Y un día un dirigente alzó la voz y apuntó con suma dureza. Sin temores a pesar de las posibles represalias y consecuencias que se generan ir contra el poder. Andrés Fassi, presidente de Talleres, vio cómo su equipo fue perjudicado por el arbitraje de Andrés Merlos en la definición con Boca en Copa Argentina y saltó a escena no sólo contra el juez, sino que decidió ir por todo y cargó contra el presidente de la AFA, Claudio Tapia. Algo que muy pocos tienen el coraje de hacer más allá de que tengan casi el mismo pensamiento de un manejo unipersonal.
"Reiteradamente perjudicás a una institución que merece respeto, que no tiene porqué sufrir ningún tipo de situación. Chiqui, no jugués con Talleres", disparó a lo largo de una extensa exposición que hizo Fassi relatando con detalle todo el conflicto desatado con Merlos, quien lo acusó hasta de usar armas. El directivo no sólo lo negó sino que contó la agresión que sufrió de parte del árbitro y, como consecuencia de esto, que lo denunciará penalmente.
Fassi no hizo otra cosa que patear el tablero ante un Chiqui considerado intocable y al que la gran mayoría de los dirigentes temen. Existe prácticamente un "levantamiento de manos" instantáneo muchas veces sin convicción, pero si no lo hacen aparece el miedo a que sus instituciones puedan ser perjudicadas. En Newell's, por ejemplo -Central conserva buen diálogo-, está instalado que la relación con el poder afista no luce de la mejor manera a pesar de las palabras amenas y benevolentes de los directivos hacia Chiqui y compañía. Si hasta hubo una bajada de línea tiempo atrás de no hacer declaraciones fuertes y críticas hacia los árbitros y la AFA. "Están pasando cosas muy extrañas", dijo en una ocasión el DT Leproso, Mauricio Larriera, para después jurarse -bajo sugerencias- no hablar más del tema.
Chiqui, ¿el intocable?
La conquista de la Copa del Mundo y las dos Copas Américas con una selección que abruma y seduce motivó a que Tapia se considere intocable y sea el hacedor de todo, pero en el llano, en la vida futbolera terrenal, el respaldo popular que él cree tener parece no ser tal. De hecho, en el Monumental cuando Argentina enfrentó a Chile y su nombre fue anunciado recibió una silbatina estruendosa. Fue un mensaje que dejó claro el descontento a una gestión que tiene logros de suma valía a nivel mundial, pero en el fútbol local no todo marcha sobre rieles.
El torneo se encuentra lejos de ser uno de los mejores, se introducen cambios en el medio de la competencia, los arbitrajes no están a la altura y los clubes del poder juegan muchas veces con cierto handicap. Y, como lo expuesto anteriormente, no hay espacio a las quejas porque las represalias pueden ser letales.
En el medio de toda esta puja y críticas hacia un fútbol argentino en baja, también es cierto que hay una lucha intestinal por poder y dinero. Porque también aparece en el medio del ring la pelea por las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), algo que pretende el gobierno nacional y rechaza enérgicamente Tapia.
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Pero más allá de estos intereses existentes, hoy la discusión llana y urgente está en que el fútbol argentino necesita un cambio profundo en busca de una mejoría. Que los clubes alineados no sean beneficiados, que existan arbitrajes sin condicionamientos y un torneo con reglas claras, sin ser cambiadas en el medio o final del mismo. Argentina tiene a la mejor selección del mundo, pero también a uno de los peores campeonatos. Con más técnicos echados o que renunciaron que fechas disputadas, aunque con la salvedad de que los mismos apellidos van mutando de club en club -salvo, entre otros, Carlos Tevez, quien se cruzó con los que mandan-.
Hoy el que decidió ir con todo y por todo fue Fassi, un poderoso empresario observado con recelo y ciertas dudas, y que se animó a enfrentar a Tapia, algo inusual ya que muy pocos se animaron a subirse a ese ring del poder. Y, sin dudas, a partir de ahora aparecerán varios rounds intensos.