OPINIÓN

¿Por qué rebrota el nazifascismo?

En distintas partes del mundo hay señales de un peligroso avance de la ultraderecha

Sábado 27 de Febrero de 2021

Toda Europa y el mundo, pese al coronavirus, miran a España con atención por algunas situaciones políticas de máxima tensión. En Barcelona y otras ciudades se registran manifestaciones que derivan en violencia y saqueos en protesta por la detención del rapero Pablo Hasél. Es un joven casi desconocido, hasta ahora, que fue encarcelado por el tono de sus letras y tuits que acusan a la policía de torturar y matar inmigrantes, cuestionan a la monarquía y al rey emérito Juan Carlos I y alientan a bandas terroristas como las ya inexistentes Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (Grapo) o la organización separatista vasca ETA, responsables de decenas de asesinatos en décadas pasadas.

Amnistía Internacional cree que en España hay amenazas a la libertad de expresión porque en el caso del rapero no se han superado los límites que marca el derecho internacional a expresarse libremente: la comisión directa de delitos.

Paralelamente, hace unos días en Madrid un pequeño grupo nostálgico de las asesinas SS hitlerianas recordó el aniversario de una batalla de la que participó la División Azul, una formación española de infantería que luchó junto a los nazis en el frente ruso. Otra joven desconocida, llamada Isabel Peralta, lideró el encuentro y ante unas 300 personas recreó un típico discurso nazi de la década del 30: “El enemigo siempre va a ser el mismo aunque con distintas máscaras: el judío. El judío es el culpable y la División Azul luchó por ello. Ser español es de las pocas cosas serias que se puede ser en esta vida”, dijo con orgullo tras exaltar públicamente su adscripción al fascismo.

Seguramente la muchacha y su pequeño grupo que saludaban con el brazo derecho al estilo nazifascista desconocen que en pleno franquismo hubo españoles, como el embajador en Hungría hasta 1944, Ángel Sanz Briz, que salvó de la deportación a unos cinco mil judíos húngaros al otorgarles pasaporte español por su pretendida ascendencia sefaradí. El Museo del Holocausto, en Jerusalén, lo declaró “justo entre las Naciones” en una ceremonia a la que asistieron sus hijos.

Además, hace un par de años, en el Consulado Español de Rosario se habilitó una muestra con 18 historias de diplomáticos españoles que salvaron miles de vidas hebreas durante la Segunda Guerra Mundial. Sin duda el ser español está muy alejado del sentimiento de la joven fascista.

¿Pero es sólo en España donde hay rebrotes de la ultraderecha? De ninguna manera. En Alemania, por ejemplo, y pese al profundo proceso de desnazificación emprendido por los gobiernos de posguerra, persiste un tufillo antisemita y un odio al extranjero enancado ahora mayormente en los inmigrantes africanos y de Medio Oriente.

La canciller alemana, AngelaMerkel, reconoció que en su país no existe ni un solo edificio de la comunidad judía que no tenga custodia policial para prevenir ataques que, por otra parte, son frecuentes en centros de refugiados de nuevos inmigrantes.

En una nación que sufrió la devastación de la guerra, los neonazis siguen en expansión en el Bundestag (Parlamento Federal). Desde el 2017, la ultraderechista Alternativa por Alemania (AFD) es la tercera fuerza política del país y tiene representación en todas las legislaturas regionales.

“Alemania tiene la responsabilidad histórica de hacer frente a la creciente amenaza del antisemitismo y del populismo de extrema derecha, tanto en su país como en el extranjero…. No nos desvincularemos de los acontecimientos que vemos en todo el mundo. Pero en Alemania siempre tienen que ser vistos en un cierto contexto, el contexto del pasado, lo que significa que tenemos que estar mucho más atentos que otros”, dijo Merkel.

En un mensaje al Parlamento, Merkel también puso mucho énfasis en relación a la legitimidad de los discursos de ultraderecha: “Hay libertad de expresión en nuestro país… Pero la libertad de expresión tiene sus límites: esos límites comienzan cuando se propaga el odio, comienzan cuando la dignidad de otra persona es violada. Debemos oponernos al discurso extremista. De lo contrario, nuestra sociedad no volverá a ser la sociedad libre que es”, remató.

Sin ir tan lejos, en la Argentina, el ex legislador y ex funcionario menemista Jorge Yoma respondió con odio fascistoide a un comunicado de tono muy crítico (polémico por su oportunidad) de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (Daia) en el día del fallecimiento de Carlos Menem. “Estos sátrapas, comerciantes, racistas, empachados de indemnizaciones. Se la pasan enjuiciando a nuestros presidentes constitucionales, acusándolos de los crímenes más horrendos. Deberían guardar un mínimo de respeto por lo menos el día del fallecimiento de quien fue 10 años presidente, no digo de su país porque ellos no lo sienten así, sino del país que los cobija”, escribió Yoma en su cuenta de Twitter. Le faltó mencionar a los peruanos, bolivianos, paraguayos o chinos que viven en la Argentina, pero se contuvo de expresarlo, aunque seguramente lo piensa.

Más allá de que la Daia debería repasar lo actuado por la institución y varios de sus dirigentes nacionales durante el menemismo, Yoma fue al menos sincero al dar a conocer públicamente sus prejuicios y resentimientos. Cuando las emociones afloran se escapan y salen a flote los verdaderos pensamientos.

La raíz del problema, en todo el mundo, es que el nazifascismo rebrota en las generaciones que incluso no lo vivieron porque retorna la necesidad de buscar culpables y de adjudicar en otros las causas de situaciones socioeconómicas críticas; rebrota por la imposibilidad de justificar, en esas mentes narcotizadas por el odio supremacista, la propia existencia y explicar las frustraciones propias de sus vidas en el marco de la posmodernidad.

El problema es cuando aparecen líderes que prometen cumplir con las fantasías ancestrales eliminacionistas que se han internalizado durante generaciones en buena parte de un pueblo. Esa es parte de la teoría sobre la explicación del fenómeno del nacionalsocialismo alemán que formula el historiador norteamericano Daniel Goldhagen. Teoría que aplica a un mundo de hace casi un siglo pero que, sin embargo, tiene similitudes con el actual.

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