Hace apenas un mes, antes de enfrentar a Newell's en la Bombonera, el imperio de Boca en el torneo tambaleaba, se hablaba de la sombra del River de Marcelo Gallardo encima y las comparaciones dolorosas con aquel equipo que increíblemente perdió el título de la mano de Ricardo La Volpe eran moneda corriente. Quién hubiera imaginado entonces que al equipo del Mellizo Barros Schelotto le sobrarían dos partidos para consagrarse y que la nueva corona xeneize la disfrutarían por televisión gracias a la nueva mano que le dio el único que suele amargarlo seguido: San Lorenzo, que primero le hizo el favor de bajar las pretensiones millonarias y ayer dejó sin chances a Banfield, el único que podía alcanzarlo. Pero así fue. Antes de salir hoy al césped del Roberto Carminatti ya era campeón y desató un festejo a lo largo y a lo ancho del país. Como en el hotel Argos de Bahía Blanca donde concentró el plantel. Como en el estadio. Como en el Obelisco. Como, obvio, en el Monumento Nacional a la Bandera.































