Opinión

Matanzas que interpelan

Sábado 30 de Diciembre de 2017

Era alrededor de la 1.30 de la madrugada cuando un muchacho entró hace un año en una casa de Sauce Viejo, un pueblo tranquilo y semirrural ubicado al sur de la ciudad de Santa Fe cuya calma sólo suele verse afectada por la partida y la llegada de aviones al aeropuerto ubicado a la vera de la ruta 11. Los ocupantes de la vivienda, una pareja, dormían plácidamente y el intruso no les dio tiempo ni para la sorpresa: los apuñaló hasta matarlos allí mismo, sobre la cama.

Después el asesino siguió con la segunda parte del plan que guiaba sus acciones. Se subió a la camioneta de los dueños de casa donde acababa de cometer el doble crimen, manejó hasta la ciudad de Santa Fe y se paró frente a un edificio céntrico. Luego subió hasta un departamento y volvió a asesinar a otras dos personas, que eran padre e hija.

El cuádruple crimen ocurrió pocas horas antes de la Navidad de 2016, durante la madrugada del 24 de diciembre. El asesino, de 25 años, no pudo completar su plan: aunque se proponía matar a otras dos personas, no llegó a hacerlo. Eran su ex pareja y madre de sus tres hijos, y la pareja de su ex suegro. Ambas mujeres quedaron vivas y son testigos directos de una matanza que hace un año conmovió a la sociedad santafesina y fue noticia en el país.

Horas antes de la llegada del próximo Año Nuevo, una masacre con muchos parecidos volvió a sacudir ayer la modorra de la capital provincial a la hora de la siesta, esa franja del día en la que los santafesinos suelen esconderse del sol aunque no puedan evitar uno de sus mayores karmas: el calor y la humedad. Como aquel cuádruple crimen de hace un año, el de ayer también golpeó a una familia entera e impactó en la capacidad de asombro de las audiencias que se iban enterando de la noticia a través de los medios masivos y las redes sociales. Había varias similitudes entre ambos casos. Una, acaso la más notoria, es que ambos asesinos fueron por sus ex parejas y sus familiares. Otra es que cometieron los crímenes en distintos escenarios, lo cual hace suponer que el de ayer también siguió un plan, por precario que fuera.

En los dos casos parece haber la necesidad de los asesinos de castigar a su ex pareja. Otro rasgo común es la furia con la que fueron cometidos los crímenes, el del año pasado a cuchillazos y el de ayer a tiros. Por supuesto, hay un "detalle" más que se repite: la víctima de los despiadados asesinos no fue una sino varias.

Como el de diciembre de 2016, el de ayer es un caso que no ofrece misterios para los investigadores y que las estadísticas oficiales podrán presentar en el futuro como un caso resuelto. Marco Feruglio, el autor de los asesinatos del año pasado, fue condenado a prisión perpetua en un juicio abreviado porque las pruebas en su contra eran contundentes. Nadie puede adelantar cómo terminará el proceso judicial contra Facundo Solís, el guardiacárcel que ayer ejecutó a cinco personas, pero no hay dudas de que se trata del autor y lo único que podría evitar una sentencia similar a la anterior es que alguien encuentre un atenuante para su conducta, si es que lo hubiera.

Más allá de esa especulación, que se despejará en los Tribunales, resulta inevitable remarcar la conducta demencial y sus resultados de dos hombres que, ganados por el desprecio a sus ex mujeres y probablemente también por la incapacidad de aceptar el fin de una relación, decidieron sancionarlas no sólo a ellas sino también a sus familias o incluso a las personas con las que construyeron un nuevo vínculo. En su lógica perversa y de odio de género, esas mujeres debían pagar con su vida.

Nadie debería mirar para otro lado frente a ese comportamiento violento, irracional y asesino. Muchas cosas deben haber fallado a lo largo de la vida de esos dos hombres para que terminaran mostrando semejante desprecio por la de otras personas. La responsabilidad penal es sólo de ellos, pero hay otras que son compartidas por el Estado, la sociedad y hasta por los individuos. No estaría mal admitirlo. Por eso estas matanzas conmueven, pero a la vez también interpelan.

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