría a la selección

Martes 28 de Julio de 2020

Cecilia Rognoni siempre fue un personaje difícil. Y así como fue difícil también fue excepcional. Los que más saben de hockey dicen que ya no quedan jugadoras como ella, que fue una líbero brillante, que su técnica y su clase ya no se consiguen. Lo refrendan también desde el valor de la personalidad, de esa estirpe que la distingue aún cuando cruza una calle para llevar a sus hijos a la escuela. Alguna vez Sergio Vigil dijo que Cecilia fue la jugadora con la mentalidad ganadora más grande que pudo haber conocido. Y que ella le enseñó más de lo que él pudo transmitirle. Es un emblema fortísimo en la camada fundacional de Las Leonas y aún habiendo sido defensora logró ser la mejor jugadora del mundo en 2002. Fue el mismo año en el que ganó el primer Mundial con Argentina, en Australia. Pero así como deslumbró, también, por momentos, se apagó. En 1999 le tiró una bocha a un árbitro y quedó suspendida un año. Llegó con lo justo a los Juegos de Sidney. Y en 2005, una nota a un diario porteño terminó con su desafectación del seleccionado. “Estamos muy aburguesadas”, tituló La Nación en referencia a los dichos de Cecilia sobre Las Leonas, cuerpo técnico y métodos de entrenamiento. Sus compañeras la acusaron de romper códigos internos y el DT la sacó. Así, Rognoni se quedó sin selección y Argentina privada de su hockey. En 2010 le dieron otra oportunidad pero ya era tarde. Tras ese 2005, un poco para crecer y otro poco para aislarse, terminó de asentarse en el Viejo Continente, donde finalmente ancló su vida: jugó en Alemania y en los mejores clubes de Holanda, donde lleva un día a día de mamá todo terreno. Tiene tres hijos holandeses y es entrenadora de Amsterdam, el mejor equipo de Europa.

En estos años, Cecilia, que ya era desconfiada de la prensa antes de aquel episodio, lo fue un poco más. Y ya casi no enfrentó micrófonos. Las notas que dio fueron en el marco de otras cuestiones y en general breves, sin demasiada hondura. Pero ahora, 15 años después, se sienta en el patio de su casa en Amstelveen, uno de los barrios de Amsterdam, prende el teléfono, la cámara, prepara el mate y le da esta nota a Ovación. Está distendida bajo el cielo de verano y ríe con el aplomo que da la seguridad. Habla. Habla con las palabras y con los silencios. Con los ojos, con las manos. Con las risas y los gestos. Habla y tiene ganas de hablar. A tal punto que está claro que hoy, esa huella que se miraba de reojo, quiere trasladarse al centro de la escena: “Ahora estoy disfrutando de mi pasado”, dice. Y no se achica reconociendo que ese hecho de 2005 fue el que más la marcó. Revela que “el tiempo me dio la razón” y que, pese a tanto dolor, pudo redimensionarlo. Extraordinaria y rebelde, siempre, Cecilia Rognoni es su propio sello.

Durante la pandemia sorprendiste dejándote ver en redes sociales, en entrevistas o charlas. ¿Estás más cerca de Argentina?

Ahora que te escucho a vos decir así... Es verdad, por ahí estoy más on line, más presente. Me pasó, en esto de estar cerca, que gente conocida, amigos, entrenadores, me fueron pidiendo de participar en charlas y me prendí. También pasó que empecé a disfrutar un poco más de todo el pasado. Al contar cosas, al recolectar anécdotas... Está bueno, me divierte y tampoco es una exposición de las que no me gustan. No sé si es estar más cerca pero sí a través de ellos fui recordando y reviviendo.

¿Quieren darte a conocer a las nuevas generaciones?

Sucedió en una de las charlas que había nenas de club, de primera hasta inferiores en la que muchas no tenían ni idea de quién soy, porque cuando yo jugaba no estaban ni en los planes de sus padres. Las preguntas que te hacen son divertidas, les explico cosas y trato de compartir otras con estas generaciones.

La referencia a una reconciliación con el pasado significa haber estado peleada con él. ¿Tiene que ver estrictamente con lo hockístico, con tu marginación de Las Leonas en 2005? ¿Hubo una necesidad de estar lejos y en silencio?

(Respira hondo, piensa) Ahora, con el tiempo y con la edad, una puede analizar y evaluar un montón de cosas. Y te puedo decir algo que no es nuevo pero es tal cual: mi carrera fue con altos y bajos. Por ahí muy altos, por ahí muy bajos. Me vi en momentos difíciles, como la desafectación de la selección. En los bajos, incluso en las lesiones, o cuando me sentía mal, prefería estar tranquila. Necesito tener mi lugar, mis tiempos y a veces me sentía muy invadida. Viví momentos duros por todo lo que pasó, por las cosas que se hablaban en la prensa y de las que yo decía “pero esto no fue así”. Entonces opté por no hablar más, aislarme y estar con la gente que me hacía bien. Pero también son cosas que hice en los momentos buenos. En los muy altos. Recuerdo cuando gané el Olimpia de Oro por primera vez (en 2002) y al otro día me tomé un avión y me fui a visitar a mi hermano a Italia. Mi mamá me puteaba porque se explotaba el teléfono de la casa. Me fui igual. ¿Y yo por qué tengo que cambiar mi vida? Para mí fue muy difícil en ese momento adaptarme a determinados cambios o picos. Hoy te lo puedo decir, los períodos que me tomé para descansar o aislarme en mi mundo fue para seguir con los pies sobre la tierra.

De esos bajos cruciales uno fue haberle tirado un bochazo a un árbitro en 1999 y haber sido suspendida un año. El otro fue la desafectación de Las Leonas luego de que saliera una nota en un diario con una declaración que molestó al plantel. ¿Cuál te marcó más? ¿Hay una verdad que quedó tapada? ¿No temés haber callado y otorgado?

(Se pone seria, piensa mucho). Obviamente que cada historia se vive desde cada lugar. En esta historia y en otras que me tocaron. Pero esta, no era una de dos personas sino una situación donde vivía mucha gente, un equipo. Me sigue pasando en la actualidad, que entreno a equipos y ante una situación cada uno reacciona diferente. Creo que si tengo que comparar estos dos momentos diría que en el primero, cuando me sancionan, tenía un respaldo y un apoyo por parte del equipo, eso me dio fuerzas para seguir, sino no hubiera podido. Y en el segundo, en la desafectación, hubo que elegir. El entrenador (Gabriel Minadeo) tuvo que hacer lo que consideraba mejor en ese momento. Lo sigo respetando por las decisiones aunque puedo estar de acuerdo o no. Por el respeto que cualquier jugador le debe tener al técnico es que no hice ningún problema. Fue una decisión que tomó él. Y después con eso de que el que calla otorga... Y... Yo mi historia nunca la conté.

Por eso, hay una verdad que no se escuchó.

Exacto. Y creo que tiene que ver con el dolor que eso me generó y lo débil que me sentí. No pude hablar, no pude contar mi verdad. Porque no estaba lo suficientemente fuerte en ese momento, entonces opté por callarme, teniendo muy en claro cómo fueron las cosas desde mi punto de vista.

¿Te arrepentiste de aquella nota o declaración que terminó derivando en la salida del equipo?

(Piensa, mira hacia arriba) Mirá, arrepentirme tendría que arrepentirme si hubiese matado a alguien. Yo no maté a nadie. A mí el tiempo y declaraciones posteriores me dieron la razón. Entonces... Te repito, viví una carrera muy intensa y todo, desde lo bueno a lo menos bueno fue muy intenso. Y lo puedo decir. Ahora también me doy cuenta de qué tipo de jugadora era, las cosas que hacía. Cuando me dieron el premio a la mejor del mundo en el 2002, pensaba “yo todavía puedo mejorar, todavía no llegué a mi techo”. Después no tuve muchos más años para seguir creciendo. Es lo que te digo en tiempo, esto de recordar...

¿Qué ves de vos en todo eso que estás repasando o descubriendo?

Lo que más me llama la atención es cómo me veían, porque me dicen “porque cuando vos entrabas a la cancha...”. Y yo cuando entraba a la cancha no tenía miedo pero me temblaban las piernas, estaba nerviosa. O cuando me dicen “porque vos y tu mentalidad ganadora”. ¿Qué es la mentalidad ganadora? Si estoy en alto rendimiento y represento a mi país y lo quiero llevar a lo más alto tengo que lidiar con el ganar y perder, esas cosas que no me daban lo mismo. Creo que a ninguna de mis compañeras le daba lo mismo. Por ahí ante situaciones difíciles o partidos complicados alguna podía pensar “imposible ganar acá” yo decía “¿Qué? ¿Cómo imposible?” Si el partido empieza 0 a 0, ¿qué es imposible? Por eso a veces escucho aún a chicas hablar de la final de Sidney (caída 3 a 1 ante Australia) o de cuando le ganamos a Nueva Zelanda en la previa y pienso que nos faltó eso, ir por el oro de otra manera. Ojo, Australia era un equipazo y podía ser que nunca hubiéramos ganado pero faltó ese “vamos”.

¿Con el tiempo también ves que es muy difícil encontrar jugadoras con tu estilo en la misma posición?

Me doy cuenta... Y ahora que estoy en el hockey de damas también me cuesta mucho encontrar a alguien con esas características, lo que pasa es que también es difícil comparar porque cambió mucho el juego, cómo hacés para comparar, pero entiendo. Ya surgirán...

Hablaste del premio a la mejor jugadora del mundo, ¿qué implica serlo? ¿Es un premio o son otras responsabilidades también?

Me costó mucho entender el tema del premio, me resulta muy difícil entender cómo se da y cómo se recibe. A ver, a Lucha (Aymar, lo ganó 8 veces, la máxima ganadora de la historia) no la vamos a discutir pero después tenés jugadoras de las que decís, “¿por qué la eligieron?”. Para mí ese momento fue muy difícil, no me lo esperaba, menos siendo defensora, y pensaba, “¿es necesario hacer un premio así en un deporte que es en equipo?” Porque yo también tenía falencias, debilidades, era una carga ese premio. Cuando me lo dieron no le di mucha importancia porque estaba en pleno Mundial pero con el tiempo también entendí y acepté que ahora tengo uno en mi casa, que hice méritos para ganármelo. Estoy disfrutándolo más que antes.

Tras ese episodio de desafectación, en 2010 volvés al seleccionado en el proceso hacia el Mundial de Rosario. ¿Fue para saldar ese dolor de los años afuera pese a que no quedaste por lesión?

No lo tenía pensado, no esperaba que me volvieran a llamar (Carlos Retegui la convocó) y no tenía que ver con el pasado sino con el momento que estaba viviendo. Ya había tenido a Nina y dije “¿qué más lindo que poder vivir un Mundial con tu hija cerca?”. Lo que me deja tranquila es que intenté hacer todo como para poder estar, pero lamentablemente la lesión de rodilla era más complicada de lo que todos creían, inclusive yo.

Hace rato sos entrenadora y en mayores arrancaste con varones, ¿este rol estaba en tus planes?

En un momento, que todavía jugaba en el segundo equipo de Amsterdam con amigas o ex jugadoras de selección, siento que me dolían mucho las rodillas. Mi tema era que el uno contra uno lo jugaba siempre igual, rodilla sana o rodilla rota. Pero un día llegué del partido y no podía subir las escaleras de casa, tenía dos hijos chiquitos. Ahí pensé en que tenía que cambiar mi vida. Era tirar 25 años en el hockey o arrancar una carrera nueva. Opté por seguir vinculada y así fue. Empecé a repartir currículums en la zona donde vivo y me llamaron los seis clubes (hay nueve, tiró en los más chicos). Elegí uno (Myra, en 2011) para dar prácticas a los nenes, tenía que ocupar mis horas y crecer de abajo como entrenadora. El que era coordinador del club me vio laburar y me preguntó si quería ser su asistente en hombres. Estuve ahí en lo que sería una C, pasé por el Rood Wit y más tarde llegué al HC Klein Zwitserland de la primera clase, aunque en realidad los agarré en la B.

Y los ascendiste.

(Risas) Los ascendió el Puma Castaño (argentino), yo era la asistente, aprendí mucho al lado de él. Así fue como estuve 6 ó 7 años con varones y de repente pensé en que tengo tres hijos, en que me divorcié hace tres años y en que me tenía que organizar de otra manera. Dejé el hockey y entré a trabajar en una oficina de traducciones. Nada, duré un mes. No era para mí. Renuncié un miércoles y el jueves me llegó un mensaje del entrenador de damas 1 del Amsterdam, que es el último campeón de Holanda y de Europa y me dijo “necesito una asistente”. Acepté cambiar varones por mujeres. Arranqué el año pasado con las chicas. En el plantel tengo ocho de la selección holandesa, una es Eva de Goede, hoy la mejor del mundo.

¿Cómo es la relación en cuanto a mujer dirigiendo hombres? Se piensa en Holanda como un lugar más “abierto” en estas cuestiones.

Acá la mentalidad y el trato son diferentes a Argentina pero sigue habiendo problemas de género, de discriminación. No vamos a mentir. Y una como mujer se tiene que hacer paso entre los hombres. De hecho en todos los clubes en los que estuve me tuve que plantar ante los jugadores porque se hacían los vivos. A ver, no sé si tanto porque era mujer sino porque los jugadores son como los hijos, siempre están midiendo hasta dónde pueden llegar. Es marcarles la cancha. Me resultó fácil trabajar con hombres porque siempre fui muy directa. Con las chicas me cuesta un poco, pero me adapté y estoy entendiendo más las formas, la cultura.

¿Hay algo que disfrutes más de este rol y otras cosas que te hagan sufrir un poco?

Del rol me gusta entrenar a los jugadores individualmente para que puedan aplicar sus fortalezas en la táctica. Es reloco lo que me pasa, porque tengo ocho jugadoras de la selección y por ahí está mal que lo diga, pero no les doy ni bola. Me voy con las que no son de la selección, porque cuando las de la selección le pasan la pelota a esas, quieren que la paren, entonces me encargo de que agarren bien el palo, separen bien las piernas y de corregir todo lo que es la técnica individual. Cuando en el partido hacen lo que entrenamos me siento realizada. Es medio frustrante a veces. A mí naturalmente me salían los movimientos, veía los espacios, lo que me decía el entrenador, pero no es sencillo. Algunos no lo ven y eso lo estoy aprendiendo.

No hace mucho dijiste que al hockey de hoy le falta técnica.

Mucha. Me pasa eso, las chicas están físicamente bien pero... “Tirala al arco”. Y pegan y la tiran afuera. O agarran mal el palo, es más importante hacer la conducción aérea y el dribbling de no sé qué sarasa antes de pararla. “¿Y si la parás y la pasás?” Soy básica en eso y me peleo, porque acá todos quieren lo último. Una vez que tengas esto agregale los firuletes que quieras. En Holanda es al revés, empiezan con los firuletes y después cuando les querés enseñar lo básico, cuesta. Es aburrido pero necesario.

¿Estas mujeres saben quién sos, de dónde venís?

No, no todas saben. Contra Eva (De Goede) llegué a jugar, pero el resto no. Hace poco una de ellas me dice: “‘Ceci, ¿Me podés enseñar a hacer como hacen las argentinas el dribbling aéreo?”. La miré y le dije: “¿Vos sabés en qué posición jugaba yo?” Listo, me dijo todo con la mirada. “Ok, te voy a enseñar pero tengo mis pensamientos respecto a esto”. Se reía.

Hoy sos ayudante, pero a un equipo íntegramente tuyo, ¿qué no le podría faltar?

Soy asistente y eso para mí es una posición cómoda y muy buena porque hago lo que me gusta, que es trabajar en el campo con los jugadores. La posición de coach acá es diferente, es hacerte cargo de muchas más cosas y al tener los chicos tan chiquitos no estaría pudiendo ni queriendo tomar esas responsabilidades. De todas maneras si en un futuro me toca ser coach lo que no le podría faltar es el compromiso, el trabajar serio. Estaría también el tema de la igualdad por más que cada jugador sea diferente, me gustaría que a mi equipo no le falte eso de entender que hay que ayudar al otro, que el otro puede ayudar a compensar tus debilidades y al revés. Y pasión.

¿Tenés en la mira ser coach?

Por ahora no. Mirá, si tuviera que elegir entre jugar y entrenar elijo 100 veces jugar, entrenar me gusta pero veo a los coach que son fanáticos, “los hockinerds”. Mi pasión era más en el campo de juego con la pelota, coacheando desde adentro. Es algo que me gusta hacer pero no logro identificarme. Puede ser que tenga que ver con la edad de mis chicos que son chiquitos y quiero disfrutarlos, no quiero asumir aún esa responsabilidad porque implica mucho.

Si eso avanza y planteás metas cada vez más grandes, ¿dirigirías a Las Leonas?

(Piensa) Sí, la verdad que sí. No me cierro las puertas a nada. Podría ser.

Se entiende que tenés una vida allá, con hijos chicos, pero teniendo en cuenta la jugadora que fuiste y el perfil que vas asumiendo es una obligación preguntártelo.

Sí, claro, obviamente. Sería muy lindo. Tendría que empezar a ponerme más objetivos de coach, me estás metiendo demasiada presión y yo estoy muy relajada (risas).

En ese caso serías probablemente la primera entrenadora mujer en la selección. Inés Arrondo, compañera tuya en Las Leonas, se convirtió en la primera mujer Secretaria de Deportes de la Nación.

Sí, más presión con esto que decís. En Argentina hay mujeres que podrían ser coach. Pero no sé... No es fácil tu pregunta, como sueño sería bueno. Con Inés y su carrera estoy chocha, porque es una persona que trabaja mucho. Sí, ¿por qué no?

LEONA DESDE LOS PRIMEROS PASOS

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Cecilia Rognoni se inició en el hockey con 5 años, en Mitre, para dar luego un salto de calidad y crecimiento en Ciudad de Buenos Aires. Fue de las primeras argentinas en hacer experiencia en Europa. Vistió la camiseta nacional en seleccionados menores y se consagró en Las Leonas ganando Champions, un Mundial y dos medallas olímpicas, entre tanto. Pese a que era líbero, fue de las mejores socias de Luciana Aymar dentro de la cancha, por su visión ofensiva.

EL DEPORTE SE LLEVA EN LA SANGRE

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Desde que dejó de jugar, Cecilia Rognoni (43) empezó a entrenar. Y dio los primeros pasos en las categorías menores. Esas nenas, por supuesto, no tienen ni idea de su formidable carrera ni de lo que representó. Su hija Nina, la mayor, de 11, juega al hockey en Amsterdam pero Cecilia no quiere influir si luego decide ser jugadora de alto rendimiento: “No quiero ni compararla ni meterle presión. Fui su entrenadora cuatro años. (...) Es difícil ser hijo de los deportistas que nos destacamos”, dice, con cierto lamento. Igual, su hijo Max (de 8) la descose en un club del barrio jugando al fútbol y la escuelita del Ajax lo invitó a sumarse a algunos entrenamientos. Bruno sólo tiene 4 años.

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