Lo más trascendente que hizo Omar De Felippe en estos cinco meses como entrenador de Newell's fue hacerse responsable de lo mal que juega el equipo desde que lo conduce. El técnico rojinegro ya no tiene derecho a ningún pataleo. Ni a quejarse porque no llegaron los refuerzos que solicitó. Menos a darse el lujo de estar disconforme con el plantel que formó. En todo caso, si el DT no estaba de acuerdo con lo que le trajeron para afrontar la Superliga, se hubiera ido antes de arrancar. Escudarse en las recortadas posibilidades presupuestarias que tuvo Newell's para encarar el mercado de pases es esconderse adentro de las excusas. Hay miles de entrenadores que con las manos tan atadas como él para incorporar se las ingeniaron para hacer mucho más de lo que propone Newell's. Lo concreto es que este equipo luce tan desmejorado como el de Llop. Y De Felippe es el exclusivo culpable de no haber cambiado nada. Hasta a veces queda la sensación de haberlo empeorado. Si no provoca resistencia en el hincha es porque tiene la imagen de un DT poco proclive a caer en actos demagógicos. Es gratificante que no venda humo y que no declare con tinte tribunero, como sí ocurrió con otros entrenadores que pasaron por el club. Pero a él lo contrataron para que haga funcionar al equipo.



























