Central

A Central le faltó juego pero lo salvó la puntería

Central y Talleres aburrieron y no se sacaron ventajas. Al equipo de Bauza le faltó otra vez juego, pero acertó en los penales.

Viernes 07 de Septiembre de 2018

Nada por aquí, nada por allá. Apenas algunas insinuaciones de Central en el inicio del primer tiempo y lo mismo de Talleres en el amanecer del complemento. Apenas una situación clara por equipo en medio de un partido parejo, pero aburrido por donde se lo intente analizar o abordar. Fueron 90 minutos de un bostezo gigante que tuvo el detalle más emocionante en la definición por penales.

No fue un arranque tan timorato del lado de Central, al menos en relación a los pocos antecedentes del semestre. Es más, la intención fue clara: intentar marcar el ritmo del partido y no dejar que Talleres juegue con libertad. Y esa propuesta contó con un plan estratégicamente pensado teniendo en cuenta lo que había ocurrido en el estadio Kempes algunas semanas atrás. Carrizo fue el que más insinuó en ataque, el más predispuesto al desprendimiento de la zona de volantes. También hubo un cambio en relación a lo que se venía viendo y fue el Pachi Carrizo quien se mostró por encima del nivel que viene exhibiendo en los partidos de la Superliga. Además de intentar colaborar en el retroceso en más de una oportunidad tomó la lanza y fue para adelante. Pero lo dicho, la idea de atacar más por la derecha que por la izquierda fue por las ataduras que tuvo Camacho por la banda izquierda para que Godoy no trepara como lo había hecho en la segunda fecha de la Superliga, partido en el que también Central le ganó a Talleres.

En ese mejor arranque de Central apareció la falta de Guiñazú sobre Herrera que terminó con el remate de Gil directamente al arco, aunque de manera muy débil. Igual, a esa altura se veía que lo de Central eran más jugadas que juego. Porque Ortigoza mostró impreciso, porque Gil no iba más allá de la mitad de la cancha y porque a Herrera y Zampedri el equipo les quedaba demasiado lejos.

La más clara de la primera etapa fue sin dudas el remate de Herrera contra el palo derecho que el arquero Guido Herrera envió al córner luego de un gran quite de Carrizo en la zona media con posterior cambio de frente para el Chaqueño. Pero fue lo único y lo último en cuanto a emociones de un primer tiempo en el que hubo, de parte de ambos, más estudio y temor a quedar desprotegido que audacia para ir en busca del desequilibrio.

Para Central fue mucho más difícil de decodificar el segundo tiempo. El inicio principalmente. Es que el golpe de timón que metió Vojvoda con el ingreso de Montenegro hizo que su equipo se parara con tres en el medio y un enganche (Maroni). Así, cada vez que Talleres encaró con pelota dominada por el centro del campo Gil y Ortigoza dejaron expuesta su lentitud. Encima, el Colo estaba amonestado. Al minuto, Arias quedó mano a mano con Ledesma en una jugada que se inició por ahí, por el centro.

Talleres tampoco fue una tromba pero redujo a Central a su mínima expresión, con sus delanteros más aislados que nunca, haciendo un desgaste enorme sin entrar demasiado en juego. Y así el equipo canalla lo sufrió más de lo que lo jugó. En parte también porque no tuvo la inteligencia para cortar el juego en el momento preciso. Habla a las claras que la primera falta del complemento la hizo Matías Caruzzo, a los 41'.

Y con poco fútbol de un lado y casi nada del otro, el partido se encaminó a un empate que dejó librada la suerte en los penales. Y el que festejó fue Central porque fue más preciso en las ejecuciones y tuvo a Ledesma como figura.

La figura: las manos de Ledesma

Fue un partido sin demasiadas emociones en los arcos, de contadas llegadas, pero a Ledesma siempre se lo vio seguro, como cuando apuró a Junior Arias en un mano a mano a comienzos del complemento. Y terminó de coronar una buena noche al atajar el penal de Ortiz, que fue el que en definitiva le dio la victoria a Central y el pase a octavos de final.

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