Uno de los finalistas será el (autoproclamado) Javier Milei. ¿Y el otro? Hoy es Kicillof, pero a esa llave del torneo todavía le faltan muchos partidos para definirse. Existe desde ese lado una paradoja: lo lógico es que sea Axel, y lo ilógico es que sea… Axel. ¿Por qué?.
En primer lugar, no es líder, lo cual arranca desde atrás frente a un presidente que es la máxima figura indiscutible de su espacio. Segundo, porque no es nuevo, aunque tiene el hándicap de su larga trayectoria, pero no tiene un relato renovador y alternativo que seduzca. Tercero, porque al público que alaba a Cristina no lo enamora el gobernador. Cuarto, porque no prende en el interior. Quinto, como derivado de todas esas razones, sus pares provinciales no se entusiasman y sus aliados bonaerenses querrán salir de la succión si sigue pasando el tiempo y no progresa, además de no poder resolver su conflicto con el cristinismo.
Frente a ese cuadro, muchos dicen “pero no hay otra cosa”. Es verdad, pero falta mucho tiempo. Hasta ahora, las Paso están vigentes y eso significa que las definiciones legales habrá que hacerlas dentro de once meses. Una eternidad en la política contemporánea, no solo en la Argentina. La última elección nacional en Canadá se definió en el último mes a favor de los liberales, cuando los conservadores la daban por ganada en los dos años previos (el panel dedicado al tema en la última conferencia de la Asociación Internacional de Consultores Políticos fue “En Canadá un mes es una vida”).
El "candidato natural"
El otro problema es considerarse de antemano “el candidato natural” para desalentar precandidaturas alternativas, como hizo Daniel Scioli en su momento. En este último caso, muchos creen que una primaria con Florencio Randazzo lo hubiese potenciado en la recta final: solo perdió por 700.000 votos con una asistencia que superó los 25 millones.
Si bien ha dado algunas señales de intentar un nuevo relato -redefiniendo el rol del Estado presente por eficiente-, no termina de elaborar su “nueva canción”, lo cual planteó hace casi tres años. Siempre decimos que para alumbrar una nueva religión hace falta un mesías, un evangelio y evangelistas. Pues aquí solo hay lo primero. Sin evangelio que entusiasme, será difícil fidelizar a sus evangelistas.
Una cuestión adicional es la intención del cristinismo de colonizarle la campaña con la bandera “Cristina libre”, lo cual es rechazado por la amplia mayoría de la sociedad. El punto es que él mismo considera que la jefa está injustamente detenida, y eso le pone un techo sólido a su potencial. Si hoy la elección fuese entre Milei y "Cristina libre", el resultado estaría cantado.
Las huestes del gobernador están dispuestas a 1) participar de un frente amplio progresista que trascienda al kirchnerismo y 2) dar una primaria con otros candidatos para salir fortalecido. El tema es qué hará el PJ formal conducido por Cristina y qué ocurre si ella dice “X (no Kicillof) es mi candidato”. ¿Con cuántos votos se quedaría Axel? Muy complejo.
Sin sorpresas
Más allá del potencial electoral, van pasando los días y no se vislumbra ninguna jugada política de Kicillof que sorprenda y cambie el panorama. Eso desalienta a sus aliados bonaerenses (típicamente los intendentes), que cada vez le ven menos chances presidenciables, y en algún momento lo pueden dejar solo en la patriada. Así, se le van sumando incógnitas: ¿qué hacer con Cristina y La Cámpora?, ¿adelantar o no la elección provincial?, ¿deshacer o no sus primarias?, ¿darles o no la reelección a los intendentes? Al no saber cómo será el cronograma nacional, eso tiene un efecto cascada que retrasa el proceso decisorio.
Por lo tanto, no se debe dar nada por sentado ni por cerrado. Todavía puede aparecer una “esperanza blanca”, fresca, no contaminada con el pasado, que le permita un juego de cintura que el exministro de Economía no tiene. Los fenómenos relámpago de último momento tienen más posibilidades que nunca en la historia. Y si producen un movimiento de olas en la opinión pública, entonces pueden llamar la atención de una dirigencia escéptica hasta acá.
Cristina preferiría imponer el próximo presidente de la Argentina, y si no seguir siendo la jefa de la oposición. Y si además puede desactivar al “traidor” de Kicillof, mejor aún. Ella continúa siendo la accionista mayoritaria de la empresa. Mientras su núcleo duro electoral lo confirme y la mayoría de la dirigencia del PJ lo acate, aún presa, su corrimiento del escenario político no será de corto plazo.